portada2016-PF-695x384La he invitado a mi fiesta y no sé cómo ha de llegar. Nunca fue equilibrada y sí bastante intratable. Aun así no dejo de llamarla. Sorprendentemente no me falla nunca. Siempre aparece a la hora en punto y acaba siendo la reina de la fiesta, la nodriza de las risas en el aire.
Por eso tal vez la sigo llamando, aunque me haya escupido en ocasiones bastantes improperios y algunos corte de manga que no puedo perdonarle.
Sin embargo, a la duodécima campanada, tras tomar la última uva, cada año la recibo con los brazos abiertos.
Mi esperanza recién estrenada se exhibe pletórica, mojando mis labios resecos en el sorbo de una nueva promesa dorada y burbujeante.

 

¡FELIZ 2016!

 

 

Halogramas: «La compuerta del firmamento»

10. La compuerta del firmamento

ilusion-optica-angelesPero Desiré Han no se dirigía a la Sala de los Hologramas. Su destino se situaba en el piso superior de la Nave, en la parte más elevada, privilegiada por un mirador cóncavo desde el cual se contemplaba el firmamento. Siempre que el Patriarca de la Luz así lo decidía, se abría la compuerta para que el universo entrara en Él. Era como dar un salto al vacío. Al tomar asiento y observar el espacio exterior el mando supremo de la Nave sentía una reconfortante sensación de grandeza. Todo su ser se arrebataba, extasiado ante la observación del espacio infinito. Le maravillaba, le reconciliaba con su irremediable soledad. ¿Cómo sentirse solo ante lo inconmensurable? Estaba más cerca de los Iluminadores. Dios estaba a su alcance, fuera el que fuera. En comparación, el ser humano no representaba ni la millonésima parte de una mota de polvo, ni siquiera la totalidad de su especie. ¡Se le antojaban tan absurdos! ¿Cómo ante esa evidencia, la idea de soledad  podía ser tenida en cuenta? No era más que una entelequia para seres pusilánimes.

Seguir leyendo Halogramas: «La compuerta del firmamento»

Nueces verdes

NUECESTe vi partiendo nueces
a la sombra de aquel
enorme árbol.
Era un día de verano
pero las hojas te cubrían
como un manto.

Eras solo un niño,
intentabas averiguar
qué escondía aquel fruto
de piel empecinada,
por qué se manchaban
de verdín tus manos.

Acuclillado, buscabas
piedras romas con peso
que te sirvieran de mazo.
Tenías que ahuyentar
un aburrimiento de cántaro
y tardes de siesta.

Aún no habías encontrado
en lo profundo de tus ojos
el deseo licuado de tu sexo,
de nuevo el latido
de unos pechos entre los labios.

La madrastra de Blancanieves

BlancanievesNadie querría ser la madrastra de Blancanieves, por más hermosa que fuera, y a pesar de su espejo mágico. Tampoco sería cuestión de transformarse en la joven del cutis de nieve, su hijastra. ¿Quién sabe? Tal vez sucumbiéramos a los ardides maléficos de la madrastra mucho antes que ella.
La imagen de la joven y bella Blancanieves y su malvada madrastra forman parte del imaginario occidental, engrosan el bagaje cultural de nuestra tradición, como mínimo desde Walt Disney. Aunque yo creo que a estas alturas los occidentales no debemos ser los únicos «tocados» por el mito, ya que con la globalización seguro que el cuento de Blancanieves y los siete enanitos ha llegado hasta el rincón más apartado del lejano Oriente o incluso a la sabana africana.
Después de este preámbulo sobre bellas y madrastras, escorado hacia Walt Disney y su inevitable globalización, voy a centrarme. De lo que realmente yo quiero hablar es del término «madrastra», que desde mucho tiempo ha engrosa el inagotable repertorio de insultos del español. Los valores connotativos -peyorativos- que la palabra ha venido arrastrando a lo largo de muchos años lo han “manchado” de tal manera que su uso figurado prácticamente se sobrepone a su significado literal. Connotación versus denotación. Una vieja batalla que siempre se resuelve con el uso de eufemismos. Pero no adelantemos acontecimientos. Seguir leyendo La madrastra de Blancanieves

