‘Nadie en esta tierra’, el arañazo del lobo

ARGUMENTO DESGLOSADO Y COMENTADO

Prólogo y Epílogo

La novela se inicia con el soliloquio de un personaje anónimo durante un día de lluvia:

No soy yo quien debería contar esta historia. Pero soy el que puede contarla. (pág. 11)

A partir de este planteamiento paradójico, el personaje, que se declara sin “nombre que vosotros podáis conocer”, interpela directamente al lector. Niega que sea un monstruo, solo que “sencillamente, las personas como yo existen”, afirma. Se trata de un sicario que se cruza en la vida de Julián Leal, el inspector de policía protagonista de la novela. Reconoce que Julián cambió el curso de los acontecimientos, tal y como debían haberse producido, puesto que “antes de conocerle, yo era quien era, lo aceptaba y no pretendía ser otra cosa”.
El personaje se siente, con el paso de los años, más débil, padece insomnio y siente inquietud ante su propio futuro.

A fin de cuentas, yo solo quería un velero, una casita en el islote de Margarita, la música de Bob Marley y el rostro de Clara sobre mi pecho, susurrándome que podemos cambiar. (pág. 14)

El Prólogo enlaza con el Epílogo, donde el mismo personaje anónimo finaliza la historia, con una desiderata que abarca a Julián, a Virginia (su compañera de trabajo en la policía), al Chinchilla y a su madre, la Lagarta, a Clara (que ha adoptado otro nombre: Laura Cervini) y a él mismo:

En cuanto a mí, no creo en los finales felices. Eso es una ventaja. Nada te decepciona ni te sorprende en exceso. (pág. 437)

Se plantea el debate ético con pragmatismo (o cinismo), como algo controlado realmente por las emociones:

Los debates éticos, la moral, la ley quedan en suspenso cuando nos arrebatan las emociones. (pág. 436)

Y manifiesta un determinismo de corte fatalista, al que cínicamente el personaje desea sustraerse:

Nos miraríamos y nos preguntaríamos si podemos ser otra cosa, si de verdad podemos elegir. Lo intentaríamos y quizá saliera bien. (pág. 437)

Nos hallamos ante un desenlace con toques de misterio y resonancias bíblicas que plantea un final abierto, pese al nihilismo trágico que impregna la narración y el eco de Albert Camus, perfectamente reconocible a lo largo de toda la novela. A diferencia de otras novelas de Víctor del Árbol el tono en Nadie en esta tierra es particularmente melancólico.
La ausencia absoluta de humor en la narración o en los personajes (caracterización, diálogos) acentúa más todavía la visión trágica de la existencia. Como novedad, Nadie en esta tierra nos presenta a un personaje anónimo, cuyas intervenciones marginales, que no participan del discurso del narrador omnisciente, muestran toques de cinismo e ironía. Son consideraciones en primera persona que salpican toda la novela. Esta nueva perspectiva relativiza el valor trágico de la historia, sin llegar a anularlo.
Finaliza el libro este personaje misterioso con una alusión bíblica, extraída del libro del profeta Isaías 52:6-8 en la nueva versión internacional:

                Quizá, entonces, conozcáis mi nombre. (pág. 438)

Se reproduce la fuente:

Por eso mi pueblo conocerá mi nombre
               y en aquel día sabrán
que yo soy quien dice:
    “¡Aquí estoy!”».

7 Qué hermosos son, sobre los montes,
                los pies del que trae buenas noticias,
del que proclama la paz,
    del que anuncia buenas noticias,
    del que proclama la salvación,
del que dice a Sión:
    «¡Tu Dios reina!».
8 ¡Escucha! Tus centinelas alzan la voz
    y juntos gritan de alegría,
porque ven con sus propios ojos
    que el Señor vuelve a Sión.

Estas resonancias se advierten también en su obra previa: El hijo del padre, cuyo título está cargado de reminiscencias bíblicas sobre las relaciones paterno-filiales, las maldiciones familiares y las relaciones cainitas. Es posible que su formación en un seminario influya en estas alusiones de índole religiosa.
En las novelas de Víctor del Árbol, los hijos a menudo cargan con las culpas de los padres. Ese fatalismo sobrevuela todas sus novelas. En ese aspecto se puede establecer una analogía con Cristo, redentor de la humanidad. Solo que en la obra de Víctor del Árbol no cabe ningún tipo de resurrección y solo el sentido de la justicia de unos pocos, dentro de un orden transgresor y tremendamente cruel, puede reequilibrar la balanza de lo que es justo, aunque se incurra en acciones ilegales, incluso reprobables moralmente. En momentos de máxima tensión prevalece el individualismo, la conciencia inherente a cada uno de los personajes, agentes activos en el discurso narrativo.
A falta de referentes sólidos, auténticos y de moral confiable, la sociedad carece de mecanismos para defenderse del mal y solo estos personajes, que prescinden de los procedimientos refrendados por la sociedad y el estado, pueden resarcir de algún modo a las víctimas. A diferencia de sus antagonistas, estos personajes parten de un desequilibrio inicial, de carencias, traumas y frustraciones que les impiden integrarse plenamente en la sociedad. Estas circunstancias vitales han desarrollado en ellos un particular sentido ético, propio y a menudo no compartido por el resto, una visión compasiva de la existencia, según la cual debe preservarse del maltrato y el abuso a los más débiles. Son héroes posmodernos al margen de la sociedad y eso los sitúa en una atalaya desde la cual observan la gravedad de lo que acontece a su alrededor con una inusitada claridad. Son valientes y plenamente conscientes del enfrentamiento que suscitan, aunque su sujeció a la ley no sea ejemplar. Pese a todo, asumen su destino, así como sus consecuencias, que a menudo son trágicas.
De este modo, la vida en su visión más trágica adquiere carta de naturaleza en las novelas de Víctor del Árbol. El ser humano está solo ante el mundo. Un individualismo de corte existencialista, tal y como lo planteara Albert Camus, subyace como rasgo de heroísmo posmoderno en todos sus protagonistas, no solamente en Nadie en esta tierra.
Víctor del Árbol formula un tipo de héroe contradictorio y atormentado, con sombras, que lucha contra el mundo porque de ese modo también asume su propia lucha interior, en busca de la salvación. Como Unamuno, la vida es una agonía, en el sentido etimológico del término, derivado del agón griego. La “agonía” se interpreta como una lucha a perpetuidad.
En cuanto al amor, no es garantía de felicidad o plenitud para los personajes de Víctor del Árbol. Es un sentimiento que zozobra con facilidad, que degenera y acaba por traicionar a los que implica, incluso en el seno de la familia. La amistad se presenta como una alternativa cuyo ligamen es más fiable, flexible y duradero.

