Archivo por días: agosto 12, 2015

¿Quién teme al ‘Ulises’ de Joyce?

Una aproximación al Ulises de Joyce

JOYCEQuiero reseñar que el 21 de junio de 2015 acabé de leer Ulises de James Joyce. Ha sido una tarea ardua que ha durado varios meses pero que, finalmente, he culminado con éxito.
Y me siento especialmente satisfecha, teniendo en cuenta que he conseguido desentrañar una buena porción de su literalidad, gracias a mi edición comentada de la editorial Cátedra, con traducción de Francisco García Tortosa y María Luisa Venegas Lagüéns. Las aportaciones del gran especialista en la obra de Joyce, Eduardo Lago, han resultado también muy valiosas para aproximarme a la obra del escritor irlandés. No obstante, comprendo que serían necesarias sucesivas lecturas y la tutela de la abundante bibliografía especializada para poder llegar a descifrar solo algunos de los muchos misterios que todavía residen entre sus páginas. De momento no deseo convertirme en una Penélope errante, usurpadora del rol de Ulises, el viajero intemporal por excelencia. No me seduce la idea de vagar sin rumbo entre legajos y volúmenes de comentarios contradictorios, historicistas, helenísticos, elegíacos, imaginativos, surrealistas, freudianos, hiperrealistas, academicistas, moralistas y demagógicos que en más de una ocasión harían levantarse de la tumba al mismísimo James. Demasiados Escilas y Caribdis se me presentarían a cada paso, y no estoy yo por crear epopeyas hermenéuticas condenadas al más irremediable fracaso. Seguir leyendo ¿Quién teme al ‘Ulises’ de Joyce? →

Nits de ràdio

Veus que s’encadenen silents,
collaret d’espurnes,
mots buidats
de por a les matinades .
Trairíem el goig de l’albada
si tantes síl·labes triades
no anessin a les trinxeres
de les paraules, innocents i pures,
reinventades.
I tu, veu encomanada
que embolcalla un bri,
una destral i un allau de nit calmada,
ets un sotrac que neda entre onades.
Aclaparadora,
engegues la guspira
i la ràdio escampa
les espores de noms
que broden sobre els camps eixorcs
espases eixutes
i mòrbides dianes.
Oïda amb esguard,
amatent de boira diàfana,
el teu pom de flor negra
fa que la veu copsi la rauxa,
gronxi la tristor
amb el vellut
d’un mot que torna al bressol
de la llengua mare.

Lluna plena d’abril / Luna llena de abril

abril

La lluna plena d’abril no és santa ni pecadora, és precursora del sol de primavera, del cel límpid, dels colors amb aroma, de l’amor que brolla a les fonts de la vida, amb llum i ombres. Així és la seva bellesa, el seu influx, i aquí rau el seu misteri.

La luna llena de abril no es santa ni pecadora. Es precursora del sol de primavera, del cielo límpido, de los colores con aroma, del amor que mana en las fuentes de la vida, con luz y sombras. Así es su belleza, su influjo y ahí radica su misterio.

Llum aclaparadora / Luz demoledora

luz demoledora

És el dia de llum aclaparadora la continuïtat del far que acluca l’ull. Indefens davant la claror que desdora la passió, s’apaga el fanal de la nit, trasbalsat pels deliris de la vida enraonadora. Tímidament, tornarà a fer pampallugues de desig en el cor dels amants impossibles quan el teló de vellut fosc arrauleixi les seves criatures.

Es el día de luz demoledora la continuidad del faro que nos guiña un ojo. Indefensos ante la claridad que desdora la pasión, se apagan los focos de la noche, trastornados por los delirios de la vida locuaz. Tímidamente, volverá su intermitencia de deseo en el corazón de los amantes imposibles cuando el telón de terciopelo oscuro cobije a sus criaturas.

Dona xiprer

Amb aquest contrallum et veig rastrejant cap al sud,
projecte d’ombra esllavissada, dona de paper.
Sé que els teus ulls inerts són dues línies esquinçades
d’acer i ràbia, forjats pel teu amo i senyor.
No hi ha ningú que llegeixi dins les tortes rengleres,
on s’obliden els somnis, on el teu cos és tambor.
Només el xiprer esgrimeix la seva copa esmolada
contra la tarda, que pregona rumor i fullaraca.
Quan es faci de nit, potser, entre les branques i el vent
se’t revelarà el secret que avui t’ha empès cap al sud.

