“Mi corazón mordido por tus labios”, un solo de saxo

Hoy tengo el enorme placer de anunciar la publicación de mi primer libro, un poemario titulado Mi corazón mordido por tus labios, editado en La Marca Negra Ediciones, unos bucaneros literarios maravillosos.

Si una balada de jazz pudiera hablarnos, si fuéramos capaces de reconstruir el desgarrador sonido del saxo con palabras, me estarías leyendo.

Sensual, inclasificable, alucinado por momentos, tu corazón también será mordido por mis labios.

Solo déjate llevar…

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Una mariposa en la Isla de la Muerte

Y siguiendo con El club del tigre blanco, otro fragmento, que abre muchas incógnitas. El ambiente es sensual, y se impregna del calor de la escena, hasta embotar nuestros sentidos. Los secretos son demasiados, y la novela los preserva como una madre amorosa, hasta el final de la novela.

Una mariposa en la Isla de los Muertos

Azucena, apenas la conozco. Se ha sentado en primera fila, junto a Crocodile. No podía disimular. Quizás no sabe. Los occidentales son así. Asombro, expectación, incontinencia. Todo es nuevo, diferente. Tal vez el ritual la ha conmocionado. Su cultura, tan distinta… Les fascina lo exótico. Al principio a mí también me pasaba con los Hermanos de la Luz. Pertenecer a las Mariposas… O tal vez sea la proximidad al monstruo de Bali. Es guapa. Seguro que Crocodile se las ha ingeniado para caer a su lado. Crocodile siempre se las apaña. ¿Qué mujer en su sano jucio buscaría voluntariamente su compañía?  

(Una sonrisa no exenta de tristeza se le dibuja en la cara.) 

El templo lleno de túnicas blancas con orla azafrán. El triunfo de Pakpao. Todos allí: unos en primera línea, en la ceremonia de mi Designación; otros, en los sótanos, recibiendo lo que les corresponde. Es mi agradecimiento en pago a tantos servicios prestados. Podría ser el texto de alguna placa conmemorativa, si tuviera la intención de concedérsela a uno de los dos, a Graham o al Fantasma. O a ambos: “Por tantos años de amistad. Os quiere…” 

La entrada de Chimery ha ido acompañada de cánticos y de una lluvia de pétalos de flor de loto, lanzados por Mariposas en pie, tan hermosas junto al pasillo de entrada. Así los pasos del Reluciente han quedado jalonados por las flores. Al llegar a mí, me ha encontrado postrada ante el dios Tara, a la espera de oír su voz. A la señal convenida, siempre reconfortante, y entonces he alzado el rostro. 

He comprobado, una vez más, su magnetismo, el poder que dimana de esos ojos penetrantes y oscuros. Aún más penetrantes, todavía más ocuros en el espacio sombrío del templo. Ha pronunciado unas palabras del Libro Sagrado y a continuación ha recitado las oraciones de Designación, coreadas por los fieles. Mi actitud de venerable respeto no ha variado. He continuado de rodillas, suplicando con fervor que el buen karma no me abandone, ni en ese momento ni en los siguientes. Ya nunca más. 

Me ha tendido su mano y me he levantado. He dado comienzo a la plegaria en compañía de Chimery. Todos se han sumado, en un fervoroso bisbiseo. Un susurro de rezos con el poder sobrehumano de la determinación. Al terminar, Chimery me ha desanudado el lazo que mantenía mi túnica sujeta al hombro, de manera que se ha escurrido hasta el suelo. Mi actitud es una ostentación de obediencia suprema. Me he quedado desnuda sobre mis altas plataformas doradas en forma de sandalias, quieta, muy quieta. En mis pies, todos los colores del universo. Cada tira, diferente y complementaria, la exaltación de la diversidad del mundo, todo luz y esplendor. Con presteza, una mariposa ha recogido la túnica blanca, descartada en ese momento como la piel de una crisálida. Yo, la elegida hoy, llamada a renacer entre los Seguidores de la Luz de Himmapán. 

La desnudez de mi piel ha sido compensada con el dibujo minucioso que las Mariposas han trazado sobre mi cuerpo, exultante de color. Han hecho un buen trabajo. Fastuoso, pura filigrana ejecutada con delicadeza. El resultado, una mariposa de poderosa belleza. El verde esmeralda realzado con polvos de malaquita, el bermellón espolvoreado, el azul intenso difuminado sobre mis brazos-alas. Todos me han podido admirar, a mí, la Suma Sacerdotisa con pezones de oro y pubis en forma de cabeza de mariposa. En ese instante se ha producido la conversión. Formo parte indisoluble de un fetiche sagrado y, por esa razón, mi salvación está asegurada, al recibir el don, al emerger entre el lapislázuli y el azabache. 

