“Mi corazón mordido por tus labios”, un solo de saxo

Hoy tengo el enorme placer de anunciar la publicación de mi primer libro, un poemario titulado Mi corazón mordido por tus labios, editado en La Marca Negra Ediciones, unos bucaneros literarios maravillosos.

Si una balada de jazz pudiera hablarnos, si fuéramos capaces de reconstruir el desgarrador sonido del saxo con palabras, me estarías leyendo.

Sensual, inclasificable, alucinado por momentos, tu corazón también será mordido por mis labios.

Solo déjate llevar…

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‘Nefertiti y los zombis’: El perro guardián

-¿Cómo ha ido la semana, Natalia? –pregunta el psicoterapeuta.
-Yo diría que muy bien.
-¿Muy bien? –le interroga interesado. No es normal en ella una respuesta positiva.
-Sí, mejor que nunca.
Una sonrisa de satisfacción se dibuja en la cara del joven psicólogo. Natalia es, con diferencia, su paciente más complicada. Se podía decir que prácticamente la habían desahuciado. Hasta hoy la medicación y la terapia tradicional se han mostrado insuficientes, pero he ahí los resultados de su metodología psicoanalítica, de su persistencia. Por fin el premio. El trabajo concienzudo siempre acaba cobrando sus frutos.
-¿Has salido a la luz del día? ¿Te has sentido a gusto?
-Sí –responde escuetamente Natalia. Lo suyo no son las frases compuestas. Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: El perro guardián

‘Nefertiti y los zombis’: VIII. Alba, florecilla

-El cerdo nace y luego se cría para que pueda ir al matadero, ¿lo entiendes, Alba?

-Sí, tía, pero cuando nacen son pequeñitos y rosas, ¿verdad? –contesta la niña, mientras sujeta con la mano izquierda una copa de helado color fucsia. En la derecha, una cucharilla prácticamente levita entre sus dedos. Parece una pequeña directora de orquesta con su batuta, siempre en movimiento.

-Sí, claro, casi como las personas.

-Qué cosas dices, tía… Pero son bonitos y les gusta jugar, ¿a que sí?

-Alba, igualito que a las personas antes de crecer demasiado.

-Y tienen una mamá cerdita que los quiere y muchos hermanitos. Lo vi en un documental de la tele… ¿Y cómo es que los matan? Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: VIII. Alba, florecilla

‘Nefertiti y los zombis’: VII. Nefertiti y los Simpson

Nada era predecible y nadie podía haberlo evitado.

Me gustaban los juegos de rol, las consolas, los cómics, las novelas de misterio y las pelis de terror, entre gore y psicothrillers. Era fan de La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik. Y nunca me pregunté por qué. ¿Para qué? No hubiera tenido ningún sentido hacerlo. Las razones prácticas se imponían y lo único que importaba era la necesidad de revivir esas historias, de representar a esos personajes. Experimentaba una lucha interna en la que mi oscuridad, el pensamiento hosco y salvaje que llevaba dentro, se debatía entre tanta norma “civilizadora”, un eufemismo para nombrar los grilletes y las cadenas que el mundo me imponía. Mis ansias reprimidas pugnaban por expandirse más allá de mí misma, aunque la presión en contra fuera feroz. En medio de esta agonía un incendio interior amenazaba con arrasarme y envenenarme con su humo tóxico. Debía dejar que esas fuerzas traspasaran los límites de mi propia existencia si quería salir ilesa. Y lo primero era dejar de tomar las pastillas. Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: VII. Nefertiti y los Simpson

‘Nefertiti y los zombis’: VI. Matrix en la rosaleda

Domingo por la mañana. Por fin la luz. Venturoso día primaveral que rompe el maleficio del  frío. Uno de esos que obligan a contemplar el cielo aunque  no haya nada que esperar. Un acto reflejo para muchos, no para ella.

-¿Eres tú Nef? –La interpelada asiente.─ Te hubiera reconocido entre un millón. Me encanta tu pelo, es auténtico. ─Ella le dedica una sonrisa imperceptible y retrocede. Él la mira, no comprende.

─¿Qué pasa Nef? ─Está desconcertado. Cree haberse equivocado y empieza a sentir vergüenza─. ¿No eres tú? Habíamos quedado aquí… Lo siento, lo siento, perdona, te he confundido… ─balbucea y está a punto de irse─. Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: VI. Matrix en la rosaleda

‘Apología de las sombras’ o el irrefutable legado de Sílvia Rins

http://www.elpunt.cat

Amigos, os dejo el enlace de mi reseña sobre Apología de las sombras, de Sílvia Rins, publicada en el suplemento cultural del diario catalán El Punt Avui este pasado domingo 15 de octubre.

El Punt Avui es un diario escrito en catalán, o sea que para los que quieran leer la reseña en castellano, al final de esta entrada pongo a vuestra disposición el texto traducido.

