«Morir d’amor a Tavertet, al capvespre», d’Eduard Miró

Morir d'amor a TavertetM’agradaria que l’Eduard Miró ens escrivís un altre llibre amb el perfum i l’amor dels seus dos únics poemaris -fins ara-: Perfum de silenci i Morir d’amor a Tavertet, al capvespre. Així ens podríem delectar amb les seves emocions, amb les seves descripcions tenyides de significat sobre els paisatges, els fenòmens naturals, el capvespre i la nit de llocs tan singulars com Tavertet.
És la nit, tan present a la seva obra, la resolució inevitable del capvespre de Morir d’amor a Tavertet, al capvespre (valgui la redundància), el poemari que vull esbossar. No gosaria pas fer una altra cosa. És molt millor llegir-lo que parlar-ne.
D’entrada diria que  el títol dóna sentit a aquests poemes. Tots en el seu conjunt estan creuats per un tel nocturn i reten homenatge a la nit, als seus moments previs i a la seva foscor plena de lluminàries que acaben morint a l’albada. Seguir leyendo «Morir d’amor a Tavertet, al capvespre», d’Eduard Miró

«La perla» salvaje de Steinbeck

la perlaCuando lees La perla de John Steinbeck tienes la sensación de estar descubriendo un tesoro, porque esta novela corta contiene “la perla del mundo”. Escrita en 1947, pocas veces un título es un reflejo tan fiel del contenido.
Esta novela breve es incisiva pero hermosa, contundente pero mítica, fatalista pero humana. Desde el principio es fácil barruntar el final, como si se tratara de una fábula cuya moralina no nos va a gustar, pero que aun así debemos seguir leyendo. No diremos: “Aparta de mí ese cáliz.” Por el contrario, paladearemos su ambiente preciso y espeso, nos anticiparemos a su final desgraciado y, no obstante, no habremos podido dejar de leer. Seguir leyendo «La perla» salvaje de Steinbeck

Ejecución

anciana¿Y cómo es que nunca cambiaron el bombín? Soy cerrajero y en las noticias de hoy dicen que una pareja de ancianos se ha suicidado. Uno de mis trabajos es cambiar las cerraduras tras los desahucios. Pero yo tengo una lista y en ella están incluidos mis clientes, los que alguna vez han solicitado mis servicios. Cuando hay un embargo, a estos los pongo al final. Así aplazo la humillación. Tal vez les hago un flaco favor pero es lo único que se me ocurre para ayudar. Sin embargo, esos abuelos no estaban en mi lista. De lo contrario, no se les habría ejecutado en su propio hogar.

Recital de «La frontera de cristal»

El día 16 de septiembre, en el Ateneo Barcelonés, tuve el placer de participar en el recital de algunos poemas de La frontera de cristal, obra de juventud de mi buen amigo Josep Anton Soldevila. Junto a mí el slammer Jaume Muñoz, con su fantástica voz de barítono, y la bailarina Gisela Riba, aportando plasticidad y movimiento a los maravillosos versos de Soldevila.

Son versos que nos emocionan desde su publicación en 1977, porque para ellos no hay fronteras.

Aquí dejo unos enlaces con mis intervenciones en el acto.

https://youtu.be/yppcR3eLb88

https://youtu.be/JT73OHxMmJE

https://youtu.be/FbhGNUWo5Bw

Un crimen perfecto

Un crimen perfecto-Dicho sea entre nosotros ese asunto hubiera habido que liquidarlo de una forma más precisa –el editor profirió estas palabras y levantó la vista del cómic-. Hay flecos sueltos –añadió.
El joven esperaba aquella cita desde hacía tiempo. Estaba seguro de su talento. Solo necesitaba una oportunidad.
-¿Por qué? –preguntó el joven, sorprendido -. Es un robo perfecto, sin testigos. Una burla a la ley y el orden.
-No creo. ¿Y el hijo minusválido? –inquirió el editor.
-Fuera, con sus padres.
-¿Seguro? Debiste liquidarlo –recalcó el editor, sombríamente.
-¿Cómo? ¡Si no estaba!
-Mira. –Y el editor señaló el último dibujo.- Avisó a la policía.
-¡Dios mío! –exclamó el dibujante al mirar fijamente la flamante casa con jardín y piscina. En ese momento advertía que un cuerpo sin vida flotaba en el agua. Era el hijo minusválido. Parecía haberse ahogado al huir mientras un coche de policía se acercaba a toda prisa al escenario del crimen.
-Ahora sí es un crimen perfecto –sentenció el editor.