Hasta Crocodile parecía absorto. Mi cuerpo, por una vez, ha sido expositor y receptáculo de tanta majestad. De golpe he sentido que muchas cosas han cambiado en mi vida. Azucena ha mirado fijamente con la boca abierta, sin pronunciar palabra. Aún tenemos que hablar. Hay asuntos importantes que tratar… Pero he logrado no distraerme en vanalidades. La atención no debe desviarse de lo que de verdad importa. 

De manos del maestro de ceremonias, discretamente apartado en un rincón, Chimery ha escogido la túnica negra, la que se utiliza para investir con el máximo rango a los elegidos entre los Seguidores. Ha extendido completamente los brazos para que la magnificencia del gesto sea apreciada por todos y me ha cubierto con ella. El frescor de su contacto me ha reconfortado. El bochorno de la noche es asfixiante. He temido que el sudor deje marcas infames en la pintura, tan delicada, que cubre mi cuerpo. Pero no. Todo está sabiamente calculado. Con la cobertura de la túnica mi miedo desaparece. Eso me ha tranquilizado. Sería la peor ignominia para una Suma Sacerdotisa. Es cierto que lo que se escamotea a los ojos también se oculta al corazón. Y a todos aquellos corazones anhelantes lo último que hubiera querido es decepcionarlos. Ellos hacían suyo un momento que también era mío, lo más preciado que había tenido nunca. Desde ese instante se habían convertido en parte de mi vida y de mi alma.  

Los he bendecido con un amplio gesto de los brazos y se ha iniciado una larga oración. La postura de cabezas gachas, mirando al suelo, apoyada la barbilla sobre ambas manos cruzadas a la altura del esternón, ha sido el homenaje que toda mi estirpe desgraciada necesitaba. No honraban a la Suma Sacerdotisa. A quien realmente estaban venerando era a mis ancestros, a mi ba, a mi hijo, muerto de un modo tan poco digno. Si eso era posible, ensalzaban mi karma, y yo esperaba que fuera lo suficiente como para rescatar en un último acto desesperado a todos mis antepasados. Hacer que las muertes absurdas que les han abocado al desastre eterno, no sean inútiles. Sabía con dolorosa convicción que la primera culpa había sido la mía. Me había convertido en la Eva del pecado original bíblico, que tanto repetía Graham. Y de ese discurso reiterativo, constante, creo que proviene en buena parte mi desgracia, Pip.  

Chimery ha hecho el gesto inequívoco de fin de ceremonia. Todos han levantado la cabeza y le han mirado. Sin proferir palabra nuestro líder ha iniciado su camino hacia la salida. Nunca antes de él había podido contemplar un porte como el suyo, tan enérgico y lleno de dignidad. Le he seguido a cierta distancia. Es el protocolo. Afuera, el calor de la noche se ha espesado, pero no más que en el templo. Tras las plegarias llegaría el fuego. Hijo mío, ya no habría marcha atrás.  

Pip, el hijo que no tuve, a pesar de haberlo traído al mundo, debe ser incinerado. Ya ni lágrimas tengo. “Que nadie llore, que no se lamente su muerte”, he pensado. Como en una representación teatral, se ha bajado el telón, para iniciar acto seguido una nueva obra. Diferente, mejor. He llegado a rezar tanto… Mi hijo tendrá otra oportunidad en esta vida. 

Además, las Mariposas de la Luz no lloran. Chimery nos lo decía continuamente. Aman, hacen sentir la dicha de la vida y el placer. Esa es nuestra función. Y yo soy una Mariposa magnífica. Ni siquiera sé llorar. 

Pip, nadie ha derramado una sola lágrima por ti. Solo arderás, por fin, en la noche más hermosa de la Isla de los Muertos. 

‘El club del tigre blanco’ y los braceros birmanos

Con el tiempo comprendería cómo los braceros birmanos soportaban aquellas interminables jornadas de trabajo y cómo, pese a todo, no caían desfallecidos bajo el calor sofocante, irrespirable y húmedo de los arrozales. Eran las cápsulas de ya ba que los malayos les proporcionaban las que atenuaban aquellos rigores, el origen oculto de su fortaleza extra.

