‘El señor de los anillos’ o la magia de Tolkien

Decálogo de libros del 1 al 10, realizado en diez días (sin que el orden denote prelación), que intenta recordar, comentar, destacar aspectos esenciales de algunas de las obras literarias que han sido decisivas para mí. En tiempos de pandemia los libros nos salvan de la vida. La elección está sujeta a razones subjetivas y, por supuesto, injustas, como en cualquier selección. Por el camino quedan obras memorables, autores capitales que no pueden ser contenidos en este decálogo de lecturas, tan reducido como su nombre indica.

DÍA 6: El señor de los anillos, de John Ronald Reuel Tolkien

El señor de los anillos es una obra emblemática, magistral dentro de su género: la fantasía épica. Su influencia es absoluta dentro de esa temática. Este ejemplar en cartoné lo compré hace muchos años en Círculo de Lectores, al que por aquel entonces estaba suscrita. Como suele pasar a menudo con los libros, me decidí por él gracias a la recomendación de un amigo, muy aficionado a la obra de Tolkien. Se había leído nada menos que El hobbit, El señor de los anillos y El Silmarilion.
En sus más de mil páginas se recrea con precisión un mundo de fábula donde la magia, las grandes gestas y el sentido del honor son los protagonistas. La presencia del mal, inquietante, es la amenaza que recorre de principio a fin la historia, y el afán de combatirlo es el tema que estructura toda la novela. Tolkien exhibe un portentoso talento narrativo y consigue crear una novela absorbente que te atrapa.
Desde que el ser humano tiene memoria han existido los mitos y las leyendas, para entender lo incomprensible, para justificar lo que sucede, para evadirse. El deseo de evasión es inherente al ser humano, por eso los gustos pueden cambiar, pero la necesidad permanece. El señor de los anillos rinde tributo como pocos a este mundo mágico y fascinante.

(El señor de los anillos, Ed. Círculo de Lectores. Valencia, 1989)

Palabras…

Querido amigo,

Por suerte, en esta etapa difícil, dura, extraña, tenemos las palabras para comunicarnos. Con ellas hacemos que la distancia o el olvido no existan y dan alas a nuestra imaginación. No necesitan cables, electricidad, ni aparatos de ninguna clase. Ellas solas vuelan por el aire, reposan en el papel y pueden llegar hasta ti.

Nadie está solo mientras haya palabras que le lleguen y que le recuerden lo bueno de la vida, su belleza, su verdad. Por eso hoy te mando con mis palabras un abrazo de aliento, de afecto y de recuerdo.

Resistir es nuestra canción. Las palabras le dan sentido.

Un abrazo de palabras,

Dolores

Jazmines en flor

Querido amigo,

Quiero contarte que hoy me siento afortunada. Soy consciente de que si mi corazón late es porque otros han latido mucho antes, y con su savia un día me dieron la vida. Todos dependemos de los demás, y al relacionarnos nos necesitamos. Ese es el sentido de nuestra existencia: tenernos los unos a los otros.

Tú, como yo, podemos mirar por la ventana, ver o imaginar cómo al árbol podado hace unos meses le brotan ahora hojas verdes, y estas hojas serán el principio de una copa frondosa. Yo, que así lo veo, sé que cuando llegue el verano ese mismo árbol, repleto de hojas, nos dará sombra. Y la calle entonces verá pasar a niños en bicicleta, en patinete, en patines; a padres afanosos; a adolescentes despistados; a personas que caminan deprisa o despacio. La vida, entonces, será más real y menos silenciosa.

Esperemos la llegada del verano, del buen tiempo, del amor y del jazmín en flor. En la entrada de casa tengo uno tan hermoso…

Hoy quiero que lo sepas. Para mí la “vida” son esas pequeñas cosas: una maravilla de la creación.

Un abrazo,

Anidan las golondrinas

Querido amigo,

Hoy quiero contarte que, como cada mañana, estoy sentada en mi mesa de trabajo, sola, frente al ordenador, con mil tareas que hacer. El día es cálido, luminoso y desde mi ventana veo casas, árboles, también una calle ancha y vacía. Me gusta poder perder la vista durante unos segundos a través de este paisaje quieto, tranquilo, silencioso. La excepción es el cielo, de un azul claro, surcado por golondrinas que pían y vuelan cerca de mi casa, rápidas, imparables, como pequeñas flechas negras que cruzan el aire en dirección a sus nidos. Ellas me acompañan durante estas horas.

Hace días una de ellas anidó bajo el tejado de mi casa, pero todavía no sé cuándo nacerán los polluelos. Es emocionante comprobar que podemos albergar vida, la mayor esperanza que cabe en este mundo. Te lo cuento porque estas pequeñas cosas me alegran cada mañana. Compartirlo contigo hoy me hace feliz.

Espero que tu día sea tan radiante como el mío.