Primera parte

Costa de Galicia, febrero de 2005

En primer lugar se nos presenta a Julián Leal, que vive en Barcelona y es inspector de policía. Está inhabilitado temporalmente por un turbio asunto en el que se ha visto implicado. Es un personaje torturado, con un carácter sombrío. En 2005 va a Galicia, donde tiene sus orígenes, aunque está aquejado de una grave enfermedad. Padece cáncer de riñón en un estado avanzado. Se alude a Clara, con la que intercambia mensajes.
También se citan los 5 amigos de la infancia: Fouliña y su hermana Susana, Carmen, Gregorio y él mismo. Visita su antigua casa, ahora en ruinas, tras el incendio sufrido cuando él tenía 11 años. En el siniestro murió su padre, Martín Leal Prieto. Su madre, Mª Luisa Pérez López, murió más tarde. Los nombres de ambos progenitores están inscritos en la lápida de una tumba.
[Desde el principio se intercala la voz del personaje anónimo, que “acota” el relato del narrador omnisciente. Aporta multiperspectivimo y un cierto fatalismo, al aludir a la figura paterna y al fatalismo de la existencia:]

Tú no eras como tu padre. Y tampoco como tu madre. No eras de los que abandona sin pelear. (pág. 24)

Se ofrece un planteamiento del protagonista muy típico en Víctor del Árbol y en buena parte de sus personajes. Son seres que viven al límite y que se enfrentan a la tragedia. Son héroes antiheroicos en un sentido tradicional, seres traumatizados en la infancia, desesperanzados, con un lado oscuro, pero que, pese a todo, plantan cara a la vida y poseen un sentido ético de la existencia muy particular. Esa ética es la que los empuja a tomar decisiones, a menudo controvertidas. Por todo ello, se sienten comprometidos con la realidad que viven y persiguen sus objetivos con auténtica desesperación. [En general, tras su toma de decisiones late un deseo personal de ajustar cuentas con el pasado, más que un estricto deseo de justicia.]
Con la llegada de Julián a la aldea, próxima a El Ferrol, algunos de sus habitantes se ponen nerviosos. Temen que este haya regresado para vengarse por lo que sucedió en su infancia. Sus amigos de antes ya no lo son. Carmen ha heredado el bar El Cerso, del que antes era propietario su padre. Conviene aclarar que Gregorio es un disminuido psíquico que se gana la vida con la venta ambulante de figurillas de búhos que talla él mismo. Se las compran por caridad.
[Recuerda a los pescaditos de oro del coronel Aureliano Buendía de Cien años de soledad y a los personajes de corazón puro, de algún modo impedidos, que poseen una capacidad visionaria, desconocida para los demás, como en el caso del sabio Tiresias, de la Antigüedad. El mito de la ceguera iluminadora de verdades.]

-El búho es un animal sagrado −dijo Gregorio tendiéndole la figurilla, que Fouliña examinó sin interés−. No solo sabe, sino que calla lo que sabe. Porque no todo puede ser conocido y, mucho menos, desvelado. (pág. 27)

Treinta años antos, 6 de noviembre de 1975
Se produce un salto temporal, una analepsis que nos sitúa en el año 1975. Se describe cómo una noche cuatro hombres, entre ellos Toño, íntimo amigo de Martín Leal, Horacio, el padre de Gregorio y otros dos, cuyas identidades no se aclaran, incendiaron la casa paterna. Aunque su padre intentó amedrentar y ahuyentar a los agresores, no lo logró y pereció entre las llamas.
Se produce un encuentro entre Fouliña y Julián en el pueblo, y a consecuencia de él Julián visita a su amigo y a su hermana Susana, a quienes no ve desde hace años. Fouliña y Susana, su mejor amiga en la infancia, viven juntos. Al verla en una silla de ruedas, advierte que se ha quedado paralítica. Esa noche Fouliña se ausenta y ambos tienen un encuentro erótico, descrito con gran sensibilidad.
Tres días después, alguien que paseaba a su perro por los alrededores de la aldea encuentra el cadáver de Carmen a medio enterrar.