Halogramas: «En la Sala de los Hologramas»

9. En la Sala de los Hologramas

camara_oscura_galeria_de_arte_1952Galean I arrastró los pies como siempre y miró con desacostumbrada atención a los pacientes alojados en la Sala de Recepciones. Generalmente no les prestaba demasiada atención, fuera de apreciaciones estrictamente médicas. Para él eran lo más parecido a un rebaño del que debía cuidar con esmero. Justificaban su razón de ser en la Nave. Claro que esto último ni se lo planteaba, porque si las cosas eran así era que no podían ser de otro modo. Su razonamiento, irrefutable  y sencillo, le había hecho comprender su lugar en el mundo, su posición en la Nave y su misión en la vida. Y se sentía muy orgulloso de esas tres cosas.
En una de esas circunvalaciones se hallaba la Sala de los Hologramas. Era el destino de los pacientes terrestres. Allí eran conducidos tras revisiones rutinarias en la Sala de Recepciones. Después, como un ejército de hormigas en fila india, el personal sanitario acompañaba las camillas, cada una con un paciente asignado, en un estado de vaga conciencia a consecuencia de la medicación. Seguir leyendo Halogramas: «En la Sala de los Hologramas»

El escriba

escriba03Hoy he visto en la pirámide invertida
la fragilidad del no puedo o no sé.
En su estigma, el precipicio hondo del miedo,
el ardid de arena bajo el ala oscura
contra el pico corvo, contra el ojo turbio.
He visto la pirámide del escriba.
Un ave rayaba el suelo del revés.

Aute, sexo y decepción en el Ateneo Barcelonés

Jornadas de sexo y poesía

Ateneo Barcelonés, 14 y 15 de diciembre

AuteSi tuviera que buscar un adjetivo para calificar la charla inaugural de las Jornadas de sexo y poesía que se celebró ayer en el Ateneo Barcelonés, sería: decepcionante.
El poeta, cantautor y artista plástico Luis Eduardo Aute era el encargado de abrir las jornadas. La expectación era enorme. La sala se llenó hasta la bandera el día 14 de diciembre. No en vano el autor es un artista icónico de la España de la transición, con sus letras comprometidas (Al alba) y/o exquisitamente eróticas como en No te desnudes todavía: Seguir leyendo Aute, sexo y decepción en el Ateneo Barcelonés

Halogramas: «En la circunvalación»

8. En la circunvalación

th“Debo despertarme. ¿Cuántas horas llevo durmiendo? Hay mucho que hacer. El transmisor, ¿dónde está? Es de noche. Está oscuro. ¿Cómo puede..? A lo mejor no he dormido tanto, a lo mejor son solo las tres. ¿Cómo va a ser de día? Más oscuro, imposible. ¿Qué quieres a las tres? No sé, no puedo abrir los ojos. No, no, no puedo. ¿Qué me pasa? No recuerdo. ¿Y el transmisor? Mi cabeza… Mejor descansar. ¡Ay mi cabeza! No sé qué pasa. Seguro que pronto… In-ten-taaa-réeeedor…”
Desiré había intentado despertar pero, desorientada, su conciencia se había nublado de nuevo y había caído en un profundo sueño. No llegó a oír lo que se hablaba en la Sala de Recepciones.
-¿Quién es Desiré Han? –preguntó el Primer Consejero. Movía las manos formando signos de interrogación mientras silabeaba con dificultad el nombre de la mujer.
-Esa de ahí. –Señaló con el dedo índice extendido Galean I. Ante lo inusual de la petición él mismo había decidido ir a recibir al Primer Consejero. Seguir leyendo Halogramas: «En la circunvalación»