Un abrazo,

Dolores Fernández

‘Historia del silencio’, reflexiones íntimas sobre la COVID-19

Eugenia Rico, Historia del silencio, Ed. Elliot. Amazon 2020

Historia del silencio es un dietario íntimo que, día a día, desgrana las sensaciones, las emociones, los sentimientos y suscita las reflexiones de su autora, Eugenia Rico.
Motivado por el confinamiento a causa de la pandemia de la COVID-19, los diferentes textos que lo componen se ensamblan a partir de pequeñas anécdotas como los aplausos a los sanitarios desde los balcones a las ocho de la tarde o las dificultades para comprar papel higiénico en los supermercados, hechos que representan la cara y la cruz de una situación anómala y desconcertante.
Con sagacidad y con un estilo muy ameno, como si se tratara de una conversación entre buenos amigos, Eugenia Rico entreteje la tela de sus propios sentimientos con reflexiones lúcidas y pertinentes, relativas a las personas, a nuestra sociedad y a su historia.
Aunque no falten las observaciones críticas, en general prevalece el mensaje positivo. Sus textos ahondan en las manifestaciones de solidaridad, generosidad y amor como rasgos distintivos del ser humano, cohesionadores de nuestra sociedad.
Historia del silencio, lectura balsámica en tiempos de pandemia, aislamiento y terribles ausencias.

‘El túnel’ de Ernesto Sábato, un pacto implícito con la locura

Decálogo de libros del 1 al 10, realizado en diez días (sin que el orden denote prelación), que intenta recordar, comentar, destacar aspectos esenciales de algunas de las obras literarias que han sido decisivas para mí. En tiempos de pandemia los libros nos salvan de la vida. La elección está sujeta a razones subjetivas y, por supuesto, injustas, como en cualquier selección. Por el camino quedan obras memorables, autores capitales que no pueden ser contenidos en este decálogo de lecturas, tan reducido como su nombre indica.

DÍA 5: El túnel, de Ernesto Sábato

Ernesto Sábato fue un autor que descubrí en la Universidad Central de Barcelona, en las clases de Literatura Hispanoamericana que impartía el profesor Joaquín Marco.
La obra de Sábato tiene un punto de delirio, un pacto implícito con la locura que, en su transfiguración literaria, dilucida de un modo apasionante las zonas más oscuras de su protagonista.
El túnel, escrito en 1948, es una obra neorrealista, existencialista en grado sumo, sorprendente, claustrofóbica ‒como su nombre indica‒, y que ha ejercido una influencia enorme en autores de la talla de Graham Greene o Albert Camus. En su momento creó un paradigma narrativo, al que muchos después no han podido sustraerse.
Me encanta la novela corta por la densidad e intensidad que aporta a las historias. Los “túneles” pueden ser diversos, todos ellos alienantes. Y en las circunstancias actuales, los veo por doquier…

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‘Rimas y leyendas’, ensoñación y misterio en Bécquer

Decálogo de libros del 1 al 10, realizado en diez días (sin que el orden denote prelación), que intenta recordar, comentar, destacar aspectos esenciales de algunas de las obras literarias que han sido decisivas para mí. En tiempos de pandemia los libros nos salvan de la vida. La elección está sujeta a razones subjetivas y, por supuesto, injustas, como en cualquier selección. Por el camino quedan obras memorables, autores capitales que no pueden ser contenidos en este decálogo de lecturas, tan reducido como su nombre indica.

DÍA 4: Rimas y leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer

Uno de los primeros libros de poesía que me maravilló fue Rimas y leyendas de Bécquer. Me lo regaló mi hermana mayor, siempre tan atenta a mis aficiones literarias. El ejemplar de la foto es delicado, no solo por el contenido, sino porque la mayoría de sus hojas están sueltas y hay que abrirlo con mucho cuidado. También puede ocurrir que se caigan los pétalos de rosa secos, guardados ahí desde hace muchos años.
La belleza puede tomar diferentes formas, y en el caso de la poesía y los relatos de Bécquer bebe de la soledad, del abandono, de la ensoñación, del misterio, incluso del dolor en su vertiente más melancólica. De este libro me cautivó su cualidad sensitiva, su musicalidad, su recreación de paisajes interiores y exteriores.
Entre mis favoritos, este poema, leído y aprendido por vez primera en los libros de texto del colegio: “Del salón en el ángulo oscuro”.

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‘El arte de amar’ que nos legó Ovidio

Decálogo de libros del 1 al 10, realizado en diez días (sin que el orden denote prelación), que intenta recordar, comentar, destacar aspectos esenciales de algunas de las obras literarias que han sido decisivas para mí. En tiempos de pandemia los libros nos salvan de la vida. La elección está sujeta a razones subjetivas y, por supuesto, injustas, como en cualquier selección. Por el camino quedan obras memorables, autores capitales que no pueden ser contenidos en este decálogo de lecturas, tan reducido como su nombre indica.

