Archivo por meses: agosto 2015

Un día de invierno

Aceras sucias dentro de túneles opacos.
Un día de invierno, o tal vez no.
Charcos que perduran en los adoquines hundidos.
La marcha incesante de pies y cuerpos
mientras el alambique de las gargantas
destila lentos presagios,
regurgita la decepción.
La mansedumbre de la ciudad es un espejismo.
Barcelona la fenicia,
Barcelona la señora,
Barcelona la fulana.
Solo uno más
entre el rebaño que otea el cielo
apaciguando el alma, diciendo que hoy,
con suerte,
no lloverá, pero mañana quién sabe…
Insensible,
la hora de las verdades cae en el olvido,
en el espacio límbico
sin patria potestad.
Barcelona florece por dentro
en busca de esa rara avis,
dalia en el hueco de las manos,
aroma de estancia compartida.

Arquitectura de la soledad

Reflectores del silencio abanican mi soledad
y los grillos incansables sacian su canto de sirenas
a costa del radar oculto de mi insomnio,
que no languidece ni de día
ni en su oscura metamorfosis.
Solo puedo transmitir en clave cifrados mensajes
que traspasen los muros de la ciudad
para multiplicarse en las antenas,
emularse exponencialmente en los satélites
hasta una infinita BCN,
con la retrospectiva del big bang
último o primero.

Si no pudiera verte más
se reencarnaría  en viento mi palabra,
el verbo con su semántico deseo,
para rozar tu aroma, tu esencia, tu cuerpo,
lo que hace de ti mi yo incompleto.
Habitando tu espacio sin respeto
y transitando tus movimientos,
yo sería ese soplo de viento solitario
que se enamora de la tarde
antes de que las sombras hayan vencido
la proyección taciturna
de mi postergado anhelo.

Rastrojos y erizos

DionisosArrasados los ojos por el rímel y el sueño, se dirigió cansinamente a su dormitorio. Convertir en celebración cualquier circunstancia era una de sus ¿escasas? cualidades. Aquella noche él, ella, todos habían celebrado su marcha a Hamburgo, su nuevo puesto de ingeniera. El vino anega los rastrojos que te pinchan hasta convertirte en erizo. Un brindis y adiós, amor mío.

Uva madura

Tal vez fue el ocaso, que arrasa las luces y el día. Acaso fue el «Bolero» de Ravel. Lo único cierto, el destello de cristal en tus ojos de uva madura que, cual vino tinto, me bebí.
Desde entonces, duendecillos felices me apuntan en tu pupila, y por mi resquebrajada corteza me invaden hasta la raíz.

Dionisos

Mira el viñedo con cepas antiguas y vid nueva, hijo mío. Nudosos troncos arraigados a la tierra junto a savia recién nacida que bucea en su lecho armado con terrones de sol. Aquí crecerás oliendo el mosto de la uva hasta que un día pruebes su metamorfosis en vino, ese torrente de líquido maduro que brinda ufano con la vida.

Si volviera a nacer

araña“Al despertar, Gregorio Samsa una mañana tras un sueño intranquilo encontróse en su cama transformado en un monstruoso insecto”

Franz Kafka 

“A los elefantes les cuesta mucho adaptarse, las cucarachas sobreviven a todo.”

Peter Drucker

El anciano que viajaba en el vagón de cola miraba de hito en hito, asombrado por el gentío y sus hechuras. No estaba acostumbrado a ir en metro, y fuera de su casa, su calle y el casino se sentía como un bicho raro. Eran setenta y pico años a la espalda y ya quedaban muy atrás los tiempos en que la aparición de un mayor activaba entre la concurrencia un resorte. Difícilmente encontraría a cinco o seis personas dispuestas a cederle el asiento con sonriente solicitud. Le costaba hacerse al nuevo rumbo de usos y costumbres. Seguir leyendo Si volviera a nacer →

El bate de béisbol

El bate de béisbolEsta vez había ido al club con esa idea fija. Le había dado preferencia en su ranking personal y podría decirse que la llevaba escrita en la frente. Lo que no cambió fue el ritual de costumbre: beber y meditar sobre la barra americana, cargando el peso de su cuerpo en los codos. Sin interferencias ni molestas intromisiones.
Así, entre sorbo y sorbo el fluir de su conciencia le fue mostrando la estrategia que debía seguir. Aquel hilo de pensamiento le llevó adonde él quería para gran alivio suyo. Amancio pudo, al fin, tranquilizarse y seguir bebiendo, pero ahora por pura diversión.
En aquel lugar se situaba sin ambages en la frontera entre la realidad y el deseo. Una realidad materializada al compás de un millón de hormigas que le recorrían el estómago, y a las que seguía en su camino ascendente de excitación. Le gustaba. Seguir leyendo El bate de béisbol →

Nuestras memorias

nuestras memóriasHoy, mientras mecanografiaba las memorias me he dado cuenta. Llevo tres meses tecleando sin parar vicisitudes, descripciones y reflexiones que a mi modo de ver son inconexas. Tan inconexo como verme aquí, con este viejo teclado, escupiendo palabras sobre el monitor. En cualquier casa de este elegante barrio, los cronistas, como ella, utilizan el micrógrafo. El teclado es tecnología tan antigua ya, que a punto está de considerarse obsoleto. Seguir leyendo Nuestras memorias →