El Patriarca de la Luz sostenía con fuerza a Desiré Han. Aunque esta quería zafarse de sus manos, grandes y poderosas, no lograba moverse del sitio. Desiré era pequeña a su lado y su complexión resultaba enclenque, insuficiente para defenderse de aquel hombre. A pesar de que Milan Radokis fuera una sombra del que fue en su juventud, aún le sobraba energía para inmovilizar a una mujer como ella. Para afianzar aún más su superioridad física dejó de sujetarla por los hombros y le aferró los brazos, haciendo sobre ellos tenaza. Si alguien la hubiera visto habría pensado en un animalillo asustado atrapado en una trampa. Desiré sentía que los dedos sarmentosos del hombre se le clavaban en la piel. No sabía qué hacer.
-Mira que me lo pones difícil, Desiré –le reprochó el Patriarca de la Luz. Debido al continuo forcejeo de la mujer no podía aflojar la presión. Temía que se le escabullera como un conejo. Seguir leyendo Halogramas: «El beso»




