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Vigilia

VigiliaEn el mes de enero caminar por la calle es ir arrebujado con quilos de ropa, el gorro calado hasta casi tocar las pestañas y un paso apresurado que combata la tiranía del termómetro. Pese a mi limitada visión-inconvenientes de mi indumentaria-, le reconocí en cuanto le vi, así como por accidente. Ahora que hago la retrospectiva me doy cuenta de que antes de yo advertirlo siquiera, ya me había lanzado su dardo. Un dardo certero que penetró hasta el fondo de mis ojos. Luego solo sentí su paso fugaz. Un desliz que pesó en mis párpados cargados de niebla. Seguir leyendo Vigilia

Taxidermia

TaxidermiaEntraron en tromba en la casa presidencial. Sorprendentemente, nadie opuso resistencia. Todos en la residencia parecían haberse ocultado, presas del terror. Al frente, el líder de los sublevados conocía muy bien el camino. Se sentía con la conciencia tranquila: sus aspiraciones eran justas. Lo único que hacía era aprovechar la ocasión. Había esperado con paciencia por respeto, pero ahora el carcamal había palmado, y él y sus hombres estaban resueltos. Seguir leyendo Taxidermia

¡Viva la revolución!

¡Viva la revolución!Mis cuatro paredes son de caña y adobe. Por eso la luz se cuela por las rendijas, y el aguacero también. Durante el día me deslumbra y me regala un calor pegajoso, asfixiante. El tatuaje de pecas que cubre toda mi piel no sirve ni para aislarme del sol. Cada día estoy más ajada y reseca.

No sabría decir si prefiero la lluvia. Cuando cae es como estar a la intemperie. Lleno la cabaña de cubos –los pocos que me dejan pero en seguida rebosan a borbotones. Y solo puedo esperar que los harapos que visto no se me peguen aún más al cuerpo. Siento como si quisieran adherirse para siempre a mí, comouna funda de neopreno mojada por dentro y por fuera. Seguir leyendo ¡Viva la revolución!

Un hermoso tigre

Un hermoso tigreSe miraron fijamente y no hubo más.

La expresión de ella se transformó por completo. Su frente despejada se esculpió como una protuberancia vellosa; sus mejillas se abombaron como nunca se había visto antes, hasta reducir las cuencas de los ojos en un sesgo felino de color verde, con la estría de la pupila marcando el eje y su hipnotismo. Sus labios, tan voluptuosos antes, se fueron adelgazando, se extinguieron entre un matorral de bigotes recios, arrogantes. Alrededor del óvalo de su rostro brotó un manojo tupido de pelos suaves que caía en un abanico blanquecino. Su orgullosa nariz respingona se metamorfoseó en una elevación mesetaria  que le ocupaba la parte central de la cara y que marcaba una simetría perfecta en su nueva fisonomía de color leonado. Entonces comenzó a jadear y a emitir ronquidos de fiera. Su transfiguración culminó cuando al bostezar abrió desmesuradamente la boca y apuntó en derredor con el arma más antigua: cuatro colmillos largos como lanzas. Seguir leyendo Un hermoso tigre

Si volviera a nacer

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“Al despertar, Gregorio Samsa una mañana tras un sueño intranquilo encontróse en su cama transformado en un monstruoso insecto”

Franz Kafka

 “A los elefantes les cuesta mucho adaptarse, las cucarachas sobreviven a todo.”

Peter Drucker

El anciano que viajaba en el vagón de cola miraba de hito en hito, asombrado por el gentío y sus hechuras. No estaba acostumbrado a ir en metro, y fuera de su casa, su calle y el casino se sentía como un bicho raro. Eran setenta y pico años a la espalda y ya quedaban muy atrás los tiempos en que la aparición de un mayor activaba entre la concurrencia un resorte. Difícilmente encontraría a cinco o seis personas dispuestas a cederle el asiento con sonriente solicitud. Le costaba hacerse al nuevo rumbo de usos y costumbres. Seguir leyendo Si volviera a nacer

Ríos de sangre

ríos de sangre

 «Aun con tu cresta cercenada y mocha -le dije-.
no serás un cobarde.

hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!»
Y el Cuervo dijo: «Nunca más.»

Edgar A. Poe, El cuervo

  “La vida paga sus cuentas con tu sangre y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor.”

Roque Dalton

A veces, solo a veces, la sangre mana con la fuerza de un eructo incontenible. Tan intempestiva y extemporánea que no puedes dejar de sentir una mezcla de terror y asco. Pero eso, afortunadamente, solo pasa en contadas ocasiones.
Al menos yo solo lo he visto una vez en mi vida. Lo cual me hace pensar qué curioso es el azar y cómo el aleteo de una mariposa puede transformar el destino de un hombre.
Y ese hombre, ahora, soy yo, Mieczyslaw Kościuszko, natural de Częstochowa, en la provincia de Silesia, Polonia. Pero en el momento que quiero relatar todos me llamaban Miqui el Polaco y me ganaba el sustento tocando el violín en el metropolitano de Barcelona. Seguir leyendo Ríos de sangre

Querida hermana

Querida hermanaBarcelona, 30 de octubre de 2014

Querida hermana,

El motivo de la presente es saber de ti. Espero que cuando la recibas, Dios mediante, te encuentres bien, mucho mejor que yo.
Hace tiempo que dudo si debo escribirte o no. Empiezo una carta, rompo el papel, lo intento de nuevo. Hoy, al fin, me he decidido. Me han podido las ganas. Y conste que esperaba recibir noticias tuyas primero. Sin embargo, viendo que no llegan, me adelanto solo para saludarte.
Tengo que confesarte que la distancia se me hace difícil. Es una carga pesada, al menos para mí. Y ahora no me saltes con aquello de que soy robusto y resistente, que puedo con cualquier cosa. Recuerdo que siempre te burlabas de mí, de mi apego a las costumbres. Decías que era egocéntrico como el astro rey. Sé que mi constitución lo puede dar a entender, incluso que soy imperturbable y nada me afecta, pero no es cierto. Me siento cojo sin ti. Seguir leyendo Querida hermana

Expulsada del Edén

Expulsada del EdénAntes de la nada fue el olvido.
O eso creía yo. Pero tal vez sería mejor reformular esa frase para que dejara de ser un adagio y se convirtiera en mi realidad inmutable. “Antes de nada fue el terror.” A partir de ahí el big bang, el pánico y la huida. Lo de la materia buscando la expansión si nos ponemos a pensar en términos de física cuántica, como cerebritos ante el espejo, con peluca blanca y desproporcionado mostacho. Tendría que hablar alemán con una bondadosa sonrisa pintada en la cara y quizás consiguiera despejar la famosa ecuación E = mc2. Si no, ese espejo me sonreiría a mí misma, tan ufana, y no sé si el resto hubiera sido igual.
Desde aquel día siento el terror en carne propia. Su seducción y mi resistencia.
Ojalá hoy que lo cuento se produzca el exorcismo que tan imperiosamente necesito y dejen de asaltarme a cualquier hora esas imágenes de depredación. Seguir leyendo Expulsada del Edén