Algunos escriben y otros (como yo) a veces osamos escudriñar la escritura ajena, interpretar obras publicadas y, en alguna medida, apropiarnos de ellas.
Algo así es lo que ha sucedido con el primer poemario de un novelista consagrado como Víctor del Árbol, Mientras el mundo dice no, una obra extraordinaria, inusual en el panorama poético actual.
La revista digital Zenda recoge mi reseña, una aproximación personal a una poesía potente y desinhibida. Si he acertado o no el tiempo lo dirá.
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El bufón en el espejo
¿Qué sentido tiene la dignidad
cuando el bufón
con su cuerpo de peonza
mira socarrón al otro lado del espejo?
Un giro, una pirueta descontrolada
convocan un duelo
sin esgrima,
gotas de acíbar entre destellos
de tierra mojada
y sus ojos como terrones marrones y secos
son el alimento de la distancia.
¿Qué sentido tiene yacer boca abajo
desdibujada en el enigma
de un boceto no resuelto?
Duele el color gris,
el tósigo corriendo por las venas,
el suspenso del ser
sin alas,
perdido el pie en cada quiebro.
¿Qué sentido tienen
todos los cascabeles de un gorro,
su apretado arcoíris,
zascandiles del tintineo,
risa loca del bufón
al otro lado del espejo?
Solo rueda
y con su cuerpo de peonza rueda,
mientras a su alrededor
−esperpento sin sombra−
un lazo invisible
en su bucle lo aprisiona.
¿Qué sentido tiene la dignidad
cuando nada valioso ni insigne
interrumpe tu perfil
al otro lado del espejo?
Dolors Fernández Guerrero
Incendios
Clama el incienso
porque prendieron la llama
y el fuego de las arbitrariedades
se ha disuelto en la trifulca
de las medianoches.
El arrebato solo alcanza
el bate de béisbol
con tornasoles de molinete.
Yace el ocaso
entre las tinieblas.
Tu nombre junto al mío
no bastan para completar
el abecedario.
Allá lo inconcluso y parirán las lechuzas
en nidos de cañas y barro
oscuros polluelos
de piar abisal.
No dejes que llegue
NADIE,
no dejes que NADIE
con su ojo de cíclope
te lastime,
una vez más.
Dolors Fernández Guerrero
Presentación de ‘Mientras el mundo dice no’ de Víctor del Árbol
El pasado día 30 de noviembre fue la presentación del primer poemario de Víctor del Árbol, Mientras el mundo dice no, editado en la editorial Espasa, dentro de su colección Espasa Poesía.
Hasta ahora conocíamos la trayectoria de Víctor del Árbol como novelista, brillante, con importantes galardones como el Premio Nadal en 2016 o el nombramiento de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras en Francia en 2017, solo por citar los más prestigiosos. Sin embargo, con esta publicación tenemos la oportunidad de descubrir al poeta.
La poesía es el lugar ubicuo donde la intimidad de cualquier autor se revela con más plenitud y, por ende, lo confesional se vuelve inevitable.
En ese marco lo inefable puede, a pesar de los silencios y de los secretos, ser sublimado por la palabra poética. Ahí es donde los versos de Víctor del Árbol se vuelven proféticos.
Redoble de tambores
Hay una garra que chirría en los cristales,
un cansancio de ojera que desando con mis pasos,
un enano hábil con los malabares
que avanza entre cabriolas
depositando mil cáscaras de huevo
a mis pies.
Es tan frágil ser,
solo piel con huesos, tendones sin su arco,
sangre decolorada en la maraña,
infernal cabellera de Medusa,
fanática y absurda,
salvaje en su sentencia,
en su mirada de dragón.
Se rasga la noche,
la vida es una insolencia
que hurga en el adobe del silencio.
En él se maceran
golondrinas circunflejas
que desean redimirse ante la vida,
sin percatarse, sin saber
apenas
que son solo tijeras negras,
recortes del ayer,
imposibilidad del mañana.
El hoy es un redoble de tambores.
El corazón no descansa.
Dolors Fernández Guerrero
La entrevista: en la otra orilla de la realidad
Pliego suelto, la estupenda revista digital sobre temas literarios, publica en portada mi artículo titulado «La entrevista como género: un diálogo condicionado con el ‘otro'».
