Archivo por meses: febrero 2024

Amor gótico

Reviven las coronas de los muertos,
regadas por la escarcha que reclama
raíces, ramas, pétalos no yertos,
esquejes de ese nicho que aún ama.

La ausencia no es lo mismo que el olvido,
se aferra a la añoranza con ahínco,
ofrece siempre un norte al dolorido
amante, lo aproxima con un brinco.

Maldito sea el infame que así entierra
amor, pasión y toda su grandeza
con látigo censor, dientes de sierra,

obviando que no existe más certeza
que el fruto enamorado de la tierra
abono eterno, flor de su belleza.

Dolors Fernández Guerrero



‘COSTA DEL SILENCIO’,

UN IMPERATIVO HUMANO CONTRA EL RUIDO Y LA DEFLAGRACIÓN

DE JULIO HARDISSON GUIMERÀ

Mi reseña sobre una obra tan singular e inclasificable como Costa del Silencio inicia su andadura por la red en la revista Vallejo & Company. Animo a los lectores de paladar exquisito a leerla y meditar. La belleza y el sentido de todas las cosas está a nuestro alrededor y en nuestro paisaje interior.

Aviso para navegantes

Todo marino sabe que hay navegaciones tranquilas y mares procelosos, y en la poesía pasa igual. Por mi parte, me identifico con aquella que sin ambages nos conecta con nuestra soledad, contradicciones, dudas, miedos, con ese dolor profundo −a menudo irreparable− que nos acecha. Mis versos miran en derredor y se vuelven críticos, incluso cáusticos; indagan entre la insatisfacción permanente y el deseo, en la irreconciliable pugna entre lo racional y lo irracional, entroncan con el yo más primitivo e irreverente, ese que se resiste a los cauces civilizados, necesarios y convenientes de nuestra sociedad.
Construyo mi discurso con metáforas y alegorías muy diversas, donde la geografía, los elementos atmosféricos, los animales encarnan esa oscuridad intrínseca del yo poético. Sus personajes son seres que transitan por la sociedad con su carga de desazón y tristeza. Se sobreponen solo cuando son capaces y a través de su voz recreo una parte de mí, porque su mensaje es universal.
Bajo estas premisas, considero que mi poesía es ciertamente nihilista porque pone el foco, el énfasis, en esos sentimientos hondos, negros, duros, desesperanzados, que constituyen el núcleo duro de mis percepciones personales, de mi raciocinio. Pero también es cierto que la expresión poética propicia y desencadena, con fuerza arrolladora, conclusiones que incluso a mí me superan.
No obstante, el autor no es su obra, sino su destilación y la poesía es ficción literaria con alma. Por tanto, no cabe, como estrategia de interpretación crítica, la arqueología biográfica. Fuera de la poesía, mi visión sobre la existencia no es lastimosa ni mucho menos. Soy razonablemente optimista y sociable. No pesan sobre mí ninguna tragedia ni vileza que hayan marcado mi itinerario vital, aunque mi faceta poética colisione con cualquier optimismo a la carta. En la vida, como en la literatura, nunca hay que tomar la parte por el todo, pues supondría incurrir en una metonimia reduccionista que falsearía nuestro verdadero ser.
Mi propósito en poesía es que se establezca una conexión inexpugnable entre pensamiento, emoción y sentimiento, y para ello es preciso diseccionar la realidad, contemplarla desde diferentes perspectivas, ya que nuestras percepciones son falibles y nuestra inteligencia a menudo pretenciosa. Esa simbiosis es la base de mi planteamiento dual de la existencia. Al hacerlo, en ese nudo denso, en permanente tensión entre realidad y deseo, fealdad y belleza, nacen mis poemas.
Y, ¿por qué no? Las palabras, los poemas, a veces también pueden llegar a ser hostiles, escocernos, hurgar en las heridas.
Vivir, para mí, es así y escribir solo es su consecuencia lógica.
Ahora debes ser tú, navegante, quien decida si desea surcar este mar, si no va a sucumbir bajo su oleaje.

Óxido

Hay una distancia que mis manos
no abarcan,
que sujetan el recuerdo
al silencio,
alas polvorientas que se abaten
sin imán
en fronteras desvaídas.

Mientras, el rocío me cala
como gotas de aguanieve,
con su ácido corrosivo,
sin sentido,
desubicado
en un nosotros que
al instante se vuelve hielo.

No sé por qué abracé la lluvia
pues solo hallé
mis miembros empapados
en soledad,
asidos a la ropa de un mendigo.
A través de sus ojos vidriosos
me miró, intrigado,
y no había un cómo ni un porqué
más allá de mi delirio.

Lo inconcebible de tus labios
serpentea entre mis sueños,
sin sentido
pero sin tregua,
y el deseo lacerante
oxida
       un anillo
tenaz
alrededor de mi lengua.
                                         

Dolors Fernández Guerrero