Segunda parte

Barcelona, 2005

Julián viaja en autobús para visitar a Clara en la clínica privada de desintoxicación donde está ingresada. Es un lugar discreto a las afueras de Barcelona.
Clara tiene unos 30 años, es más bien pequeña, delgada, con el pelo castaño y atractiva. La conoció en una web de citas a instancias de Virgina. A partir de ahí entablaron una relación epistolar basada en el comentario de películas. Clara es periodista de profesión y cuando ejercía firmaba como Clara Fité (el apellido de la madre), pero desde hace dos años algo traumático que le ocurrió la ha postergado física y mentalmente. Por esa razón permanece en la clínica, recuperándose.
Todavía en la clínica, Julián recibe la llamada de su abogado, Raúl Fonseca, quien desea contactar con él desde su regreso a Barcelona. Este le comunica que “su caso” ha pasado al juzgado de Instrucción de lo Penal y que, por tanto, van a procesarlo. De momento está suspendido en la Policía, mientras Asuntos Internos investiga su caso. La resolución del tema es complicada, ya que Heredia, su jefe, tiene cuentas pendientes con él y va a intentar por todos los medios que lo inculpen.
El caso es que, tras 20 años de trabajo en la Policía con un expediente brillante, lo acusan de darle una paliza brutal a Restrepo, a consecuencia de la cual ahora permanece ingresado en la UCI, entre la vida y la muerte. Si Restrepo sobrevive, Julián deberá enfrentarse a una pena de 6 años de cárcel. Si fallece, lo acusarán de asesinato. Se desconoce por qué razón Julián se ha ensañado de ese modo con Restrepo. El personaje se reafirma en que hizo lo que debía hacer. [Nótese la diferencia: no lo “correcto”, sino lo que sintió que debía hacer, conforme a un imperativo ético personal.]
Fonseca aclara que lo asiste como abogado por amistad con su compañera, Virginia, a la que considera como a una hija. De otro modo, se negaría a representarlo.

Se menciona la nota que Julián recibió en su casa:

                USTEZ TIENE QUE ALLUDARLE POR FABOR. NADIE MAS PUEDE SAVERLO.

Tres meses antes, diciembre de 2004

Se presenta a Restrepo, un emprendedor de éxito, aparentemente dedicado a negocios legales, pero cuyas empresas no tienen actividad empresarial real. Se describe un laberinto de pantallas, filiales y flujos de ida y de vuelta en sociedades situadas en Liechtenstein, Malta, Luxemburgo, México y Andorra para el blanqueo de capitales. Se informa adicionalmente que tiene una pequeña nave industrial alquilada a nombre de terceros en las afueras de Vallgorguina. En esa nave Restrepo ha creado un plató de grabación, donde realizan películas pornográficas, más algunos encargos especiales dos o tres veces al año, a petición de clientes oro, investigados escrupulosamente antes de ser aceptados. Esas películas son celosamente clasificadas, codificadas y ocultadas. Es un negocio confidencial y muy rentable.
Restrepo está entusiasmado con su último proyecto, aunque le haya costado cumplir las expectativas del cliente.
Es domingo y se excusa ante su mujer por no acudir a una comida familiar en casa de su suegro, en la zona alta de Barcelona. Debe ir a la nave a llevar comida y agua al niño que mantiene encerrado en un cuartucho, a la espera de que llegue su momento.

