“Mi corazón mordido por tus labios”, un solo de saxo

Hoy tengo el enorme placer de anunciar la publicación de mi primer libro, un poemario titulado Mi corazón mordido por tus labios, editado en La Marca Negra Ediciones, unos bucaneros literarios maravillosos.

Si una balada de jazz pudiera hablarnos, si fuéramos capaces de reconstruir el desgarrador sonido del saxo con palabras, me estarías leyendo.

Sensual, inclasificable, alucinado por momentos, tu corazón también será mordido por mis labios.

Solo déjate llevar…

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Exégetas y dulcineas

Realizar vaticinios sobre la obra poética de un buen autor es casi tan arriesgado como reseñar con afán crítico su obra. Para empezar, los significados múltiples y los orígenes ocultos de cualquier obra que se precie, son el primer obstáculo, en ocasiones insalvable, para el exégeta. Y hablo de exégesis, no de labor crítica, porque pese al rigor con que nos apliquemos a esta tarea, como comentaristas de lo ajeno, no dejamos de hacer meras interpretaciones. De ahí que “valorar” la obra de los demás sea un campo abonado a la subjetividad y la controversia.
Entre las muchas interpretaciones que pueden inferirse de un texto, cada exégeta/crítico opta por la que le parece más plausible, recurriendo para ello a sus conocimientos literarios, históricos y al conjunto de la obra del autor. El alarde a la literatura comparada es de lo más apreciado, así como hurgar en motivaciones psicológicas. También es frecuente abordar las obras desde una vertiente sociológica, y hasta hay quien pretende ahondar en cuestiones psicoanalíticas, en un considerable esfuerzo por discernir entre el yo y el superyó, una vez se han identificado las voces del discurso, a veces difusas. Como mínimo, el homenaje al maestro Freud es encomiable, aunque al austríaco últimamente le salgan detractores hasta debajo de la peana de los enanos de jardín. Sigue leyendo Exégetas y dulcineas

‘Tiempos irredentos’ en la FIL de México

Mis mejores deseos para la presentación de Tiempos irredentos/Unrepentant Times en la FIL de México. El encuentro en México D.F. de obras, editoriales y público lector es una magnífica ocasión para dar a conocer obras literarias como esta.

Bravo por Omar Villasana, editor de la revista Nagari y de este conjunto de relatos violentos, “irredentos” .

https://www.facebook.com/FilMineria/videos/1629310443789515/

 

‘Nefertiti y los zombis’: X. Los zombis

¿Quién lo iba a decir? He vuelto a recibir mensajes de Val. Me propone una nueva cita. Esta vez en una cooperativa agraria abandonada, a 50 km de aquí. Dice que el edificio está medio en ruinas, que aún conserva maquinaria y útiles de labranza al parecer olvidados. De los numerosos agujeros del techo se cuelan en invierno ráfagas de aire helado que ponen la carne de gallina, y a cada paso es fácil tropezar con murciélagos y mochuelos fosilizados. Asegura que hay muebles cubiertos de tierra y escombros, dispuestos para recibir al próximo visitante, o sea, a nosotros. Val insiste en que hay un  antiguo silo perforado y que el interior es una pasada. Las voces resuenan profundas y terribles. Me he acordado del sarcófago de Nefertiti y me he estremecido de placer. “La de cosas que podríamos hacer allí dentro”, añade. ¿Cómo explicarle que Nef es netamente urbana, que soy un animal de ciudad, inadaptada para cualquier otro medio? El aire puro del campo despierta mis alergias y no sé caminar si no es en el suelo duro y rugoso del asfalto. Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: X. Los zombis

‘Nefertiti y los zombis’: IX. El perro guardián

-¿Cómo ha ido la semana, Natalia? –pregunta el psicoterapeuta.
-Yo diría que muy bien.
-¿Muy bien? –le interroga interesado. No es normal en ella una respuesta positiva.
-Sí, mejor que nunca.
Una sonrisa de satisfacción se dibuja en la cara del joven psicólogo. Natalia es, con diferencia, su paciente más complicada. Se podía decir que prácticamente la habían desahuciado. Hasta hoy la medicación y la terapia tradicional se han mostrado insuficientes, pero he ahí los resultados de su metodología psicoanalítica, de su persistencia. Por fin el premio. El trabajo concienzudo siempre acaba cobrando sus frutos.
-¿Has salido a la luz del día? ¿Te has sentido a gusto?
-Sí –responde escuetamente Natalia. Lo suyo no son las frases compuestas. Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: IX. El perro guardián

‘Nefertiti y los zombis’: VIII. Alba, florecilla

-El cerdo nace y luego se cría para que pueda ir al matadero, ¿lo entiendes, Alba?

-Sí, tía, pero cuando nacen son pequeñitos y rosas, ¿verdad? –contesta la niña, mientras sujeta con la mano izquierda una copa de helado color fucsia. En la derecha, una cucharilla prácticamente levita entre sus dedos. Parece una pequeña directora de orquesta con su batuta, siempre en movimiento.

-Sí, claro, casi como las personas.

-Qué cosas dices, tía… Pero son bonitos y les gusta jugar, ¿a que sí?

-Alba, igualito que a las personas antes de crecer demasiado.

-Y tienen una mamá cerdita que los quiere y muchos hermanitos. Lo vi en un documental de la tele… ¿Y cómo es que los matan? Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: VIII. Alba, florecilla

‘Nefertiti y los zombis’: VII. Nefertiti y los Simpson

Nada era predecible y nadie podía haberlo evitado.

Me gustaban los juegos de rol, las consolas, los cómics, las novelas de misterio y las pelis de terror, entre gore y psicothrillers. Era fan de La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik. Y nunca me pregunté por qué. ¿Para qué? No hubiera tenido ningún sentido hacerlo. Las razones prácticas se imponían y lo único que importaba era la necesidad de revivir esas historias, de representar a esos personajes. Experimentaba una lucha interna en la que mi oscuridad, el pensamiento hosco y salvaje que llevaba dentro, se debatía entre tanta norma “civilizadora”, un eufemismo para nombrar los grilletes y las cadenas que el mundo me imponía. Mis ansias reprimidas pugnaban por expandirse más allá de mí misma, aunque la presión en contra fuera feroz. En medio de esta agonía un incendio interior amenazaba con arrasarme y envenenarme con su humo tóxico. Debía dejar que esas fuerzas traspasaran los límites de mi propia existencia si quería salir ilesa. Y lo primero era dejar de tomar las pastillas. Sigue leyendo ‘Nefertiti y los zombis’: VII. Nefertiti y los Simpson