En busca del fuego

En busca del fuegoEl origen de las cerillas se remonta al viejo deseo del hombre de hacer fuego. Esa capacidad ha preocupado desde antaño al ser humano, ya que de él dependía para calentarse, cocinar los alimentos, alumbrarse en la oscuridad, elaborar utensilios -como las vasijas de arcilla, por ejemplo- y ahuyentar a las fieras.
Así pues, ya desde la Prehistoria, el hombre tenía dos opciones: o dejaba el fuego ardiendo a perpetuidad o averiguaba la manera de encenderlo.
La obtención del preciado fuego, por tanto, requirió de aplicación por parte del hombre primitivo. La fricción de dos cuerpos sólidos que pudieran encender la milagrosa chispa se consiguió a partir de la madera, la piedra, la correa con la piedra o el pedernal con el eslabón.
Pero ninguno de estos procedimientos se mostraba suficientemente eficaz. El hombre avanzaba a lo largo de la historia y aspiraba a más. Y como ha ocurrido otras veces, accidentalmente, un alquimista laborioso llegó al descubrimiento del fósforo.
Eso sí que fue todo un hallazgo.
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A un poeta nuevo

poeta

Te libraste de tu alma,
poeta,
de tus libros,
de tu casa.

Ahora solo ves
la tierra que calzas
con uñas ennegrecidas,
con la aspereza
de los callos,
con las grietas
de talones,
sin esperanza.

Pero valió la pena,
te repites como un mantra,
porque si no,
¿en qué quedará el mañana?

La tierra,
poeta,
será tu tumba de abrojos
donde ardan las zarzas,
donde, indiferente,
cante la cigarra.

Así es la vida
de cara,
sin outlets, descuentos,
ni rebajas,
inaccesible y mercenaria.

Está visto,
poeta,
que quien no corre,
divaga,
quien no pierde,
gana.

Tú vegetas, atascado
en dunas
de cañas
que te hieren
hasta las entrañas.

Calma, poeta,
claro que valió la pena
y la tierra volverá
a ser tu casa
con acento, con voz.

Un porche, una noche,
el silencio que se resquebraja
ante miríadas
de palabras.

Ahí está,
poeta,
tu alma:
aprésala y guárdala.

El món vist per Eudald Escala

L’AMOR I LA MORT A:
Con flores a María
Bárbara B.
La princesa del pèsol

Eudald EscalaEl primer que hom podria pensar en acabar la lectura dels tres poemaris d’Eudald Escala: Con flores a María, Bárbara B. i La princesa del pèsol és que entre l’amor condemnat de Bàrbara B. i l’amor perdut i irrecuperable de Con flores a María hi ha La princesa del pèsol, que representa l’amor a la mare malalta, incondicional i tendre. Un amor que guareix, salvador, perquè, malgrat tot, és l’essència mateixa del sentiment.

A banda d’això les tres obres tenen molts trets en comú: parlen d’amors sense esperança, sense futur, però amb un passat, el record del qual causa dolor al poeta, com si es tractés d’una ferida oberta. Seguir leyendo El món vist per Eudald Escala

Ciencia y fascinación por la alquimia

alquimiaqA lo largo de la historia la lista de científicos cautivados por la alquimia es sorprendentemente extensa. Mayor aún es la nómina de embaucadores y estafadores que, valiéndose del pretexto de poseer el secreto de la piedra filosofal, obtuvieron grandes ganancias de nobles, señores e incluso monarcas.
Muchos de ellos pusieron sus vidas en peligro y acabaron sus días en las hogueras de la inmisericorde Inquisición. Otros, tan poco afortunados como los primeros, eran torturados e incluso ahorcados por sus benefactores, furiosos tras una espera inútil que no les había reportado ni un gramo del oro prometido.
Pero no solo la transmutación de cualquier material en oro era el objetivo de la piedra filosofal. En un grado aún mayor de abstracción y espiritualidad, el sueño de la inmortalidad guiaba al alquimista en sus pesquisas y elucubraciones. Aunque esto último siguiera un camino aún más abstruso que la obtención del preciado oro. Solo unos pocos privilegiados podían aspirar a la piedra filosofal y a los bienes ilimitados que de ella se derivarían. Seguir leyendo Ciencia y fascinación por la alquimia