Barcelona, marzo de 2005

Virginia está en su casa, entrenándose con el saco de boxeo. Su marido, Luis, quiere hablar con ella, pero Virginia se niega. La mujer ha descubierto que su marido mantiene una relación extraconyugal con otra mujer, llamada Olga.
A continuación, Virginia se dirige a la comisaría, donde la ha citado el comisario Heredia. Este le comenta que ha aparecido muerta Carmen Laín Ramos en una aldea de El Ferrol, coincidiendo con un viaje de Julián a Galicia. Heredia desea inculparlo a toda costa y ordena a la inspectora que tome declaración a Julián, aun conociendo sus lazos de amistad. Además, le asigna un nuevo compañero, un subinspector a punto de la jubilación, Soria. [Por ejemplo, en La víspera de casi todo también aparece un inspector, Germinal Ibarra, que acaba jubilándose, y en Un millón de gotas, Alcázar está en la misma situación.]
Con un uso de la simbología muy pertinente, la escena final muestra a Julián observando desde el coche al Chinchilla, un niño de los suburbios, chapoteando en un charco, hasta que aparece su madre, la Lagarta, y se lo lleva a pescozones. Julián siente ternura por ese niño. [La imagen es muy significativa, ya que el simbolismo del fango remite directamente a la condición socioeconómica en la que se mueve el Chinchilla y su familia, así como a su vulnerabilidad.]
Se interrumpe la vigilancia por la llamada de Virginia. Ante la premura y agitación de su antigua compañera, Julián y la inspectora se citan de inmediato. Se encuentran en la terraza de un bar, junto a Soria. La situación es tensa. Virginia le explica que Carmen ha aparecida muerta con las rodillas taladradas. Se habla del tráfico de estupefacientes que Carmen llevaba a cabo desde su bar El Cerso, heredado ya de su padre. Se especifica que Carmen había sido procesada dos veces y ambas había sido absuelta por falta de pruebas. Hay mucha acritud de Soria hacia Julián y antes de despedirse le comenta que un testigo vio cómo golpeaban a Carmen en plena calle y luego la metían en el maletero de un coche. Ese testigo es Gregorio, otro amigo de la infancia de Julián.
Cuando Julián regresa a su casa, lo recibe el olor a aguarrás y pintura de una acuarela a medio pintar. Alusión a sus aficiones artísticas, interrumpidas por los últimos acontecimientos.
La siguiente escena comienza con una paloma herida en la terraza de una cafetería en la plaza de la Virreina y una gaviota acechándola. Se presenta a Francisco, quien lee tranquilamente el periódico, sentado en una terraza. Ha leído el titular con el asesinato de Carmen Laín y entiende lo que ha sucedido. [La carga simbólica de la escena vuelve a ser muy potente. El fuerte agrede al débil. En el mundo hay depredadores y víctimas.
Se explica la vida de Francisco, su origen gallego, oriundo de la misma aldea que Julián, y su profesión como gestor en Barcelona. Ahora está prejubilado, tras sufrir un ictus. Estuvo casado con Remedios, quien se suicidó, y es padre de Clara. La mujer sufría depresiones y acabó por tirarse al patio de luces desde un sexto piso. Clara, adolescente con un comportamiento díscolo y rebelde por aquella época, acabó por descarrilar más aún, sin que Francisco, evadido con el trabajo y la lectura, pudiera evitarlo. Finalmente decide enviar a Clara a Madrid, para estudiar Periodismo. Eso la reencamina.
Se rememora cómo los años de convivencia de madre e hija se ven jalonados por un comportamiento impredecible de Remedios, en el que se alternan las efusiones amorosas desmedidas con un trato denigrante hacia la niña.
Se explicita que cuando Clara se marcha a Madrid el barrio descansa. La gravedad de sus actos de rebeldía tiene una progresión peligrosa y alcanza el carácter delictivo. La última vez la descubrieron traficando con benzodiacepinas.
Francisco es un personaje marcado por un rasgo de personalidad que, tanto Remedios como Claro, le reprochan: la cobardía. Es un ser que generalmente ha eludido las tragedias a través de la evasión. [Esos antecedentes y su propio arrepentimiento lo empujarán a un acto de heroísmo por amor hacia su hija, una decisión extrema que le costará la vida.]
También se presenta a Waldo, un librero amigo de Francisco. Conversan sobre un secreto relacionado con Galicia. El antiguo gestor le explica que Carmen ha muerto. Waldo lo conmina a ir a la policía, pero aquel responde que no puede. Entonces Francisco pide a su amigo que le guarde una copia de la llave de su casa, que en tres días entre, se quede con la biblioteca y que luego la venda.
Escena en la clínica de desintoxicación. Francisco habla con la doctora Andrea, directora del centro. Quiere ver a Clara, aunque los intentos previos por entrevistarse con su hija no hayan funcionado hasta el momento. Andrea se lo desaconseja. Considera que la joven está progresando positivamente y teme una recaída. No obstante, Francisco insiste en que debe ver a Clara al día siguiente. Finalmente se entrevistan y este entrega a su hija un sobre diciéndole: “es lo único que puedo hacer ya por ti”.
Al cabo de unos días, Francisco recibe la visita de un hombre “de ojos oscuros” que le pide algo, bajo amenaza de muerte. Sin embargo, Francisco experimenta por fin la liberación. Antes de morir, el sicario, compasivo, le promete que no lastimará a su hija. [Pese a la crueldad e impunidad con que perpetra sus crímenes, el sicario tiene palabra. Un cierto código del honor preside sus acciones y comportamientos, como se demostrará al final del libro.]

Tercera parte

Galicia, verano de 1969

Gregorio es un niño de 10 años en la aldea gallega de la novela, que le lleva la comida en un zurrón a su padre pastor, Horacio, un personaje caracterizado por su brutalidad. Por el camino el niño se cae y la comida se derrama. Eso enfurece a su padre, que empieza a pegarle. Sucede en el límite de las tierras del Barón con las de Martín Leal. Este, que lo ve, intenta detenerlo. Discuten y Martín echa de su finca a Horacio. La pelea sube de tono al aludir al pasado militar de Martín, ya que este fue sargento con el ejército franquista. Como respuesta, Martín acusa a Horacio de contrabandista, de escoria. El momento álgido es cuando Martín coge un cordero y lo deja caer a un precipicio. “Así pasen mil años, te juro que nunca voy a olvidar esto”, responde Horacio. Gregorio, creyendo que el cordero continuaba con vida, baja a buscarlo, resbala entre las rocas y se golpea en la cabeza. El impacto le causa una lesión cerebral de la que nunca se recuperará.

Costa Ártabra, El Ferrol, marzo de 2005

Fouliña y Susana esconden a Gregorio. Ya se ha propagado la noticia de que ha sido testigo del secuestro de Carmen Laín.

Barcelona, marzo de 2005

En la morgue, Virginia y Soria hablan con el forense sobre la muerte de Francisco Robles Romero, padre de Clara. Le han infligido torturas muy dolorosas antes de asesinarlo. Deciden ir a hablar con Clara Fité (cuyo primer apellido es el de la madre). Restrepo sigue en el hospital.
Comentan algo que sucedió en Vitoria cuando Julián era agente de información y Heredia su jefe de grupo. Está relacionado con ETA y eso fue lo que los enemistó..
En la visita a la clínica de desintoxicación no sacan nada en claro. Solo que Francisco fue a despedirse de su hija, según intuyó Clara. Interrogan a la Dra. Andrea acerca de quién se hace cargo del pago de las facturas de la clínica y sobre las visitas que la interna recibe. La Dra. Andrea responde que ella no es contable y afirma que, aparte de su padre, solo ha ido a verla alguien llamado Julián.
Clara llora y recuerda el sobre sin abrir que su padre le dejó seis días atrás.

