Halogramas: «El Consejo de los Veinte»

3. El Consejo de los Veinte

El Consejo de los VeinteCuando el Alto Patriarca de la Luz traspasó la puerta, todos se levantaron en señal de respeto. Acto seguido se llevaron la mano izquierda al pecho, tocando la insignia que era el distintivo de su cargo; luego la alzaron hasta la sien de idéntico lado y por último cruzaron los brazos sobre sí mismos, con las palmas abiertas, cada una de ellas apoyada sobre la extremidad contraria. En su gesto formaban un cuerpo compacto en el que las manos parecían nudosos troncos, recios y vigorosos.

Tras un par de segundos de solemnidad se deshizo el abrazo y los veinte Consejeros volvieron a tomar asiento. El Patriarca de la Luz, el máximo mandatario de la Nave, habló en voz alta: Seguir leyendo Halogramas: «El Consejo de los Veinte»

Hubiera dicho que no

autorretrato-fridaHubiera dicho que no
y, sin embargo,
un resquemor crujió las aristas
del sortilegio.
La falla se hundió un poco más
tras la poda
del árbol-vorágine,
del árbol-incendio,
del árbol-fénix
y las aves desplegaron las alas,
piaron histéricas
en busca de un horizonte de luz.

Sonreí solo para mí,
de fuera para adentro.
Me senté en mi sillón
de teca y plumas
y me eché a dormir.
En el porche languidecía
una tranquilidad de luto.
Ya no había trinos
y apenas croaban las ranas
en su estanque,
en lo que algún día fue fuente,
a mi pesar.

Seguí durmiendo y soñé
en mi jardín hierático y perenne,
sin sentido -pensé-.
Pero llegó la mañana trasnochada
y con ella el reverberar
de un gallo lejano.
En su desnudez,
mi árbol podado era, a lo sumo,
un fetiche insensible.
Sin flor, sin fruto,
solo su terca persistencia
me ataba a él con un hilo de vida.

Contemplé que las aristas
habían cedido
y que el hundimiento
habría de llegar,
aunque yo hubiera dicho que no.
Caí luego en aquella hondura
incompleta
pero en mi cara
aún bailaba el aire.
Cuando abrí los ojos
la brisa pura
cimbreó sus ramas.

En mi subterránea certidumbre
me alegré.
Pensé en alcanzar sus raíces,
alimentarlo,
abonarlo
hasta hacerlo, de nuevo, mío.
Quise adherirlo al mundo
en mi desesperación,
para que en su destino
se labrara mi imagen.
Y sin embargo,
hubiera dicho que no.

Llovía a mares aquella tarde

Llovía a mares aquella tarde.
Los transeúntes
no caminaban
como siempre,
rápidos.
Huían despavoridos
bajo paraguas en sombra,
tentando a la suerte,
reptando bajo el agua.El paso, incierto,
se afirmaba
contra el desliz
de hojas mojadas
y hallaba veredas
sobre el lecho
de algún adoquín.
Era una tarde anochecida
de principios de octubre
o acaso de marzo.
¡Qué más da!
En los charcos arrinconados
temblaba el desamor.Llovía a mares aquella tarde.
Recuerdo todavía
el apagado eco
de una ambulancia
triste y turbia.
Cruzaba el asfalto
y hasta el amarillo era dolor.
Busqué refugio en
el único lugar posible,
un bar tan desolado
como su mármol sucio;
más solitario
que una colilla sin carmín.
Allí perdí la monótona
simetría
de copas atadas a sus amos,
inútiles, invertidas,
vacías de sueños sin licor.
Llovía a mares aquella tarde.
Mi piel aún conservaba
el lacre ardiente de tus manos,
la enjuta brevedad de tus dedos.
Me di cuenta en ese instante
de que el amor
arde en hogueras dispersas,
como fogatas de San Juan,
y que la lluvia es frío,
humedad, moho, vaho
adherido
al metal.

No era San Juan
y sin embargo,
ardían hogueras
laceradas
en mis manos,
en el hueco intacto
de mi espalda.
El estrépito de petardos
retardados
sacudía los ojales
de la nostalgia,
estridente
entre voces opacas.

Llovía a mares aquella tarde.
Y el beso que nunca  nos dimos
pereció en algún portal.
El amor sentenciado
hiere tanto…
Fue la ironía de un espejismo
la que me acompañó
aquella tarde,
porque llovía a mares
sobre unos labios
clausurados,
impregnados en sal.

Halogramas: «El brillo púrpura»

2. El brillo púrpura

Burbujas púrpuraPara Desiré Han la puntualidad era vital, imprescindible. Por el contrario, la impuntualidad reiterada, aunque se tratara del trabajador más ejemplar, era un indicio claro de negligencia y un acto irresponsable. Le parecía una falta de respeto hacia los compañeros que cumplían escrupulosamente con el horario establecido y una tomadura de pelo para la empresa, a la que se escatimaban horas y horas de laboriosidad.
Desde luego, mientras ella fuera la Directora de Recursos Humanos, no toleraría una falta de esa índole en ninguno de sus empleados. O eso quería creer mientras practicaba ante el espejo con un rictus de preocupación que subrayaba sus palabras. Había fruncido el entrecejo y apretaba los maxilares con fuerza. Creía que así ilustraba de un modo más efectivo su intransigencia. Pero eso no bastaba. Por más que reivindicara la importancia del cumplimiento inflexible de los horarios, el caso era que las faltas de puntualidad a la entrada de la factoría se sucedían con alarmante frecuencia.

