El hueco
El saltimbanqui
Elegía de Penélope
Fugitivos
Labios sin banderas
Guerras perdidas
Redoble de tambores
Mi casa sosegada
Quisiera yo mi casa sosegada,
aroma de limón, jazmín y olivo,
rumor que en la caricia enamorada
aviva la pasión de un dios altivo.
Se agrietan, sin embargo, las paredes
que ensamblan los cimientos y las salas,
pues ángeles de fuego lanzan redes
y atizan las hogueras con sus alas.
El humo que se esparce impuro vierte
mandrágora de sueños con usura.
Se empañan las miradas, ya se advierte
que pronto ha de llegar la hora oscura.
Decidme: ¿qué he de hacer con quien convierte
mi casa sosegada en su locura?
Dolors Fernández Guerrero
Advertencia
Nada alimenta más
que un beso de tu boca,
delicado debacle de la cercanía
y a poco me sabe, sin embargo,
en este refugio solitario
que te invoca.
Si con ligereza rodeas mi talle,
absurdo será mi deseo
cuando pasee por la calle
y te busque
y no te vea,
aunque te sienta
a cada instante.
Lo sé y lo creo.
Hay un tigre agazapado
tras alguna esquina
que espera su momento.
Habré yo de asaltarlo
y enseñarle las mil formas del amor
que se cernirán sobre él
si vuelves a besarme.
Dolors Fernández Guerrero






