Un extracto, anticipo, píldora o comprimido de mi participación en el Black Mountain Bossòst el pasado 29 de abril.
Espero que despierte vuestro interés…
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EL FESTIVAL DEL VALLE DE ARÁN, BMB 2022
Al BMB 2022 (Black Mountain Bossòst) que me voy. Al festival literario, cinematográfico, gastronómico y de actualidad del Valle de Arán (Cataluña, España) que reúne algunas de las almas más disconformes, variopintas y contestatarias del panorama literario español.
Novela, relato, cine, mesas redondas, debates, recitales y mucha amistad -de la buena- llenarán este valle del Pirineo desde el 25 de abril hasta el 3 de mayo, ambos inclusive.
Un profundo, hermoso y salvaje clamor de Babel se repetirá como un eco por Bossòst próximamente, en el buen sentido.
Yo, humilde invitada al evento, participaré el viernes 29 de abril desde primera hora de la mañana, con la conferencia sobre la evolución del arquetipo femenino en literatura, titulado «Malvadas y peligrosas», junto a Alberto García. Más tarde, formaré parte de la mesa redonda que charlará sobre el significado y la importancia de la literatura erótica en nuestros días, junto a José Luis Muñoz (Comisario del BMB), Tess Lorente, Sandra Martínez Raguso y Mª Carmen Sinti (moderadora). Por último, colaboraré en la presentación de la antología de relatos eróticos, El origen del mundo (Vencejo Ediciones, 2022), coordinada por José Luis Muñoz, junto a mis compañeros de reparto: el mismo José Luis Muñoz, Tess Lorente, Sandra Martínez Raguso, Mª Carmen Sinti, Lluna Vicens, Gustavo Abrevaya, Marisa Pinta, Carlos Manzano, Jaime López, Susana Hernández, Ana Arzoumanian y, como moderadora, la editora Albahaca Martín Gon.
Y aún hay más cosas pero, para no cansaros, os remito al siguiente enlace, donde encontraréis información detallada de todo lo que se está cociendo en Bossòst:
El programa es prometedor, denso y apabullantemente interesante. Y ahora, para relajar los ánimos, ¿quién es quién?

Almudena Grandes en ELS DIJOUS DEL MERCANTIC
La librería El Siglo, sita en el espacio del Mercantic de Sant Cugat del Vallès (Barcelona), tiene una cita puntual con la cultura el último jueves de cada mes. El del 31 de marzo estará dedicado a la memoria de la escritora Almudena Grandes, fallecida el 27 de noviembre de 2021, con tan solo 61 años.
Ella, que tanto reivindicó la memoria histórica de España, se ha convertido ahora en un referente literario y cultural de nuestro país, y eso es algo que nadie, polémicas aparte, podrá discutir.
Ahí estaré, yo, Dolors Fernández, en la mesa redonda que Els Dijous del Mercantic ha organizado en su honor, para aportar mi granito de arena, junto a Lluna Vicens, Mari Carmen Sinti y Rosa Cañadell.
Para amantes de la voz en vivo, intervenciones diversas y planteamientos varios, aquí está la grabación del evento. Una pista: yo soy la de la izquierda.
‘Heredar la nada’ de Pedro Serrano
Heredar la nada, de Pedro Serrano (Premio Tiflos 2016), pese a la rotunda negación de su título, es un poemario del todo, vasto y torrencial como la vida misma y como ella, engendradora de vicisitudes, sinsabores y alegrías, sombras y luces. Muchas sombras y muchas luces, y mucha desazón y mucha rebeldía, porque es un poemario lleno de asechanzas, sin Dios, en el que el leitmotiv de la ceguera asume la categoría de alegoría confesional en un discurso ininterrumpido que transcurre durante las siete secciones en las que se estructura el poemario: «Error de cálculo», «Lugar aséptico», «Improvisaciones escritas de pie», «Cuaderno de sombras», «Migración», «Rutinarias» y «Heredar la nada». He querido consignar los siete epígrafes porque remiten, por sí mismos, al universo de Pedro Serrano, rico, versátil, atrevido y subyugante.
Heredar la nada es, por lo mismo, un poemario extenso, tensionado, ambicioso, por momentos metapoético y, por ende, imbuido de amor a la poesía, reivindicativo del verbo, como eje estructurador de nuestra naturaleza humana: «Recuerda que no volverá nunca la quietud. / Más lejos, más cerca, / utiliza la poesía». Aunque, como en Nicanor Parra, nos sorprendan sus fogonazos de autodestrucción: «Y bien. Es el momento de juntar palabras, hojarasca y quemarlas.»