El resuello

Ando buscando por ahí
la sombra alargada
de un padre amoroso,
sin caer, y no es baladí,
que esos ojos como espadas
son mi sino sin retorno.

Huérfana, con el dolor
de mi niñez te busco,
con la vista opaca del ciprés,
con el lento caminar del miedo,
con la errada costumbre
que destila su cruel veneno.

Sé y entiendo
que tu mano amada
jamás recogerá mis dedos,
que ese beso de ángel que sueño
no será para mí,
sino sólo un resuello en mi cuerpo.

Y por fin el anhelo que sentí
descorchará, sereno,
mis párpados de acero.
Burbujeará sobre mi pecho
arrasando en silencio
lo que sin ti no siento.

Habrá un momento de llanto,
el frío de la clausura
y una ventolera de espanto.
Me quedo con la bruma,
en lontananza mi bandera,
en este compás de espera.

El páramo

“Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.”
Juan Rulfo, Pedro Páramo

Llueve sin patente sobre el páramo,
pero sin Pedro que aliente mi prosa
no hay color ni esfera hermosa
que torne mágico
el realismo demacrado de mis noches sin ti.

En tu aliento bebí el elixir
de la vida titubeante, con anhelo
de más lunas radiantes, de más luceros.

Y te perdí, así,
sin apenas percatarme,
sudando el dolor de mis ojos
que a la pura fuerza te atisbaban lejano…

Y ya no fui feliz.
A sabiendas tuve que dejarte ir
para que arredraras la tristeza
de otro monte, de otro llano.

En el eco de tu marcha
mil espadas blandieron un mar de canciones,
una azada tembló al herir los surcos
del campo que latía con ansia.

Oí el grillo al anochecer
y la avutarda en su nido
y grité a la aventura tu nombre, Pedro,
pero sólo vi a lo lejos el páramo.

Sólo me consoló ver su desolada
y gélida vastedad de amiga
que se asusta en las noches sin luna,
como yo ante mi penumbra.

El gigante

Sobre un altozano
te vi
a ti,
enérgico, enigmático.

Avanzaste lento,
seguro en tu espacio,
ignorando
el ignoto sueño
que reptaba en mi ánimo
para luego
mirarme ajeno,
feliz.

Te sentí,
avancé un paso
con manos llenas
y dibujé un sí.

Ahora tu acento
es mi eco humano
con raíz,
el del amor marcado
a fuego y hierro,
resabiado
por días y años,
por daños espías
lacerantes
como cuencas vacías.

Se destila la duda
del ansia en barbecho
mientras la oscuridad de mis ojos
te otea a lo lejos,
enredado en mi sueño,
como liliputienses
empeñados
en maniatar a un gigante
de carne y hueso.

El aullido

El aullido de la noche sajará la carne
con saña de usurera,
con la voracidad del tiempo,
como se reabren las fístulas
que jamás sanaron
entre la epidermis y el hueso.
El nosotros yerto,
sobre los tejados,
tensando músculos y miedo,
y mi cuerpo,
un ovillo de uñas estriadas,
de pies anclados
y manos sin tinta.
No tejeré jerséis inconclusos
ni proyectos
con olor a pan tierno.
Sin agujas, sin trazos
en el aire
que silben la voz hecha verbo
se abrirá la fosa,
la que sepulta entre la piedra
mi carne y la piel del membrillo,
fruto del terciopelo.

En mi refugio

En mi refugio tus uñas son
la terminación de mis dedos;
mis pechos, juguete de tus dientes;
y secuaces de tu saliva
son los poros de mi garganta
que rechina de deseo.
Como lengua de mar
invades mis dunas y mi puerto
con tu avasalladora ola
de besos y gemidos secretos.
Al compás de este barco
sin remos
hallo refugio ardiente
a golpes de yunque
contra martillo,
ahondando en las simas
de lo abisal.
Ya no temo a la pleamar,
ni siquiera en luna llena,
porque en vano busqué
su bendición o reproche
entre miríadas de estrellas.
Y si la absolutista luna
con su belleza de espejo
nos contempla en la fragua
interminable de la noche,
verá cómo nuestros cuerpos
son rumor de escarcha,
abrazo de ola,
espuma de sal,
un latido de de caracola.