Torre de Babel

torre babel

Me consume el calor de invernadero
de esta torre de Babel,
donde no se distinguen las voces
ni la geometría de su murmullo.

Desde el sótano se elevan
los gritos del Greco,
su ascético deseo.
Suplican, parece, la lluvia,
cuando sus almas son un receso de aguacero.
Reclaman, creo, las nubes,
pero ningún rayo de sol
proyecta sombras
bajo sus pestañas de ojos lentos.

Otras veces oigo ecos,
frases amortiguadas,
carentes de forma,
ausentes, sin peso.
Me llegan de todas partes:
de arriba, donde aspiran
a apuntalar el cielo;
de abajo, donde pretenden
horadar los pasadizos del miedo.

Los habitantes de Babel
son autómatas programados,
oriundos del grito anclado
en los límites del destiempo.
Invaden mi mente,
desarticulan mi pensamiento
hasta que maldigo
esta torre de Babel
que es prevaricación y es veneno.

Y siempre es los mismo:
susurros que recorren
sus escalones helicoidales,
que emulan la sonoridad de su nombre,
que se encadenan sin perder jamás
el eslabón ni su engarce.

La torre de Babel
está en el aire,
es el zumbido que me invade
mientras el musgo de sus muros
exteriores arde.

El canario

tapas registroSe oyeron dos golpes más. A lo largo de la mañana había ido sucediendo a intervalos de 10 minutos más o menos. Sin embargo, el aluvión de lectores le había distraído y no le permitía concentrar su atención en la procedencia del sonido. Había vendido bastantes libros, eso significaba cientos de firmas con dedicatoria.
-Toc, toc, toc; toooc, toooc, toooc; toc, toc, toc.
Volvía a oírlos. Sin duda sonaban muy cerca. Eran tres golpes rítmicos con trasfondo metálico. Curiosa ironía. Llevaba toda la mañana en el estand con los libros de Abelardo Nosferatu, su seudónimo como escritor de novelas de terror y ahora empezaba a sentir una extraña inquietud. Seguir leyendo El canario

Flamenco y olé

flamencoNunca como en ese momento la bata de cola me había parecido tan incómoda, pero la obstinación es un rasgo de mi carácter. Me había propuesto a mí misma no desaprovechar la oportunidad y en la próxima feria que se me pusiera a tiro, lucirme. El año anterior había estado de rebujitos y baile en la Feria de Abril de Sevilla y me lo había pasado fenomenal. Había que repetirlo.
Por eso, la Feria de Madrid me pareció una ocasión perfecta. Llevaba poco tiempo en la ciudad y al fin y al cabo, una feria es una feria. O sea que utilicé el buscador de internet y conseguí arrastrar a mi amiga Piluca hasta la tienda folclórica Flamencos y Olé. Allí, en los probadores, urdimos nuestro plan. Ambas nos compraríamos sendos vestidos de lunares blancos con larga falda en cascada. Unos modelitos actualizados al estilo Victor & Luccho que nos quedarían que ni pintados. Y que Madrid temblara, porque llegábamos Luci y Piluca. Seguir leyendo Flamenco y olé

Halogramas: «Una partida tediosa»

16. Una partida tediosa

la partida-Nada me haría más feliz que acabar esta partida antes del anochecer.
-Pues no sé qué decirte…
-Empieza a ser tediosa –agregó el Iluminador que ostentaba la máxima autoridad entre los dos.
-Ya, pero puedes entretenerte mirando afuera. ¿Te has fijado qué día hace?
-Tienes razón. –Al girarse para mirar donde le indicaba su compañero de juego comprobó la intensidad del cielo, más claro que el mar, pero igual de brillante. A los pies del acantilado el agua había suavizado las aristas de las rocas a fuerza de estrellarse millones de veces. Entonces añadió-: Es extraño.
-¿Qué es extraño? –contestó su interlocutor con displicencia. Seguir leyendo Halogramas: «Una partida tediosa»

A pesar de la nieve

NevadaA pesar de la nieve,
lenta almohada de la tarde,
mi amor de contrabando
amanece en su blancura.
Aún estás por llegar
y nadie sabe a ciencia cierta
la espesura que a tu paso
bate el aire.
El horizonte deslumbra
y en el suelo solo cabe un residuo,
la huella sucia de los pies.
Diminutas pisadas
que desbrozan el sendero,
interminables pasos a la fuga,
tan absurdos como
la nieve que cae,
lenta, durante esta tarde.