DÍA 3: El arte de amar, de Ovidio

En latín Ars amatoriae libri tres es uno de esos libros que rompe los esquemas de un adolescente sobre literatura clásica. Al leerlo te das cuenta de que el amor y las leyes de la atracción física no cambian, a pesar de los siglos. Ovidio, en su compendio amatorio, nos muestra la cara amable de la vida romana, desde un punto de vista hedonista y liberador. Su inmoralidad le costó cara: el libro fue prohibido, y él considerado corruptor de la juventud y condenado al destierro. Murió pobre y olvidado en su exilio de Tomis, una pequeña ciudad a orillas del Mar Negro.
En mi adolescencia, una amiga y yo leíamos El arte de amar y Las metamorfosis de Ovidio, fascinadas por aquel mundo de mitos, que equiparaba a hombres y dioses en cuanto a flaquezas y pasiones.
A Ovidio, pues, le debo mi afición por la literatura clásica. Llegarían luego otros títulos, las clases de latín y griego y una visión más épica, más legendaria ‒y también más terrible‒ sobre la existencia humana.

El romano que ignore el arte de amar, lea mis versos y, aleccionado con tal lectura, ame. (…) Y el mundo con amor se amasó.


‘El perfume’, sinestesia e innovación

Decálogo de libros del 1 al 10, realizado en diez días (sin que el orden denote prelación), que intenta recordar, comentar, destacar aspectos esenciales de algunas de las obras literarias que han sido decisivas para mí. En tiempos de pandemia los libros nos salvan de la vida. La elección está sujeta a razones subjetivas y, por supuesto, injustas, como en cualquier selección. Por el camino quedan obras memorables, autores capitales que no pueden ser contenidos en este decálogo de lecturas, tan reducido como su nombre indica.

DÍA 2: El perfume, de Patrick Süskind

Esta edición de Penguin Books me la regaló un alumno alemán, al acabar el curso de español para extranjeros que impartía en Barcelona por aquel entonces. De eso hace ya muchos años. Sabía que admiraba a Patrick Süskind, el autor (alemán) de El perfume y, al acabar el curso, me regaló la novela en inglés.
La historia de Jean-Baptiste Grenouille que yo había leído tiempo atrás, estaba publicada en Seix Barral. Me maravilló desde el principio por su descripción minuciosa de los olores, como factor característico de aquella sociedad. La sinestesia se alzaba en un libro crudamente realista como arma de doble filo: nos introducía con varios de nuestros sentidos en el París del s. XVIII mientras nos transportaba líricamente con sus aromas a otras realidades. De ahí a la pasión y al crimen, solo las doscientas y pico páginas del libro.
Para mí El perfume fue una obra innovadora, donde su lenguaje nos abría a otras realidades, otras formas de narrar revolucionarias.
“Moi, je l’adore…”

‘Tiempo de silencio’ o tiempo de ausencias, de Luis Martín-Santos

Decálogo de libros del 1 al 10, realizado en diez días (sin que el orden denote prelación), que intenta recordar, comentar, destacar aspectos esenciales de algunas de las obras literarias que han sido decisivas para mí. En tiempos de pandemia los libros nos salvan de la vida. La elección está sujeta a razones subjetivas y, por supuesto, injustas, como en cualquier selección. Por el camino quedan obras memorables, autores capitales que no pueden ser contenidos en este decálogo de lecturas, tan reducido como su nombre indica.

DÍA 1: Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos

Acepto el relevo de mi estimado y admirado Omar Villasana y empiezo, diariamente durante 10 días, a dejar constancia de esos libros especiales para mí. Quiero hablar de aquellas historias que me impactaron por la razón que fuera, que con la fuerza de sus palabras me han hecho como soy.

Hoy, día 1, empiezo con la novela de Luis Martín-Santos, Tiempo de silencio. No es la primera lectura en subyugarme, pero cronologías aparte, su título marca un hito, adquiere en estos días una significación implacable. Cuando alguien logre escribir la novela de nuestro tiempo, con la implacable pandemia del Sars Covid-19, bien podría titularla: Tiempo de ausencias. Por esa razón la he escogido.

Tiempo de silencio es una novela imprescindible. Se publicó por vez primera en 1961 en Seix Barral, y la edición que os muestro es del 85, de la misma editorial. Su autor, psiquiatra de profesión, denuncia el atraso cultural y científico de la España empobrecida de 1949. Me impresionó muchísimo su descripción de la pobreza en las chabolas, cómo criaban ratas para venderlas a los laboratorios científicos, que subsistían en precario. La vida infrahumana de esas personas las conducía también a una miseria moral que Martín-Santos describe con un estilo fuera del orden imperante en el panorama español de la época.

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