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Halogramas: «La rosa de los vientos»

1.La rosa de los vientos

rosa de los vientosEn el acero de sus ojos el panel de control adquiría la belleza de una rosa de los vientos. De acuerdo con ese esquema, los monitores y pulsadores que a diario supervisaba estaban organizados en una estructura radial, profusamente decorada. Los colores rojizos y violáceos, intensos, contrastaban con el metal bruñido y formaban algo así como el retablo de una iglesia posmoderna.
Él, el hombre que todo lo podía, había sido el responsable de la renovación de los equipos informáticos. En su tarea había seguido un cierto sentido del decoro. Ya que la fealdad dirigía sus días, ¿por qué no rodearse de cosas bellas y a la vez útiles? Como siempre, en su forma de pensar prevalecían la determinación y el sentido práctico. Nunca le había asustado ir un paso por delante. Atreverse con temas controvertidos, ensayar procedimientos nuevos no le suponía ningún esfuerzo. Por eso estaba allí. Estaba convencido de que lo habían elegido a Él -y no a otro- por su particular visión del mundo. Seguir leyendo Halogramas: «La rosa de los vientos»

Odd Nerdrum, ángeles caídos

OddNerdrum-4Hace algunos días fui al Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM) de Barcelona. La oferta era tentadora: concierto de guitarra clásica, merienda y visita libre a la exposición temporal del recinto.
La actuación fue sobre ruedas. El concierto, a cargo de un excelente guitarrista, deleitó al público con piezas de música cubana. Además, no faltaron obras de Isaac Albéniz y Joaquín Rodrigo. Del primero el músico escogió unas raras jotas que nunca antes había escuchado y del segundo –cómo no− un fragmento de su maravilloso Concierto de Aranjuez. Por añadidura, los organizadores decidieron endulzar la velada con té o café y galletas. De ese modo atraían a un auditorio más amplio, incitado por la perspectiva de combinar los sentidos del oído y el gusto en un mismo evento. Seguir leyendo Odd Nerdrum, ángeles caídos

Halogramas

rosa de los vientosHalogramas es una distopía con momentos sorprendentes estructurada en 25 capítulos. Hoy he publicado el primero de ellos, titulado «La rosa de los vientos».
Mi intención es incluir cada semana aproximadamente un capítulo nuevo. Es una estrategia para facilitar la lectura e inocular el gusanillo de la intriga al que se acerque a sus páginas.
Con ello retomo el viejo formato de los fascículos, hoy día bastante olvidado, pero que a mí me parece muy válido.
Y ahora, la nota filológica. La palabra “fascículo” deriva del latín. Es, por tanto, un cultismo que ha evolucionado del fasciculus latino. A su vez, fasciculus es el diminutivo de fascis, que significa haz, manojo. De ahí “fascismo”, “faz” o “fajo”. Aplicado al tema literario estaríamos hablando de un conjunto de hojas que forman parte de una obra mayor.
Ahí queda el tema. Espero que os guste y, sobre todo, que os emocione.

 

Nuevo relato: «Halogramas»

halogramasQuiero anunciar que en los próximos días voy a incluir en el blog un nuevo relato. Se titula Halogramas. Acaba de salir del horno y aún huele a pan recién hecho. Pero a un pan especial, con harina cernida en mi propio cedazo y especiado a mi gusto, algo picante y  poco convencional.
Se trata de una distopía que a más de uno puede sorprenderle. O no. Eso dependerá de vosotros, los lectores, quienes siempre tenéis la última palabra.
Todos estos prolegómenos vienen al caso porque no voy a seguir el procedimiento habitual. Es decir, nada de incluir en el blog  el relato sin más, sino que lo voy a hacer poco a poco. Partiendo de que todo lo bueno se hace esperar tendréis que tener paciencia. Claro, eso si la historia os interesa.
La razón última es que se trata de una narración bastante extensa (sin llegar a ser una novela). Por eso he pensado que las entregas resolvían el tema de la falta de tiempo y añadían chispa al blog. Espero no equivocarme.
Cada pocos días publicaré un capítulo. Son 25, o sea que tenemos para varias semanas. Retomaré el viejo formato de los fascículos, hoy día bastante olvidados en literatura. No así en televisión, donde  las series se han adueñado de la audiencia.
Y ahora, la nota filológica. La palabra «fascículo» deriva del latín. Es, por tanto, un cultismo que ha evolucionado del fasciculus latino. A su vez, fasciculus es el diminutivo de fascis, que significa haz, manojo. De ahí «fascismo», «faz» o «fajo». Aplicado al tema literario estaríamos hablando de un conjunto de hojas que forman parte de una obra mayor.
Ahí queda el tema. Espero que os guste y os emocione.

¡Hasta pronto!