Compasión

compasiónLas teorizaciones filosóficas sobre los sentimientos humanos no me parecen reales. Son constructos teóricos en los que cada objeto de análisis es una premisa que debe contribuir a la teoría final, al modelo que cada filósofo ha creado. Por ello precisamente suelen alejarse bastante del esquema mental del ser humano. Se mueven en un marco excesivamente intelectualizado en el que se prescinde de las emociones. Seguir leyendo Compasión

Viudas y huérfanos

EL LÉXICO AL SERVICIO DE UNA REALIDAD SOCIAL
EL TABÚ DE LA MUERTE

viudas_urbinoY de esto precisamente es de lo que quiero tratar:  sobre viudas y huérfanos y, por extensión, sobre el resto de presencias léxicas ausentes que dejan sin entidad lingüística al hecho real de que alguien pierda a un hijo, a un tío, a un sobrino, a un amigo, etc. Para ello me voy a centrar en los lexemas viudo-a y huérfano-a.

Empezaré diciendo que no hay ninguna palabra en español para significar a unos padres que pierden a un hijo, a una persona a la que se le muere un hermano o un abuelo. Simplemente son realidades que no se sustantivan.

Veamos por qué el campo semántico que alude a los vínculos familiares en español carece de sustantivos explícitos aplicable a estas situaciones. Y por qué, en cambio, el idioma sí recoge los términos viudo-a, huérfano-a, cuya función gramatical es tanto sustantiva como aadjetiva. Es decir, fueron inicialmente usados junto a un sustantivo para acotar su significado y acabaron adquiriendo entidad propia y, consecuentemente, sustantivándose. Qué motivó este proceso de sustantivación es lo que, desde mi punto de vista, es relevante.

Las lenguas no son un corpus de léxico y reglas gramaticales, sintácticas estático e invariable. Al contrario, tienen vida –tanto en cuanto son capaces de evolucionar- y continuamente van adaptándose a la sociedad en la que se insertan y de la cual son instrumento. Están al servicio de los hablantes y con el propósito de servirles eficazmente siguen dos principios básicos: el de estructurar la realidad nombrándola, sustantivándola -principio éste que tiende a la expansión de las lenguas-; y el de la economía del lenguaje -que  limita su crecimiento a los límites de lo estrictamente necesario con un sentido prioritariamente práctico-.

Esta reflexión es un preámbulo para expresar que si el idioma posee sólo estas palabras: viudo-a, huérfano-a para especificar los lazos de consanguinidad entre vivos y muertos es porque así lo han requerido sus hablantes.

Por motivaciones sociales, económicas, un huérfano o una viuda adquiría otra categoría en el seno de la sociedad e incluso requería la intervención de los agentes sociales capacitados para su protección y sustento.

La palabra viuda, cuyo origen etimológico es el latín vidua con significado de “separada”, “dividida”, “arrancada de su estado natural”, se remonta al indoeuropeo widhewo, con igual significación de “separar”. Es decir, una viuda suponía una alteración del orden natural de las cosas y, como era inconcebible que una mujer permaneciera sola, debía pasar a ser tutelada por su primogénito varón o, en su defecto, por su familia política. Una mujer con semejante statuo quo merecía un nombre propio a ojos de sus conciudadanos por tratarse de una situación delicada y poco deseable tanto para ella como para sus familiares.

Con los huérfanos ha pasado algo parecido. Su étimo orphanus, derivado a su vez del orfanós griego, connotan la indefensión de un niño desprovisto de padres que le custodien, alimenten y eduquen. La madre viuda o la familia en el mejor de los casos (con la precariedad que esto conllevaba) debían asumir esas funciones en la medida de lo posible. Pero otras veces debía hacerse cargo la sociedad a través de los mecanismos legalmente establecidos o la Iglesia, que era quien mayoritariamente salvaba la situación. La intención era evitar posibles focos de delincuencia, de inadaptados sociales, marginales y desarraigados, que no encontraran otra vía de supervivencia.

Debe tenerse en cuenta que a lo largo de la historia se han sucedido los períodos de alta mortandad debido a hambrunas, enfermedades endémicas y epidemias, por no hablar de las guerras, que diezmaban terriblemente la población. Esta últimas afectaban precisamente al sector de población laboralmente útil y en edad fértil, por lo cual la orfandad y la viudez de las mujeres se disparaba durante esos períodos. El léxico debía poseer palabras para enunciar exactamente estas dos realidades, por lo demás muy parecidas. Tanto viudas como huérfanos necesitaban protección y ayuda.