Barcelona ciudad, aquella misma tarde

Julián sigue vigilando al Chinchilla. Virginia, nerviosa por los acontecimientos, empieza a tener dudas sobre la inocencia de Julián. Se citan en el bar del Palau de la Música, “su lugar de las confesiones”.
Hablan de sus vidas privadas. Virginia se ha separado de su marido, pero lo echa de menos. El avance del carcinoma de células renales que afecta a Julián es imparable. El silencio de este exaspera a Virginia. Recuerdan cuando este apareció en casa de Virginia, lleno de sangre, después de haber apaleado a Restrepo. Aun así, Julián no le confía a Virginia sus razones ni toda la información de la que dispone. Sin embargo, Julián pide a su compañera que confíe ciegamente en él. Virginia encuentra demasiados nexos entre las víctimas y Julián.
El personaje anónimo hace acto de presencia. Su próximo objetivo es Clara. Sueña con un velero mientras reflexiona sobre su propio trabajo como sicario.

Barcelona, dos años antes

Francisco va a un club nocturno en busca de droga para su hija. A continuación, habla con ella y le propone ingresar en una clínica privada. Ella acepta de mala gana. Para pagarla Francisco viaja a Galicia y se entrevista con Carmen Laín. En el encuentro entre ambos acepta traficar con droga para conseguir el dinero suficiente y subvencionar la estancia de Clara en la clínica.
Intervención del sicario de ojos oscuros. Comienza su alocución con la palabra “paradoja” refiriéndose a la situación de Clara y a la manera en que su padre consigue la financiación para su proceso de desintoxicación.

Clínica de desintoxicación, provincia de Barcelona, marzo de 2005

Clara ha abierto el sobre. Contiene una carta de su padre y una llave. Decide abandonar la clínica.

Cuarta parte

Barcelona, abril de 2005

Narra la historia del Chinchilla y su madre. La Lagarta lo tuvo con 16 años. Su padre tenía 17. Aunque quiso responsabilizarse de él no pudo. Emigró a Francia para encontrar trabajo y murió al poco tiempo atropellado por un camión. Su abuela Charo desea hacer justicia a su nieto. Por eso le ha enviado una nota a Julián. Cuando el inspector intenta acercarse al niño, este se asusta y escapa.
El comisario Heredia visita en el hospital a Restrepo. Se encuentra con la mujer del enfermo, que clama justicia. Recuerda el año 1979, cuando trabajaba en Vitoria y ETA estaba en activo. Allí, en 1985 conoció a Julián, en quien creyó inicialmente tener un aliado, ya que su padre fue un militar condecorado en la Guerra Civil.
A finales de los ochenta un confidente heroinómano de la policía murió al ser arrojado por una ventana. Julián investigó el caso y este llegó a Asuntos Internos. Aunque la denuncia no prosperó, Heredia se vio en un serio compromiso. Desde entonces le guarda rencor y piensa en cazarlo porque “todo héroe tiene su debilidad”.
El comisario Heredia ambiciona un ascenso: “Un mes, Heredia, y serás uno más en la fraternidad de los intocables”, ese es su pensamiento.
Cambio de escenario. Virginia y Soria. La compañera de Julián está muy afectada por su separación. Investigan la muerte de Francisco. Interrogan a Waldo, el librero, pero no obtienen ninguna información de él. Cuando los policías se marchan, Clara sale de su escondrijo en la librería y, con la llave que había dentro del sobre que su padre le confió, abre la caja fuerte de Waldo. En ella hay tres paquetes envueltos como ladrillos que la tientan, dos pasaportes y varios fajos de euros y dólares, más un cuaderno de tapas negras.
Nueva intervención del personaje anónimo. Relata el esfuerzo que tuvo que hacer Clara para no quedarse con la “mercancía”. De modo indirecto se alude a su naturaleza estupefaciente.

Ciudad de México, tres años antes, julio de 2002

Se presenta a Clara en México, mientras investiga para un reportaje periodístico y fotográfico sobre el tráfico de drogas en el país. Su intrusismo, junto a su insistencia, molesta a las mafias locales. Le tienden una trampa y la secuestran. Durante muchos días la retienen, la golpean, la drogan y la violan repetidamente hasta que la liberan. Para entonces la han convertido en una adicta. Al verse libre, compra un billete de avión y regresa a Barcelona, con su padre.

Barcelona, abril de 2005

Julián se entrevista con Charo.
Heredia habla con el Blusas. Lo conmina para que su suegra calle, puesto que saben que Julián se está inmiscuyendo. Poco después el cuerpo de Charo aparece en un descampado. El Blusas y el Chinchilla desaparecen del poblado de chabolas.
Cambio de escenario. Comisaría. Heredia habla con Soria. Le pregunta por la investigación sobre el asesinato de Francisco Robles. Soria lo pone al día, pero lo que pretende Heredia es inculpar a Julián. Soria empieza a sospechar que hay algo malsano en el interés del comisario.

Costa del cabo Prior, El Ferrol, abril de 2005

Explican que Fouliña, en conversación con su hermana Susana, mató a Gregorio.

