Archivos de la categoría Microrrelatos irónicos

El tucán

tucanesToc toc. ¿Hay alguien?
Y entonces lo vi, al otro lado de la ventanilla. El tucán traspasó el vidrio y se sentó a mi lado. Con su hermoso pico me escribió su número de teléfono en el antebrazo.
Me sedujo con el apresto de su plumaje, con su voz cantarina de barítono.
-Volveremos a vernos, si tú quieres. –Y se alejó revoloteando al llegar a la siguiente estación.
No me di cuenta al ducharme de aquellos números garabateados en mi piel. El agua se llevó por el sumidero su tinta de ave verde, amarilla, negra. Solo cuando me sequé con la toalla lo recordé pero ya era demasiado tarde.
Cada día hago el mismo trayecto camino del trabajo. La misma estación de metro, la misma hora, el mismo vagón. Sin embargo, el tucán no ha vuelto a aparecer.
La palidez de mis brazos me entristece. Me recuerda la exuberancia del tucán y mi torpeza.

El saltador de pértiga

salto-con-pertiga-deportes-juegos-olimpicos-pintado-por-adricasa-9848194Cuando batió el récord todos acudieron a su encuentro a felicitarlo, pero ya no estaba. La pértiga había quedado clavada en la hierba del polideportivo, en cambio, Hugo no estaba sobre la colchoneta. Los asistentes al evento miraron en todas direcciones, sin verlo. Menos en una.
Tras denunciar el suceso a la policía, Hugo acabó por ser declarado “desaparecido”. A día de hoy, todos los saltadores de pértiga se encomiendan a Hugo, recordman mundial, antes de iniciar la carrerilla.
Desde su balcón entre las nubes, Hugo vela por los atletas y los reencamina, si estos se desvían demasiado de su destino, más allá de la colchoneta.