Heredar la nada tiene algo de miscelánea, con poemas brevísimos (dos versos), otros de extensión media, prosa poética, algunos versículos que prolongan la prosodia ágil y melodiosa de su verbo, para adentrarse en el terreno de lo confesional, visceral y heterodoxo. Ahí es donde la vida misma nos muestra la gran paradoja de la existencia, ya que vivimos para morir, en un tono elegíaco, muy del gusto barroco: «Si hablo de la muerte es porque llevo años muriéndome» y donde el absurdo impregna muchos de nuestros comportamientos: «Siempre me piden poemas inéditos. / Nadie lee poesía / pero me piden poemas inéditos.» Tanto es así que llega el momento en el que cabe la vulgaridad, tan cerca de nuestra realidad cotidiana, de la que sin duda se nutre la poesía de Pedro Serrano. Por esa razón, como en la vida, en los poemas de Heredar la nada lo sublime se nos muestra empedrado de prosaísmo: «Cuando uno descubre que en solo un instante / puede amarse como en toda una vida / se acojona…»
Pero, sobre todo y a pesar de los pesares, Heredar la nada es un derroche de vitalidad, un revulsivo poético, la revelación de un hombre que descubre para nosotros, ávidos lectores, que «Tal vez la oscuridad / sea luz desconocida.»
«¿Y si todo fuera mentira?», dice en un momento dado Pedro Serrano. A mí, personalmente, me gustaría contestarle que siempre nos quedará la poesía.
El ‘Tiempo de destrucción’ de Luis Martín-Santos

Que un libro como este, reeditado con algunas modificaciones por parte de Mauricio Jalón, vuelva a ver la luz, tras su ninguneada aparición en 1975, es un acto de justicia poética que hay que celebrar.
A la editorial Galaxia Gutenberg, a los herederos de Luis Martín-Santos -Luis y Rocío- y al propio Mauricio Jalón debemos ese honor, la resolución del enigma, que así es como se nos presenta, con ese componente de misterio, la obra póstuma del desafortunado autor de Tiempo de destrucción.
Distinto a Tiempo de silencio, Tiempo de destrucción cimenta la fama de Martín-Santos como novelista aguerrido, de palabra fluida y brillante. Cuando el fondo y la forma, ambos rebeldes, disconformes con el statu quo, sabios, en pie de guerra, se alían el resultado es una magnífica obra, de esas que abren caminos, que a su paso dejan un reguero de luz.
Mordiscos literarios
Un anticipo literario es una forma estupenda de abrir boca, de degustar en las papilas lectoras una muestra de lo que, en un futuro próximo, asumirá forma de libro. Una manera también de sondear la reacción de sus hipotéticos lectores.
A la postre, no deja de ser un estímulo para continuar con el arduo trabajo de escritura que precede a cualquier creación literaria y, ¿por qué no?, también puede llegar a ser, si se cumplen los buenos presagios, una palmadita en el hombro. Sin alimento para su ego, cualquier escritor puede precipitarse hacia el abismo de la incapacidad creativa.
Por esa razón y porque me da la gana, ahí va un bocado de mi nueva novela, todavía en proceso de gestación, titulada Madre no hay más que una y mejor así.
Allí se quedó, en el asiento del conductor, con las ventanillas subidas y la vista fija en los cuatro neumáticos, con el móvil pegado a la oreja, arrullado por la melodía de la música en espera. No se largaría a casa en taxi como la última vez.
Debía custodiar su tesoro a cambio de no precarizase aún más. Había entrado en calor y bajo el influjo de los violines susurrándole en el oído, fue capaz de ordenar sus ideas. Tenía que ser aquella maldita hija de puta, solo ella podía haberlo hecho. Tenía pinta de hechicera o, lo que era lo mismo, de jefa liliputiense de una banda de mafiosos. Y mientras el resto fuera igual, hombrecillos accesibles, golpeables, a los que él intimidara, pigmeos con mala leche, aún tenía alguna opción. El último pensamiento se le mezcló con imágenes violentas, golpes bajos y armas. Su mente se tiñó de sangre y volvió a sentirse impotente. Pero, ¿dónde se había metido la mendiga? La escena presentaba demasiadas analogías con el otro día, aunque en este caso lo hubieran jodido vivo. Esperaba ser capaz de entenderse con ella, de aclarar las causas de esa sutil tortura, para la cual no encontraban ninguna explicación lógica. El violín arremetía ahora con brío y una voz melosa, pregrabada, con una pronunciación exquisita, le decía que se mantuviera a la espera. La temperatura era buena, confortable. Intentó relajarse. Para entretenerse sacó el libro que tenía pendiente: Porta Coeli: la orden de Santa Ceclina, de Susana Vallejo, una representante de la ciencia ficción “femenina”. Por lo demás, nada nuevo bajo el sol. Todavía no se había atrevido a leerlo. Sentía una especie de resistencia a abordar nuevas historias. Cada libro, un mundo nuevo. Necesitaba un tiempo de carencia, en el que digerir, asimilar la anterior lectura, antes de intimar con otros personajes, implicarse en argumentos