Espero que su lectura os incite a leer este magnífico poemario:

Rins, Sílvia: Apología de las sombras, Editorial Devenir. Barcelona, 2016. Páginas: 96. Precio: 11 euros

 

http://www.elpuntavui.cat/cultura/article/19-cultura/1252922-les-ombres-i-els-grecs.html

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‘Nefertiti y los zombis’: V. En mi silla giratoria

Los besos se me escapan de los labios, se me ocultan bajo la lengua y acabo tragándomelos. Son sorbos amargos que me endurecen hasta el velo del paladar, que me dejan en las encías, en el cielo de la boca, en la lengua un regusto desagradable. Es una sensación correosa que solivianta mis papilas gustativas, un roce áspero que las enardece y las vuelve hipersensibles. Dolorosamente reales.
Es el juego de la seducción lo que me atrae. Soy una falena zumbándole a una bombilla encendida. En la espera se atiza el fuego y fantaseo con el deseo creciente que despertaré en mi amante, que este despertará en mí. Siento que la voluptuosidad de mi cuerpo está hecha para sus manos y que su sabiduría de macho en celo satisfará la necesidad de toda mi piel, de todos los roces posibles. Es un momento glorioso. Hasta que llega el correo definitivo. “¿Nos vemos?” o “Deberíamos vernos”. Entonces trato de digerir estas palabras con los ojos entrecerrados. Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: V. En mi silla giratoria

‘Nefertiti y los zombis’: IV. Con Batman, a ciegas

-Nef, siempre pensé que serías así. Eres mi alma gemela.

-No deberías decir esas cosas. Todavía no me conoces.

-Hay cosas que se saben desde el principio. Siento que te conozco desde hace mucho.  En cuanto te vi lo supe. Ven aquí. –Y con su gesto intenta atraerla hacia sí, como si los brazos extendidos pudieran obrar el prodigio de la telequinesis. Ella, en cambio, sale corriendo. Por un momento el hombre, sorprendido, se queda quieto. Luego la sigue.─  ¡Nef, Nef! ¡No te vayas! ¿Dónde vas, Nef? Espera, espérame, que puedes perderte –“y perderme”, piensa el hombre, contrariado. Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: IV. Con Batman, a ciegas

Elogio de la paz

Se oye el bramido del mar
en este compás de espera.
Sí, banderolas blancas,
sí, banderolas negras.

Irredento se aproxima
con miles de lenguas de fuego.
No, espumarajos blancos,
no, alquitranes negros.

Ladera de agua salada,
la misma sin ser igual,
basta de blanco o de negro
con rumor de pedernal.

Salten cabriolas de agua,
potrillos de hielo insomnes,
que un oráculo de olas
sea la voz que se inmole.

Sí, banderolas blancas,
sí, banderolas negras;
No, espumarajos blancos,
no, alquitranes negros.

Dolors Fernández

‘Nefertiti y los zombis’: III. A la luz del día

Bien mirado salir a la luz del día tampoco estaba tan mal. Los colores se volvían definidos y brillantes, se reconocía el contorno de todas las cosas, y eso alegraba sin querer la vista. Era normal no tropezar en el hueco de los árboles o en los adoquines rotos, en los socavones inesperados de las aceras. También resultaba cómodo acertar a la primera el lanzamiento de un pañuelo arrugado y sucio a la papelera, tan mugrientos continente como contenido. Incluso se podía hacer la buena acción del día prestándole el brazo a la primera abuela que intentara cruzar un paso de cebra. Siempre le costó representarse a una cebra de la sabana africana en los listones descoloridos que rayaban el asfalto. Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: III. A la luz del día

‘Nefertiti y los zombis’: II. El frío de la hipnosis

-¿Ves la luz, Natalia?

-No veo nada, no se ve nada.

-Natalia, tiene que haber una luz, ¿por qué no la sigues?

-No, no, está oscuro y tengo frío. –Natalia tirita y se abraza a sí misma. Le cuesta hablar.

-Te estás negando la evidencia, Natalia. Hay una luz. –le explica con paciencia el terapeuta. De pronto cambia el registro y utiliza un tono imperativo-: ¡Búscala! Natalia, escúchame, sigue buscando, no tienes nada que temer. –La respiración de la paciente es agitada. Está inquieta y el nerviosismo va en aumento. Comienza a mover la cabeza a lado y lado, luego todo el cuerpo. Si continúa así el diván pronto se volverá estrecho y la joven caerá al suelo.

-¡No veo nada, no veo nada! ¡Quiero salir de aquí, quiero irme! Por favor, ayúdame, no me dejes aquí… -Su voz se vuelve por momentos más quejumbrosa, más tenue. Llega un momento en que deja de ser audible. Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: II. El frío de la hipnosis