Halogramas: «La mariposa azul»

15. La mariposa azul

maripsa azulEl gran abejorro pasó zumbando. Volaba a una altura media, a dos metros aproximadamente sobre las cabezas más altas. Con esa distancia de seguridad podía controlar lo que sucedía en el amplio espacio del zoco. Debía escudriñar a todos los visitantes. Aquel prototipo permitía identificar a cualquier persona, puesto que descodificaba su Número de Vida, lo procesaba en décimas de segundo y, llegado el caso, contactaba con los Servidores del Orden. Si lo anterior ocurría, el individuo sorprendido en falta podía pasar una larga temporada de aislamiento. El estigma social era lo peor para cualquier habitante de la Tierra.
El gigantesco insecto debía velar por el orden y por el cumplimiento de la ley. Estaba programado para detectar el más mínimo movimiento sospechoso, por imperceptible que resultara al ojo humano. Lo habían diseñado como dron de vigilancia. Seguir leyendo Halogramas: «La mariposa azul»

El pozo

El pozo

Un cubo, una cuerda,
un brocal.
Era solo un niño.
Lancé con fuerza falsa,
robada a la luna llena,
el cubo al agua.
Bueno, al agujero
con forma de boca infecta
que despedía olor a moho,
a vida ilícita,
a subterfugio de existencia.

La luna, tan oronda y repleta,
me asistió para que con mi impulso
aquel cubo chapoteara con el eco
del metal herido.
Me asustó el estruendo
y mi voz se volvió ruido.
Busqué refugio
tras los gruesos muros
de mi antigua casa.
La luna llena ya no me miraba.

Hoy he vuelto a la casa del pozo.
El nivel del agua se ha elevado,
podría mojarme la cara.
Lo normal tras meses de lluvia.
Se han borrado las huellas
de mi paso de niño.
La luna llena ha dejado de esperarme
y yo añoro su desvarío.
Será necesario que me invente un destino
antes de que casa y pozo
desaparezcan con el frío.

Me he asomado, como antes,
a su brocal húmedo,
medio cuerpo fuera
-he crecido-
pero el cubo no está,
se ha desprendido de su cuerda.
Indago en la circularidad
de las aguas quietas, lo busco,
pero no lo consigo.
Ahora escucho, creo, su alarido de metal
¿o es solo el tiempo, su quejido?

El pozo ha desahuciado
a su huésped arrojadizo.
Me he ido antes de que la luna llena
me pida explicaciones.
Ya he dejado de ser niño.

La noche más larga

Van Gogh

Durante la noche más honda,
la postrera, la más larga,
antes de que la navaja
desgarre el cielo
y el horizonte malva
y rojo se derrame,
yo no pronunciaré ni una palabra.
Solo dejaré que mi mente
bosqueje los nombres
que algún día fueron ciertos.

No serán nombres viajeros
llenos de camino,
de polvo,
de miedo
ni frases que penetren la piel.
Serán, durante esa noche interminable,
presencias amasadas con alientos
en espera de su destino,
hermosas, inmaculadas,
como muñecas de porcelana que callan.

Durante la noche más larga,
la que ha de llegar
con la precisión de un escalpelo,
se revelará el secreto.
Una idea sin voz, un atisbo del alma,
la nota aislada de un aroma
y mediará el silencio.
La noche infinita nos rescatará
porque tú y él y yo
somos espíritu,
como las verdaderas palabras,
eternos.

Halogramas: «La orgía»

14. La orgía

Banquete monosÉrase una vez unos monos felices que vivían en una nave espacial perdida entre millones de estrellas. Solo un punto silencioso en el que todos contribuían a un mismo fin, que era la propia supervivencia. Presidía este grupo bien avenido el Patriarca de la Luz.
En ocasiones, estos monos dichosos apartaban las obligaciones a un lado porque era bueno hacerlo, porque así convenía. Colgaban los trajes con los cuales se cubrían a diario y los aparcaban en la austeridad de sus cuartos. Desnudos como vinieron al mundo, se disponían a disfrutar con todas sus fuerzas. Entonces la rosa de los vientos dejaba de mecerlos. Sus magnéticos colores se apagaban y todo cambiaba alrededor.
Ese era el momento de cerrar las grandes puertas de la Sala de Ceremonias sin hacer ruido, como si batieran palmas suavemente, puesto que comenzaba el festival. Seguir leyendo Halogramas: «La orgía»