Barcelona, abril de 2005

Julián se entrevista con la Lagarta mientras se está prostituyendo con un cliente. Los interrumpe y esta le cuenta que el Blusas la obligó a vender a su hijo.
Se describe la infancia y la juventud de Irene, alias “la Lagarta”. En diálogo con Julián, la mujer le cuenta cómo todo comenzó después de un documental sobre las barracas en Barcelona. A raíz de ello recibieron la visita de un candidato político y su comitiva. Alguien de la comitiva vio al Chinchilla y se interesó por él. Poco después Restrepo fue a pedírselo a la Lagarta. Julián la advierte de que el Blusas matará a su hijo si no coopera con él.
[Alusiones a lo largo de la novela sobre escenas fugaces del vídeo grabado en el que aparecen el Chinchilla y un personaje con una careta de lobo. Es la película de la violación del niño. La careta de lobo actúa como potente metáfora del personaje.]
En la siguiente escena hay una analepsis. Se rememora el momento en que Julián secuestra a Restrepo y cómo este se niega a decirle quién le encargó conseguir al Chinchilla. Se mantiene el enigma porque hay una elipsis. A continuación se describe a Julián camino de la casa de Verónica con las manos manchadas de sangre.

Hotel de Las Letras, Gran Vía de Madrid, abril de 2005

Se presenta a un nuevo personaje, el Magistrado charlando con Heredia, quien insta al comisario para que solucione el inconveniente que le supone la investigación de Julián Leal. [No se explican su profesión o actividades, pero se caracteriza como un ser todopoderoso y perverso. El lector asocia sin género de duda que este es el personaje que porta la máscara de lobo en el momento de la violación del menor.]
Cambio de escena: Luis y Virginia amanecen juntos en una habitación de hotel. Virginia, sola y deprimida, ha pasado la noche con su exmarido. Reflexiona y decide que su actitud es errónea, porque lo mejor es divorciarse.
Soria llama a Virginia y le anuncia que el testigo del secuestro de Carmen Laín, Gregorio, ha aparecido muerto, según han informado desde la comisaría de El Ferrol.

Barrio de la Barceloneta, unas horas antes

Julián va a la escollera del barrio de la Barceloneta a pescar y rememora su infancia y juventud con su tía Milagros. Tras la muerte de su padre, su madre, que lo culpa de la desgracia acaecida, del fallecimiento de su marido, no soporta verlo y lo envía a Barcelona con su tía. [Se aborda aquí el tema de los niños abusados y de cómo siendo víctimas, sus familias y su entorno pueden llegar a culpabilizarlos y estigmatizarlos. El abandono maternal, sea por defunción o dejación de funciones, es un tema recurrente en las novelas de Víctor del Árbol.]
Clara se reúne con Julián en la sierra de Las Gavarras, en un lugar donde veraneaba con su familia de niña. Allí le enseña lo que ha descubierto en la caja fuerte de la librería de Waldo y le pide consejo y ayuda.
Se intercala en el relato la voz anónima que opina acerca de Julián y su omisión de información. Según este personaje, debería haberle confesado a Clara que conocía a Francisco, su padre, y también debería haberle explicado que él fue uno de los cuatro responsables del incendio de la casa de Julián, siendo él niño.
Clara entrega a Julián el cuaderno de las tapas negras, en el que hay anotaciones con fechas, nombres, lugares, entregas, pagos, sobornos, etc. El resto, los paquetes, la documentación y el dinero, se lo queda la joven. Julián recomienda a Clara que huya lejos con una de las identidades que su padre le ha proporcionado.
Cuando Julián vuelve a casa de madrugada, se encuentra a Virginia, muy indignada: lo está esperando para acusarlo del asesinato de Carmen Laín, Francisco Robles y Gregorio Sanjuán.

Juzgados de lo Penal, tres días después, abril de 2005

La jueza que lleva el caso decreta prisión provisional para Julián. El fiscal presenta como probable móvil el expediente del padre de Julián, en el que consta el incendio de su casa cuando tenía 11 años. Se lo considera un posible homicida por venganza. Literalmente: “El comisario estaba exultante” (pág. 290).

Quinta parte

Madrid – Barcelona, mayo de 2005

Comienza el juicio de Julián y Virginia se cuestiona sus decisiones.

Y estaba sola. (…) Embarcada en ese absurdo huir hacia delante, no se había dado cuenta de que los estaba perdiendo a todos ellos, de que se alejaban cada vez más. Al final, Luis se había atrevido a buscar fuera el frenesí que necesitaba, Julián se pudría en una celda y sus hijas la miraban como si fuera una desconocida. (pág. 297)

Soria le confirma que fue Heredia quien le proporcionó el expediente del padre de Julián y la inspectora empieza a sospechar que hay algo turbio, más allá de los rencores del pasado, para el encono que demuestra el comisario hacia Julián. Soria le recomienda que lo deje estar si quiere evitar problemas. La respuesta de Virginia es. [El tema de la ética, más allá de lo estrictamente legal, sale a relucir]:

−Se supone que por eso nos hicimos policías ¿no? Para meternos en problemas. (p. 299)

Centro penitenciario de Quatre Camins, Barcelona, mayo de 2005

Virginia visita a Julián, recluido en el penal de Quatre Camins. Este le cuenta todo lo que sabe, incluida la existencia del cuaderno negro y la advierte del peligro que corre. Debe guardar absoluto secreto. Ella le asegura que lo sacará de prisión.
La voz anónima, como si se tratara de la conciencia de Julián, lo acusa de no haberle explicado a Virginia sus verdaderas motivaciones, aquellas que tienen que ver con al infancia del inspector.

Barcelona, mayo de 2005

Un cliente merodea por la librería de Waldo. Busca algo, pero Waldo no se lo da. Es el hombre de ojos oscuros. Prende fuego al local y Waldo muere.