distintos, conocer sus escenarios de los que, a priori, siempre dudaba. Aunque hubiera elegido él el libro. Aunque la crítica hubiera vertido un cántico de alabanzas. ¡Pues no le había pasado veces que tras cincuenta páginas de lectura no encontraba ningún motivo para librar al libro de turno −tanto papel inútil− de la hoguera de San Juan! El ejemplar de Susana Vallejo le proporcionaría muchas páginas por delante. Se trataba de una tetralogía. Demasiado tiempo invertido, demasiada letra malgastada, pensó. O no. Hasta que no se sumergiera en los miles de renglones de aquella autora aplicada no podría opinar. Cuando llegara a su fin le invadiría un cierto desamparo −como siempre− y, por mucho que le hubiera gustado, tendría una evidencia de que esa historia era irreal, que algo así jamás sucedería y eso era terrible. Le condenaba a una vida de tinieblas. A su propia vida. Linterna en mano, enfocando aquella portada azul con sus tres torres imponentes, no tenía muy claro si pasar página, si abrir la puerta del castillo. Desistió. Sabía que no podría concentrarse. Dejó el libro sobre el asiento del copiloto y decidió ahorrar pilas. Tal vez las necesitara para más tarde. Mejor la radio, música suave, sin quitarle el ojo a los neumáticos, sin dejar de prestar atención a los violines. Aquella bruja se las iba a pagar…
Una sustancia sin forma rebotaba en su cerebro de sien a sien, intentando encontrar acomodo, la formulación exacta que la hiciera posible. Pero el propósito le abrumó y dejó que esa sustancia pegajosa deambulara en el interior de su cavidad craneal, entregada a una búsqueda incesante, huérfana de palabras, y prefirió no pensar, caer en una nebulosa que anulaba la voluntad y que le desprendía de su propio cuerpo.
No fue la mendiga quien le despertó, sino el reguetón de tres coches derrapando de pronto en el aparcamiento. Consultó el móvil. Desde que había llamado a la asistencia había pasado una hora. ¿Incompetentes o saturados de trabajo? ¿Las averías disparadas un viernes noche? Casi se alegró de tener nuevos compañeros de aparcamiento, inesperados, sí, pero muy ruidosos. Lo suficientemente escandalosos como para hecerle regresar. El sopor que provocaba el aire acondicionado le adormecía y lo último que quería era bajar la guardia en su improvisado puesto de vigilancia.
Entonces fue cuando ella apareció, repiqueteando sobre la ventanilla del Lancia Ypsilon. Lo que le vino a decir entre mentiras y veras, con aquella sonrisa indescifrable y un olor que confundía a Jorge, era que debía darle la agenda, que ya estaba bien de jugar al ratón y al gato, y otras cosas incomprensibles.
En ese momento los ocupantes de los coches que habían irrumpido en el aparcamiento con la música zumbando se acercaron al vehículo. La ignorancia de uno no es la ignorancia de todos, aunque eso cueste entenderlo, sobre todo cuando es uno el afectado. Al sentirse acorralado, sin posibilidad de escapar, se asustó. No era hombre de reacciones rápidas ni desmesuradas. En su vida siempre había habido más reflexiones que acción, así que tragó saliva y trató de preguntar, pero la mendiga no parecía tener ganas de aclararle las cosas.
(FRAGMENTO DE ‘MADRE NO HAY MÁS QUE UNA Y MEJOR ASÍ’, DE DOLORS FERNÁNDEZ GUERRERO)
Els Dijous del Mercantic
Aquí os dejo una de las agendas culturales más interesante del momento, la de «Els Dijous del Mercantic», que se celebra el último jueves de cada mes en la intemporal librería El Siglo de Sant Cugat (Barcelona-España).
En el emblemático espacio de la mayor librería de viejo de Cataluña, unos cuantos conspiradores de la cultura nos reunimos por algo tan candente, vivo, inquietante y polémico como es la literatura, esa que se escribe desde las entrañas, a fuego lento, a pesar de los convencionalismos, los tabúes y la desesperanza. También para remover conciencias.
No lo dudéis, solo podía ser en el Mercantic de Sant Cugat. Allí os quiero ver.
https://entretantomagazine.com/2022/01/19/arranca-la-nueva-temporada-de-els-dijous-del-mercantic/
Volutas
Era el imprescindible, el dueño del espejismo. Mientras las anillas de humo avanzaran perezosas y ascendieran hasta el techo, todo iría bien. Solo que aquel día, su voz ronca, de fumador empedernido, habló después de exhalar su última voluta. Ella dudó al ver cómo aplastaba el cigarrillo contra el cenicero. Cegada por el espejismo, se negó a creer y un tirabuzón gris, turbio, se marchitó en algún lugar, resuelto en humo de tabaco.
‘Halogramas’, un regalo literario
Un lector apasionado como Marcos A. Palacios le dedica una reseña espectacular a mi novela breve, Halogramas: distopía en el espacio.
¡Eso sí que es un regalo!
El tigre ruge en Elche
Aquí dejo la charla que mantuvimos Alberto García Gutiérrez y yo sobre mi novela, El club del tigre blanco, en el Espacio Hernandiano de Elche.
Nada es lo que parece, porque es más que lo que ves…






