Cuando el infinito se hace poesía, Ramón Andrés

El poeta Ramón Andrés se adentra en los mundos del pensamiento humano, donde las reglas convencionales y presuntamente «realistas» se manifiestan insuficientes.
En Poemas infinitos su lenguaje recurre a metáforas innovadoras, osadas, puesto que su intención es acceder a la verdad última de todo lo que ve, lo que sufre,  lo que siente, como ser vivo que habita un mundo infinito. El propio autor es integrante de la humanidad y representante de todas sus contradicciones, por ello sabe que la mirada de los hombres -que todos, inevitablemente, compartimos- parece empeñada en lo contrario. «Desvelar» y «revelar» son su fin poético.

¿Qué os parecen estos versos de viernes?

VERSOS DE VIERNES Y FELIZ FIN DE SEMANA

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Malos tiempos para la lírica

Hoy en la revista Nagari aparece mi artículo titulado «Malos tiempos para la lírica«.

Por supuesto, el título lo he tomado prestado de la movida ochentera, concretamente del grupo Golpes Bajos, quienes, a su vez, lo habían tomado prestado del poeta Bertolt Brecht.

Algunas cosas se veían venir…

 

«Ya sé que solo agrada
quien es feliz. Su voz
se escucha con gusto. Es hermoso su rostro.
El árbol deforme del patio
denuncia el terreno malo, pero
la gente que pasa le llama deforme
con razón. (…)»

(fragmento de Malos tiempos para la lírica, Bertolt Brecht)

MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA. María Dolores Fernández

Tiempo de sueños

Soñar
para aterrizar en los parajes
donde cantan las ballenas,
donde la soledad es
el huésped de todas las fiestas.

Cumplir la profecía
para que se acerquen
Aquellos que nunca estuvieron,
para reconocer el espanto
en todas las caras:
en las desparecidas,
en las que se adivinan,
en las que todavía no están.

Desorientarse
para que Aquellos que creíamos
que nunca vendrían
por fin lleguen
y su alegría
nos aproxime al infinito,
a la cota inalcanzable
del significado,
a la precaria idea
promiscua.

Rendir homenaje
para que la desproporción
de nuestras vidas
sea cifrada
entre los que vinieron
y los que se van.

Incluir en la balanza
sueños
tiene la precisión
de una pluma,
la cualidad
de estorbar la vigilia.

Los que cierren los ojos
jamás verán la señal.

Dolors Fernández Guerrero

Quemar las madrugadas

No quemes, mujer, las madrugadas
ni la guirlanda de flores rojas
allá en tus cumbres.

Hay que blandir espadas de espuma,
nadar en medio de la desnudez,
yacer sobre el musgo ardiente
para entender cómo se hace
el pan de cada día,
para saborear tu amargo café.

La piedra angular
que habita en la cúspide de tu ombligo
se ríe a sus anchas
sobre los edificios desahuciados.
Es por ti que los balcones
se abren como en días de fiesta
con sus mejores galas,
pero las ofensas son rejas
y rugen recias, rojas, rancias
repletas de encías como sierras,
afilados dientes sobre tu vientre.

Hoy, mujer, luces la guirlanda de flores
y es la vida quien te abraza
y te salpica la espuma de agua
y descansas sobre el musgo
y amasas el pan
y aspiras del café el aroma.

A aunque sé, mujer, que no es bastante,
y lo siento en esta madrugada que arde,
deseo mirarte como nunca, como nadie,
y será mi reclamo
quien te hable
lo suficiente, lo justo.
Solo.
Amante.

Dolors Fernández Guerrero

El don de la embriaguez en Li Po

El poeta Li Po o Li Tai Po nació en China en 701. Fue, junto a Tu Fu, uno de los poetas clásicos chinos más importantes. Cultivó la lírica, con especial apego a los temas paisajísticos y populares, siempre alabando los placeres de la vida. Su lenguaje poético supuso una renovación de los esquemas tradicionales al recurrir a la sencillez formal y a la intensidad de la expresión.
Preocupado por la situación del pueblo en la China feudal, su poesía, sin embargo, ensalza la belleza y propugna un mensaje hedonista, muy en línea con el carpe diem de la literatura occidental. Muchos de sus poemas representan un elogio vehemente hacia la bebida y sus resultados más inmediatos, la embriaguez.
Llegó a ser poeta de la corte imperial del emperador Song Zhong y disfrutó de su favor hasta que voluntariamente decidió abandonar su puesto de poeta real por desacuerdos en  política.
En el poema que  presento hoy en «Versos de viernes» se realiza una alabanza encendida a la ebriedad, situación en la que al parecer él mismo se encontraba con frecuencia. La belleza lírica del pasaje descrito y la fuerza de las imágenes son, indudablemente, únicas. Una manera diferente de enfocar el tema, pero no por eso menos bella.

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VERSOS DE VIERNES Y FELIZ FIN DE SEMANA

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Yeats, mítico y soñador

 

La poesía de William Butler Yeats (1865-1939) rinde homenaje al amor, a un tiempo pasado, épico y mítico, teñido de melancolía. También describe con un regusto nostálgico gestas y leyendas celtas,  de acuerdo con sus reivindicaciones  nacionalistas.
El gran poeta emplea una simbología propia,  procedente de las tradiciones literarias occidental y celta con la finalidad de abordar temas como la belleza, el paso del tiempo, los deseos y aspiraciones no cumplidos, inscritos en paisajes de calma y ensoñación.
El lenguaje de Yeats es refinado y nos transporta a mundos de irrealidad, confiriendo al poema un halo de inconcreción y misterio sumamente atrayentes.

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El panteísmo palpitante de Vicente Huidobro

Con Vicente Huidobro y Pierre Reverdy nace el creacionismo en poesía. Esta corriente defendía la función «creadora» del poeta, en clara alusión a la capacidad fundacional de un dios. La potenciación de la imagen, la supresión de todo lo anecdótico o descriptivo son las señas de identidad de este movimiento, que surgió en París alrededor de 1916. En concomitancia con las artes plásticas, cuya búsqueda de nuevas formas y técnicas llenaba el barrio de Montmartre de la capital francesa, la poesía tiene en Huidobro uno de sus máximos exponentes. El autor chileno escribió Altazor o el viaje en paracaídas en 1931, y  es su obra cumbre. En su primera edición, el libro incluye un retrato que del artista realizó Pablo Picasso.
La intensidad de las imágenes, las referencias al dolor y a la angustia no restan belleza al poema. Por el contrario, Vicente Huidobro actúa de apóstol ya que, en comunión con una naturaleza palpitante, logra alumbrar un mensaje de desazón universal.

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A Pablo Milanés

No sé cuándo fue
pero escuchaba a Pablo Milanés.
Anochecía en la cocina
mientras ungía guisos
bajo palio -la campana extractora-.
La encimera me prestaba su calor.

Ya no recuerdo
colores, aromas,
el sabor de posibles humedales.
En cambio, sé
que el tiempo
hervía en ollas a fuego lento.

Pablo Milanés cantaba
a Yolanda, aquella mujer,
y era el momento
quien mecía
mi mano adulterada
por una cuchara de madera.

Sí, recuerdo que Pablo
amaba a Yolanda
y que ella le colmaba.
Aún guardo su tacto
grave, cálido
entre mis dedos.

Hoy mi mano
desea regresar con Pablo
a la epifanía de su voz.