Recorreré el camino inverso
que va de ti hacia mis ojos.
Después regresaremos
al centro del universo.
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El hombre necesario
No sé si necesitas un hombre o un árbol
alto, erguido, robusto, perdurable.
Coger su mano de rama
hasta que se claven en tu palma
las estrías de su corteza
y que ese tatuaje te acompañe
bajo la luz del ocaso.
No sé si necesitas un hombre o un ave
poderosa, rapaz, elegante.
Adormecerte entre sus garras
para que te arrulle sobre cimas rocosas,
libre del naufragio de los mares
y que la verdad de su pico algebraico
sea la medida de tu talle.
No sé si necesitas un hombre o
el instante…
Revista Nagari: «¿Quién teme al ‘Ulises’ de Joyce?»
Una vez más la revista Nagari en su número de junio me publica uno de mis trabajos. Esta vez colaboro en el apartado de «Ensayo», con una reseña bastante extensa sobre el Ulises de Joyce.
Me siento muy satisfecha por el resultado de mis pesquisas, por eso mi alegría es doble.
Mil gracias a Omar Villasana y a todos los que componen Nagari. Desde Miami están haciendo un trabajo fenomenal a favor de la cultura latina.
Nagari, una revista sobre arte y literatura altamente recomendable. Disponible en edición impresa y digital.
No os la perdáis.
El recuerdo
Punto y final
«La rama» canta con Octavio Paz
Este poemilla me parece encantador. Es de una gran sencillez temática y formal, en homenaje a la poesía tradicional, popular. Sus versos octosílabos con rima consonante constituyen unos tercetillos rítmicos y ágiles.
Me ha gustado esta incursión de Octavio Paz en este tipo de poesía. La sonoridad es tan diferente a lo que estamos acostumbrados, que he querido traerla a este blog y recordarla.
¿Qué os parecen estos versos de viernes?
VERSOS DE VIERNES Y FELIZ FIN DE SEMANA
La rama
Canta en la punta del pino
un pájaro detenido,
trémulo, sobre su trino.
Se yergue, flecha, en la rama,
se desvanece entre alas
y en música se derrama.
El pájaro es una astilla
que canta y se quema viva
en una nota amarilla.
Alzo los ojos: no hay nada.
Silencio sobre la rama,
sobre la rama quebrada
Octavio Paz
Sueños de un astronauta
Tengo satélites dentro de mi cabeza.
Sonámbulos, giran
en una carrera loca,
en trayectorias cruzadas
que alteran la danza del universo.
Oscilan de una sien a otra,
como latigazos de insinuación
contra el pensamiento lógico.
Desearía volverme ubicua
y despoblar la zona atrincherada de mis cejas.
Sería –creo yo- igual que arrancar
una cúpula a una azotea opaca
y contemplar el espacio
sembrado de interestelares ideas,
todas posibles, todas recién nacidas.
Sobre mis ojos, a través de la ranura abierta,
buscaría nuevos planetas
y orbitaría alrededor de ellos
en una orgía celeste,
lejos de mí, olvidada de la Tierra.
Globos de helio
Cuando la devastación del sueño
aligere los contrapesos
será más fácil contar
los “me gusta” o los “te quiero”
de los que en una pantalla
te llaman compañero de viaje.
Hasta entonces eres un iconoclasta
enfebrecido de imágenes
y la última copa en otro bar
te volverá un poco más ciego,
más lerdo, más lento.
Tu realidad se ha vaciado
como un globo de helio.
Ha caído sin ligereza sobre tus hombros,
ha cargado contra tu espalda
y tu perfil se ha vuelto mucho más convexo.
El tintineo del hielo adelgaza
su propia materia
y en última instancia deja de ser.
Pero tú bebes,
aunque no compartas con nadie
el elixir de tu charco noctámbulo.
Porque eres un orfebre
que apura la copa.
Temeroso del cristal
relames la última gota
so pena de recitar
la declinación de tu deseo:
luna, lunae; luna, lunera.
Se derretirán palacios tras la mirada
de una rubia pretenciosa
o de una morena
sin clavel para tu ojal.
Así, sin más, se acabará
y la sustancia de la noche
será un bumerán que siempre regresa.
Notas un frío de fósil húmedo,
reblandecido,
de arenque sin sal.
Solo un reclamo de voces
avisa que es la hora.
Claudicáis tú, el garito y el alcohol.
Tan lejos la casa,
el salvoconducto de la cerradura,
el nudo de la sábana
contra el colchón.
Luna lunae, no te mueras,
eres, sola tú en la noche,
-hermosa, menguante-
la que muerde con saña,
con rabia, con pasión.
El resentimiento se ha vestido de sed
en las copas afiladas
que revelan la fotografía de un instante.
Él aún espera un “me gustas”,
un abrazo urgente,
la ubicuidad de alguien
aunque jamás pronuncie “te quiero”.
El astillero
Hiela en este rincón del astillero
donde se arman las costillas
una a una
y en un regazo desconocido
se acunan ráfagas,
presagios del viento del norte
que se filtran entre rendijas
apuntaladas con cal.
Hiende la verdad por su clarividencia
el mismo centro del meridiano
y acaba inventando
una mentira
tan pálida y ojerosa
que nadie se la cree,
a pesar del maquillaje
sobre su media sonrisa.
Hieren los peldaños que descienden al vértigo.
La condena para el vencedor
es un repiqueteo de gotas de acero
aunque la sequía,
el tiempo ante su stop,
el paraguas afilado
compongan un caligrama
que se traiciona en cada beso.
«La antorcha de Kraus», cuando el ensayo se convierte en poesía
Me gusta este blog porque es un remanso en el que cabe el pensamiento sin otra finalidad que pensarse a sí mismo. En clara alusión al escritor, periodista y pensador austríaco Karl Kraus, La antorcha de Kraus es un espacio para demorarse con lentitud y paladear reflexiones, ideas, momentos. Se cita a Nabokov o al pintor Ángel López-Obrero. Cualquier acto, cualquier resorte intelectual o artístico da pie a algún comentario pertinente que promueve el discurso filosófico y existencial. Siempre desde una prosa cuidada, poética y elegante.
Altamente recomendable.
«El humano necesita recibir avisos del azar. En forma de error, de desliz, de rotura, de fallo, de despiste, de caída, de herida, de pérdida. Creo en esos avisos que nos sitúan en el terreno en que el hombre es más auténtico. En el de su fragilidad. «
(Blog La antorcha de Kraus, 28 de abril de 2016)