Agradezco a sus directores, Julio Hardissan y Ricardo Iván Paredes, la deferencia y su interés.
La «otredad» en el lado opuesto de la orilla ofrece múltiples perspectivas, también desde el punto de vista de los géneros literarios y periodísticos. ¿Dónde acaba el periodismo y empieza la literatura?
A ese tigre
A ese tigre rayado de espino,
−eléctrico temblor en cada abrazo−
regalo sin aliento mi regazo,
pasión quebrada en el cristal del vino.
Y sé que me disuelvo en un retazo
inútil de su piel donde adivino
su voz, geometría sin destino,
triángulo armado en un pedazo.
Ser náufrago en un tiempo sin fluido,
viajar con este tigre que delata
el ansia mientras roe al vencido,
robarle al silencio el tiempo perdido,
nadar y perder la ropa que ata
el loco desamor a su rugido.
Dolors Fernández Guerrero
Amado desamor
Del amor no tolero el desamor
de aquel al que absurdamente amo,
por más que me agasaje sin temor
con los ojos enturbiados del gamo.
No confundir la voz de su reclamo
con la vana hojarasca y su rumor
evita que me arrodille en su páramo
y que me invada voraz su tumor.
Amar sin ser amada es un dislate,
es cantar al desamor y al gemido,
hacer oídos sordos donde late
el corazón que muerde descosido.
Hoy en el desahucio que me abate
siento el gamo, el asta y mi alarido.
Dolors Fernández Guerrero
Guerra perdida
Emprendo a veces,
sin querer saberlo,
a contrapelo,
guerras de antemano perdidas.
Yo lo sé
y los desgarrones en mi piel
dan fe de la contienda
y de mi tesón inútil.
Cuando la línea roja se traspasa
y el trampantojo
adquiere la cualidad líquida del deseo
la brecha se hace ascuas.
Un batir de alas,
una hoguera,
el ave fénix se desangra.
Emprendo a veces,
sin querer saberlo,
a contrapelo,
guerras de antemano perdidas
y en el quebranto de mis noches
se alza la pesadilla de mi espada.
Debería acometer la conquista de otros mundos,
más allá de esta luz cegadora,
sumergirme, insumisa,
en las grutas de la certidumbre,
hacer del fósil mi estandarte
más inane.
Emprendo a veces,
sin querer saberlo,
a contrapelo,
guerras de antemano perdidas.
No ha lugar para la deserción,
la traición es un tabú en la garganta
y un reto salvaje.
Al toque de la corneta,
acomete la hecatombe.
El viejo me acompaña,
me enseña sus encías sin labios,
irradia el hedor
que declara mi derrota
y yo bajo la espada,
el mundo se descerraja.
En el pasadizo de rocas
vislumbro el vacío,
y aun así…
Emprendo a veces,
sin saberlo,
a contrapelo,
guerras de antemano perdidas
y, sin embargo,
no puedo,
no quiero,
no sé,
retroceder acaso,
huir,
rogar por una aministía,
dejar de empeñarme,
maldecir,
ser,
ciegamente
arrasar mi mundo
ya sin vida.
Dolors Fernández Guerrero
La telaraña
A ras de suelo, en mi telaraña,
urdo con hilos tercos
la untuosa voz de los secretos.
Hieren con voz de cristal,
falsos, quebradizos,
espejismos percutores
a los que solo cabe enfrentarse
a pecho descubierto.
El tiempo es un toro que embiste impasible
y arremete contra el recuerdo,
agigantando la invención
de un dolor sin paradero.
Un tiro en la sien dolería menos:
sería un final sin dilemas,
sin duelos ni padrinos,
a sangre fría,
un consuelo
sin vestigios,
sin testigos,
sin herida,
solo un cuerpo en su mortaja,
cadáver inmortal
que en el no ser resucita.
Mata la muerte
postergada,
el abanico de tus pestañas
y las palabras adivinadas,
las omitidas, las deliberadamente
calladas,
las que no ensucian
el olvido inexcusable,
el aroma del eucalipto,
la paloma mensajera,
el agua clara,
la nada.
Esta tarde solo sé
que cruje la telaraña.
Dolors Fernández Guerrero