Ésta es la reflexión y el análisis que hago. Por supuesto no es exhaustivo, se podría hablar de la situación del viudo, cuyas circunstancias en nada tienen que ver con las de una viuda. Creo que se tendría que abordar de manera complementaria el tema de la muerte como tabú, el rechazo social de la muerte. Los vacíos léxicos pondrían de manifiesto que no interesa recrearse con el tema. Dar categoría de sustantivo a alguien respecto de un difunto es poco recomendable socialmente. Pero todo esto merecería abrir otro espacio de reflexión* .

Con la creciente longevidad de la población asistimos con mayor frecuencia a situaciones, antes atípicas, de padres que ven morir a sus hijos por accidente, enfermedad, incluso a nietos, mientras ellos les sobreviven… Tal vez llegue un momento en que esta nueva realidad requiera ser sustantivada, pero eso sólo el tiempo lo dirá… Porque la lengua evoluciona cuando varios agentes exógenos o endógenos se movilizan y convergen hacia un objetivo de cambio concreto, nunca por el deseo particular de un solo hablante.

 

*La rueda de la vida, Elizabeth Kübler-Ross. Plenus.net. Trata ampliamente el tema de la muerte en el caso concreto de los enfermos terminales, abordando su tratamiento desde el punto de vista médico y hospitalario. La tesis de la autora aboga por la aceptación de la muerte como contrapartida inevitable de la vida y como fuente de significado y sentido último de ésta. Muy interesante su análisis sobre el tabú de la muerte. Sin embargo, me resulta absolutamente discutible la segunda mitad de la obra, donde se centra en las conclusiones a las que llega refiriéndose a lo que hay más allá de la muerte y a la existencia de sus manifestaciones parapsicológicas.

¿Quién teme al ‘Ulises’ de Joyce?

Una aproximación al Ulises de Joyce

JOYCEQuiero reseñar que el 21 de junio de 2015 acabé de leer Ulises de James Joyce. Ha sido una tarea ardua que ha durado varios meses pero que, finalmente, he culminado con éxito.
Y me siento especialmente satisfecha, teniendo en cuenta que he conseguido desentrañar una buena porción de su literalidad, gracias a mi edición comentada de la editorial Cátedra, con traducción de Francisco García Tortosa y María Luisa Venegas Lagüéns. Las aportaciones del gran especialista en la obra de Joyce, Eduardo Lago, han resultado también muy valiosas para aproximarme a la obra del escritor irlandés. No obstante, comprendo que serían necesarias sucesivas lecturas y la tutela de la abundante bibliografía especializada para poder llegar a descifrar solo algunos de los muchos misterios que todavía residen entre sus páginas. De momento no deseo convertirme en una Penélope errante, usurpadora del rol de Ulises, el viajero intemporal por excelencia. No me seduce la idea de vagar sin rumbo entre legajos y volúmenes de comentarios contradictorios, historicistas, helenísticos, elegíacos, imaginativos, surrealistas, freudianos, hiperrealistas, academicistas, moralistas y demagógicos que en más de una ocasión harían levantarse de la tumba al mismísimo James. Demasiados Escilas y Caribdis se me presentarían a cada paso, y no estoy yo por crear epopeyas hermenéuticas condenadas al más irremediable fracaso. Seguir leyendo ¿Quién teme al ‘Ulises’ de Joyce?

Nits de ràdio

Veus que s’encadenen silents,
collaret d’espurnes,
mots buidats
de por a les matinades .
Trairíem el goig de l’albada
si tantes síl·labes triades
no anessin a les trinxeres
de les paraules, innocents i pures,
reinventades.
I tu, veu encomanada
que embolcalla un bri,
una destral i un allau de nit calmada,
ets un sotrac que neda entre onades.
Aclaparadora,
engegues la guspira
i la ràdio escampa
les espores de noms
que broden sobre els camps eixorcs
espases eixutes
i mòrbides dianes.
Oïda amb esguard,
amatent de boira diàfana,
el teu pom de flor negra
fa que la veu copsi la rauxa,
gronxi la tristor
amb el vellut
d’un mot que torna al bressol
de la llengua mare.