El personaje anónimo opina sobre la tristeza de Virginia, sobre su bonita casa:

                Bonitos adosados, donde vive la gente que lo tiene todo en orden.

Cerca de la frontera con Francia, mayo de 2005

En su huida hacia el extranjero, Clara es interceptada por el hombre de los ojos oscuros. Mientras conduce por la carretera, este la arrincona en la calzada y provoca un accidente de tráfico, la saca del vehículo y la secuestra cerca de La Junquera. La lleva a una masía apartada y allí la retiene. La interroga para que le diga dónde está el cuaderno negro, pero ella ya no lo tiene. La amenaza con inyectarle droga, pero por una extraña empatía o sentimiento compasivo no lo hace.

Barcelona, mayo de 2005

Virginia come con su padre, un rico empresario, en un restaurante. Le pide dinero para pagar la fianza de Julián. El padre se lo concede con una condición que en ese momento no se especifica.
Soria y Virginia recogen a Julián a la salida de la cárcel y por el camino lo ponen al día. Soria ha investigado. Han recibido información acerca de un accidente provocado por un BMW azul en las proximidades de La Junquera. Lo conducía un hombre alto, delgado, moreno y trajeado. El coche habría empujado fuera de la carretera un todoterreno blanco conducido por una mujer joven, cuya identificación coincidía con Clara. El vehículo de la mujer era de alquiler, a nombre de Laura Cervini. El siniestro habría sido provocado exprofeso para secuestrar a Clara.
Intervención del personaje anónimo, quien explica su debilidad por Clara:

¿Cómo supe que Clara lo complicaría todo? (…) Retiré la jeringuilla. No lo debería haber hecho. Eso te da esperanzas y no deberías tenerlas. Mejor yo que otro, Clara. Los que vendrán después son como robots, ya lo verás. Ellos nunca fallan, ni titubean ni se inventan excusas para evitar hacer lo que debe ser hecho. (pág. 330)

Hospital del Valle Hebrón, Barcelona, mayo de 2005

Julián habla con su oncólogo en el hospital del Valle Hebrón. Su cáncer está en fase II y en el plazo de dos semanas debería operarse. Como Restrepo está ingresado en la UCI del mismo hospital, va a verlo, aunque no sirve de nada. A continuación, envía un mensaje a Clara informando de que él tiene la agenda. Sabe que han saboteado el ordenador de Clara y que su secuestrador leerá el mensaje. Lo cita en la curva de Miramar al día siguiente a las 22:30 h.
Después de algunas dudas llama a Virginia y la invita a cenar en el Mirablau. Por primera vez ambos mantienen relaciones sexuales. Julián le cuenta que ha programado una cita con el secuestrador para el día siguiente. Virginia le pregunta por qué ese caso es tan importante y él le confiesa que tiene un secreto, relacionado con el expediente que Heredia filtró.

El Ferrol, 1970-1975

Se explica cuándo empezaron los abusos de Julián, a la edad de 6 años. Desde entonces y hasta los 11, Julián calló hasta que un día le confió el secreto a Susana. Esta se lo contó a la familia de Julián y Martín Leal, enfurecido y fuera de sí, denunció en el cuartel de la Guardia Civil de Santiago de Compostela el contrabando que Toño y el resto tenían organizado en la aldea. La madrugada del 4 de noviembre de 1975 la Guardia Civil abordó a los contrabandistas en la costa, pero la mala mar y un tiro perdido desencadenó la reacción de los agentes. Muchos se ahogaron y los cuerpos aparecieron por la mañana en la playa. La tragedia marcaría la aldea para siempre.
Como venganza, poco después, la casa ardía en llamas.

Cerca de la frontera con Francia, mayo de 2005

Clara está secuestrada y el hombre de los ojos oscuro experimenta sensaciones nuevas. Se enamora de ella. Convocado por Julián, acude a la cita para que le entregue la agenda. Al salir, deja la puerta abierta para que Clara pueda escapar. Lo primero que experimenta la joven es un bloqueo que le impide moverse.
Soliloquio de la voz anónima, que habla sobre las consecuencias del sometimiento:

Yo te lo diré. Hay monstruos que te paralizan, haciéndote creer que conservan algo humano. Su mirada y su voz te adormecen, y su sonrisa permanente te remata. No puede haber nadie más peligroso, porque, temiéndole, deseas quererle, acercarte más y más, consumirte, fundirte en su nada.

Corre, Clara. Corre, mientras puedas. Huye de mí.

Julián y el personaje anónimo se encuentran. Hacen un trato: Julián le entregará la agenda que busca a cambio de que este averigüe algo que él necesita.

Delta del Llobregat dos días después

El encargo que Julián había hecho al hombre de los ojos oscuros era encontrar al Blusas, que se refugia en el Delta del Llobregat. Desea la grabación original, la prueba fehaciente que puede inculpar al Magistrado. El sicario obtiene la información después de pegarle un tiro en la pierna al Blusas y cortarle el dedo meñique. Cuando ha obtenido de él lo que quiere, lo remata con un tiro en la coronilla. No le merece ninguna compasión.

