La herrumbre de la muerte acelerada

La herrumbre de la muerte
mata
al creyente, al hereje,
al suicida.
Orín convertido en eco de una voz
o una despedida.

La guadaña se oxida
sobre el grial de plata
pero no escatima
su cuchilla
y se escancia generosa
sobre todos los hombres.

El gusano corroe,
anticipo del almíbar
indeleble,
hollando la materia recidiva,
que abona y alimenta
a la siempreviva.

La rosa es goce de pétalo y espina,
lacerante con los dedos,
doncella altiva
cautiva del deseo,
que perece entre ascuas
tan hermosa, tan lasciva.

Se agua la espesura de los ojos
entre bosques a la deriva
la herrumbre de los años
se desmaya sobre los hijos de la vida,
sobre el desierto de moho,
sobre la paz ignota que alivia.

En el silencio
una saeta, un réquiem.
A lo lejos el murmullo de una fuente
que gravita sobre el tiempo,
donde el principio es fin,
donde nace el día.