Poco me falta ya para llegar a ser Pip. Mi abuelo me vería partir junto al Misionero sin conseguir disimular un rictus de amargura. Creo que por su mente no paraban de danzar, como en una pesadilla, ciertas pastillitas rojas. Solo le faltaba haberles dibujado cuernos y un rabo. Ojalá se hubiera tomado un par… Así hubiera sonreído un poco, que buena falta le hacía. Al fin y al cabo, ¡qué daño hacían los malayos a los birmanos ni a mi abuelo! Al ingerir el ya ba los trabajadores solo se volvían más productivos y también un poco más felices…

En fin, que como mi ta no tenía ni una pizca de humor y yo, ante sus ojos, menos credibilidad que un pirómano con una caja de cerillas, se tragó la bola del Misionero a pies juntillas, sin dignarse preguntar al interesado, y: “Niño, si te he visto no me acuerdo.”

Nunca llegué a conocer a mi madre, jamás me pregunté por la existencia de mi padre ni me importó, pero lo de perder a mi abuelo y dejar atrás, así, de golpe, mi infancia, mi paraíso de libertad, era demasiado incluso para mí.

Ahora que estoy a punto de irme me gustaría pensar que volveré a reencontrarme con él, con mi ta, donde quiera que esté, y espero que sea en algún lugar nuevo, en el que los niños no puedan ahogarse en los manglares ni traficar con drogas.

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Mis microrrelatos más infames, en ‘Clarín’

Con mi selección de microrrelatos, titulada Breves infamias, paso a formar parte de la familia de la revista Clarín, en su sección de “Ficciones”, una proeza que hasta hace muy poco había creído imposible. Es por ello que me siento tan orgullosa y satisfecha.

Vaya desde aquí mi agradecimiento para José Luis García Martín, director de la revista, por incluirme entre sus páginas.

En el último número de la revista "Clarín" han aparecido mis "Breves infamias", una selección de microrrelatos…

Gepostet von Dolors Fernández Guerrero am Montag, 2. September 2019

Entre el infierno y el cielo de lo inane, ‘El club del tigre blanco’

Información privilegiada para los seguidores del hilo de “El vértigo del tigre blanco”, mi ópera prima de la que ya os he hablado, una novela hasta hace muy poco en estado de gestación y que, definitivamente, ya he dado por terminada.
La efeméride ha requerido cambiar el título, pues en el proceso se han producido algunas modificaciones sustanciales. El ambiente, los escenarios y la mayoría de los personajes me lo pedían a gritos desde Bangkok. El agraciado ha sido su medio hermano, “El club del tigre blanco”, al que, como veis, solo le ha bastado una palabra.
Dado que de ahora en adelante hablaremos de este “club”, quiero, a modo de celebración, ofrecer en primicia un fragmento significativo, un aperitivo de esta obra coral que deambula entre el infierno y el cielo de lo inane.
No obstante, no quedará ahí la cosa. No os libraréis de mí tan fácilmente… 

“Ha venido a mí envuelta en una tela traslúcida, arrastrando un tul como la cola interminable de una novia. Al entrar en mi dormitorio, en mi sueño, me he visto a mí mismo en la cama, con la sábana a los pies, muerto de calor. El calor en Bangkok es insoportable, con esa humedad constante, pegajosa, que el monzón
trae para echarlo todo a perder.

Tenía una sed terrible. Notaba cómo mi lengua se
pegaba al paladar y no era capaz de levantarme ni a por un vaso de agua. Ella y su envoltorio evanescente han caminado en mi dirección, creando ráfagas
de aire fresco a su paso, sin mirarme en ningún momento, con los ojos clavados en el vacío, igual que una muñeca, inexpresiva. A pesar de todo, yo le sonreía. Se ha ido acercando más y es cuando he murmurado: “Pakpao…” Y sí, en ese momento se me ha quedado mirando con los brazos abiertos. Y al hacerlo, ha descubierto sus pechos, de aréolas maravillosamente rosadas. “Ven, hijo mío”, y
yo he ido y he abierto mi boca sobre sus pezones, mullidos y cálidos, y ha comenzado a manar una leche sedosa, dulce, que calmaba mi sed sin saciarme. Sentía tanta paz…
Pero en un instante Pakpao ha cambiado de aspecto y, con un manotazo, me ha apartado de sí. Sus pechos se han secado, han recuperado la apariencia de
siempre, con pezones pequeños y oscuros, como los de cualquier mujer oriental. Y de golpe ha empezado a sacar diferentes objetos de su vagina, incluso una
chistera con conejo. No me lo podía creer.