Barrio de la Barceloneta esa misma noche

Encuentro entre Julián y el sicario. Este va a verlo por la noche a su piso de la Barceloneta.
Reflexiona en primera persona: se rebela contra la pederastia que existe “en lo alto de la pirámide”. Reconoce que él y otros tantos también son cómplices:

De algún modo, barriendo la mierda que otros dejan, soy tan culpable como ellos, formo parte del engranaje. (pág. 379)                                                                                                   

El personaje, dotado de una gran perspicacia, comprende que la implicación de Julián con el caso se debe a que él, de niño, fue víctima de abusos.
Acto seguido, Julián le da la agenda y una llave que abre una consigna del aeropuerto. Le asegura que nadie lo detendrá cuando vaya a buscar lo que contine. Cierran el trato, “como dos personajes decimonónicos”. El sicario le entrega el CD y lo obsequia con información adicional, que ha logrado sonsacarle al Blusas.

Can Tunis, zona portuaria, Barcelona, mayo de 2005

Virginia y Soria vigilan Can Tunis. Virginia está muy molesta porque el dispositivo que debía capturar al sicario en la T1 del aeropuerto, conforme a las indicaciones de Julián, había fracasado. Las cámaras detectaron la presencia del hombre en la T2 una hora después de que la policía se hubiera marchado. Virginia era consciente de que Julián había jugado con ella a cambio de algo.
Los dos compañeros montan guardia alrededor de un edificio abandonado, donde Antonio Cantero (tío del Blusas) es la ley. Está en un estado ruinoso, ocupado por jóvenes drogadictos. Allí encuentran al Chinchilla, escondido. Después de enfrentarse a sicarios de Cantero, consiguen escapar con el niño.
A continuación, Heredia abronca a Virginia y a Soria. Virginia declara entonces que ha pedido una solicitud de excedencia de la policía. Soria demuestra admiración por su jefa. [Es la condición que su padre le ha impuesto para pagar la fianza de Julián.]

Madrid – Barcelona, dos semanas después, junio de 2005

Entrevista de Heredia con el Magistrado. Este decide apartar a Heredia, ya que no es de utilidad para sus intereses. Las cosas no han ido como estaba previsto. Antes de llegar a su casa, en una urbanización con vigilante que ese día, precisamente, no está en la garita, Heredia ve acercarse a una pareja desconocida. Lo tirotean dentro del coche.
En la UCI del hospital Valle Hebrón Restrepo muere poco después. Se insinúa que por orden del Magistrado alguien disfrazado de médico se ha encargado de acabar con él para no dejar rastros.

Barrio de la Barceloneta, una semana después, junio de 2005

Julián está pescando y llega Virginia. En el ámbito personal Virginia le comenta que va a divorciarse y que sus hijas la odian. Respecto al caso, se refiere al asesinato de Heredia y Restrepo en el hospital. Julián se interesa por el Chinchilla y Virginia lo insta a que vaya a verlo.
Julián va al hogar refugio de la DGAIA, un lugar rodeado de bosques, donde visita a Javier (ya no quiere que lo llamen más “Chinchilla”). Allí podrá ir a verlo dos veces por semana su madre, con la presencia de un psicólogo.
Aquella noche, al ir hacia casa, Julián es interceptado por un par de hombres que lo obligan a acompañarlo en su coche. Lo conducen hasta el Magistrado. Este intenta intimidarlo, amenazando a Virginia y a Javier. Le ofrece, a cambio de su silencio, la oportunidad de seguir con vida: un trasplante urgente de riñón y el mejor oncólogo para que lo atienda.
Dos días después estalla la noticia y la Fiscalía General del Estado abre una investigación. Aquella misma tarde encuentran un donante compatible para Julián. El Magistrado se da cuenta de que Julián no ha cumplido el trato. Se abre un espacio de duda razonable en el que no se sabe si el Magistrado dará órdenes contra Julián.

El Ferrol, tres días después

Julián detiene a Fouliña. Se descubre que su hermana y él también traficaban y fue este quien asesinó a Gregorio. Susana era la que movía los hilos y, al ver que habían descubierto que robaba al narcotraficante que los proveía, decidió sacrificar a Carmen y delatarla.
La intervención final de Julián recoge el espíritu de esta novela:

−Tú lo has dicho antes. Vivir en el pasado es una enfermedad. Ya es hora de que se esparzan para siempre las cenizas. (pág. 424)

Barcelona, un día antes de la operación de Julián Leal, junio de 2005
Julián visita a Soria, que vive en un piso anticuado y humilde con un gato viejo y tuerto. Soria le muestra su tablero de reproducciones de batallas en miniatura. Por su parte, Julián le explica que él antes pintaba acuarelas, marinas.
Julián pide ayuda a Soria y este, de entrada, se niega. Luego, tras reconocer en él a un buen profesional, le enseña algo. A continuación, Soria va a la cafetería del hotel Plaza y detiene al Magistrado. Simultáneamente, Julián entra en quirófano.
La siguiente escena es la de Clara, refugiada en Italia bajo el nombre de Laura Cervini. Fotografía a personas en distintas actitudes. Decide escribir a Julián por última vez, aunque hubieran acordado no volver a escribirse ni verse nunca. Sus frases finales suscriben las que Julián le espeta a Susana en su último encuentro:

Ya hemos vivido demasiado tiempo en la memoria. ¿No te parece? Tal vez sea hora de vivir ahora en lo desconocido. (pág. 432)

“Lo desconocido” para Clara tiene los ojos oscuros y un halo misterioso que añora. El libro se cierra con un cierto romanticismo que, cínicamente, confirmará el Epílogo.

Vídeo gentileza de El Laberinto de Ariadna, en su sesión realizada el 20/10/2023, bajo el título “Nadie en esta tierra de Víctor del Árbol”.