Yo la miraba asombrado, decepcionado porque me había alejado así de ella, la Pakpao de antes. Continuó con aquel juego de prestidigitación: un huevo de avestruz intacto, un maletín de viaje, una bombilla y, por último, un potrillo recién nacido. El animal no hacía más que rebuznar.

Pakpao había parido un burrito blanco. Sentí una tierna emoción.”

(Dolors Fernández, fragmento de “El club del tigre blanco”)

El Asombro del Tritón en ‘La Charca Literaria’, humor negro o no

https://lacharcaliteraria.com/author/dolors-fernandez/

Para amantes de microrrelatos desconcertantes, cínicos y negroides, aquí arriba os he puesto el enlace de una web muy recomendable: “La Charca Literaria. En ella, “El Asombro del Tritón” es la sección de relatos hiperbreves que contiene mis textos, para espanto de lectores propios y ajenos.

A modo de prólogo y declaración de intenciones, una bella canción sobre este mundo loco loco, de Francisco Céspedes:

Y ahora ya está bien de milongas… ¡A leer, malditos!

‘La antimateria poética’ de Nicanor Parra

Quiero compartir en mi blog que el número de octubre de la revista Clarín incluye mi trabajo sobre la “antipoesía” del gran autor chileno, Nicanor Parra (1914-2018).

Entre epitafios y mecánica cuántica, la Europa convulsa de mediados del siglo XX y las dictaduras del subcontinente americano de la otra segunda mitad del siglo, se conforman los rasgos esenciales de la poética de Parra. Mi análisis, que pretende ahondar en las causas de su intención revolucionaria, concluye en que posmodernidad, transgresión e ironía son las herramientas parrianas con que el autor intenta abordar el hecho poético, aunque en el fondo lo que intente es su aniquilación y posterior resurrección.

Sin embargo, esa agonía antipoética, difícilmente comprendida, acaba por desembocar en fatalismo, en versos extraños, coloquiales y autorreferenciales en muchos casos. Aun a día de hoy, su gesta no tiene parangón. Tampoco seguidores. Nicanor Parra, siempre solo, el único verdadero “antipoeta”.

https://www.revistaclarin.com/revistas/

 

Exégetas y dulcineas

Realizar vaticinios sobre la obra poética de un buen autor es casi tan arriesgado como reseñar con afán crítico su obra. Para empezar, los significados múltiples y los orígenes ocultos de cualquier obra que se precie, son el primer obstáculo, en ocasiones insalvable, para el exégeta. Y hablo de exégesis, no de labor crítica, porque pese al rigor con que nos apliquemos a esta tarea, como comentaristas de lo ajeno, no dejamos de hacer meras interpretaciones. De ahí que “valorar” la obra de los demás sea un campo abonado a la subjetividad y la controversia.
Entre las muchas interpretaciones que pueden inferirse de un texto, cada exégeta/crítico opta por la que le parece más plausible, recurriendo para ello a sus conocimientos literarios, históricos y al conjunto de la obra del autor. El alarde a la literatura comparada es de lo más apreciado, así como hurgar en motivaciones psicológicas. También es frecuente abordar las obras desde una vertiente sociológica, y hasta hay quien pretende ahondar en cuestiones psicoanalíticas, en un considerable esfuerzo por discernir entre el yo y el superyó, una vez se han identificado las voces del discurso, a veces difusas. Como mínimo, el homenaje al maestro Freud es encomiable, aunque al austríaco últimamente le salgan detractores hasta debajo de la peana de los enanos de jardín. Seguir leyendo Exégetas y dulcineas

‘Tiempos irredentos’ en la FIL de México

Mis mejores deseos para la presentación de Tiempos irredentos/Unrepentant Times en la FIL de México. El encuentro en México D.F. de obras, editoriales y público lector es una magnífica ocasión para dar a conocer obras literarias como esta.

Bravo por Omar Villasana, editor de la revista Nagari y de este conjunto de relatos violentos, “irredentos” .

https://www.facebook.com/FilMineria/videos/1629310443789515/