Lluna plena d’abril / Luna llena de abril

abril

La lluna plena d’abril no és santa ni pecadora, és precursora del sol de primavera, del cel límpid, dels colors amb aroma, de l’amor que brolla a les fonts de la vida, amb llum i ombres. Així és la seva bellesa, el seu influx, i aquí rau el seu misteri.

La luna llena de abril no es santa ni pecadora. Es precursora del sol de primavera, del cielo límpido, de los colores con aroma, del amor que mana en las fuentes de la vida, con luz y sombras. Así es su belleza, su influjo y ahí radica su misterio.

Llum aclaparadora / Luz demoledora

luz demoledora

És el dia de llum aclaparadora la continuïtat del far que acluca l’ull. Indefens davant la claror que desdora la passió, s’apaga el fanal de la nit, trasbalsat pels deliris de la vida enraonadora. Tímidament, tornarà a fer pampallugues de desig en el cor dels amants impossibles quan el teló de vellut fosc arrauleixi les seves criatures.

Es el día de luz demoledora la continuidad del faro que nos guiña un ojo. Indefensos ante la claridad que desdora la pasión, se apagan los focos de la noche, trastornados por los delirios de la vida locuaz. Tímidamente, volverá su intermitencia de deseo en el corazón de los amantes imposibles cuando el telón de terciopelo oscuro cobije a sus criaturas.

Dona xiprer

Amb aquest contrallum et veig rastrejant cap al sud,
projecte d’ombra esllavissada, dona de paper.
Sé que els teus ulls inerts són dues línies esquinçades
d’acer i ràbia, forjats pel teu amo i senyor.
No hi ha ningú que llegeixi dins les tortes rengleres,
on s’obliden els somnis, on el teu cos és tambor.
Només el xiprer esgrimeix la seva copa esmolada
contra la tarda, que pregona rumor i fullaraca.
Quan es faci de nit, potser, entre les branques i el vent
se’t revelarà el secret que avui t’ha empès cap al sud.

El resuello

Ando buscando por ahí
la sombra alargada
de un padre amoroso,
sin caer, y no es baladí,
que esos ojos como espadas
son mi sino sin retorno.

Huérfana, con el dolor
de mi niñez te busco,
con la vista opaca del ciprés,
con el lento caminar del miedo,
con la errada costumbre
que destila su cruel veneno.

Sé y entiendo
que tu mano amada
jamás recogerá mis dedos,
que ese beso de ángel que sueño
no será para mí,
sino sólo un resuello en mi cuerpo.

Y por fin el anhelo que sentí
descorchará, sereno,
mis párpados de acero.
Burbujeará sobre mi pecho
arrasando en silencio
lo que sin ti no siento.

Habrá un momento de llanto,
el frío de la clausura
y una ventolera de espanto.
Me quedo con la bruma,
en lontananza mi bandera,
en este compás de espera.

El páramo

“Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.”
Juan Rulfo, Pedro Páramo

Llueve sin patente sobre el páramo,
pero sin Pedro que aliente mi prosa
no hay color ni esfera hermosa
que torne mágico
el realismo demacrado de mis noches sin ti.

En tu aliento bebí el elixir
de la vida titubeante, con anhelo
de más lunas radiantes, de más luceros.

Y te perdí, así,
sin apenas percatarme,
sudando el dolor de mis ojos
que a la pura fuerza te atisbaban lejano…

Y ya no fui feliz.
A sabiendas tuve que dejarte ir
para que arredraras la tristeza
de otro monte, de otro llano.

En el eco de tu marcha
mil espadas blandieron un mar de canciones,
una azada tembló al herir los surcos
del campo que latía con ansia.

Oí el grillo al anochecer
y la avutarda en su nido
y grité a la aventura tu nombre, Pedro,
pero sólo vi a lo lejos el páramo.

Sólo me consoló ver su desolada
y gélida vastedad de amiga
que se asusta en las noches sin luna,
como yo ante mi penumbra.

El gigante

Sobre un altozano
te vi
a ti,
enérgico, enigmático.

Avanzaste lento,
seguro en tu espacio,
ignorando
el ignoto sueño
que reptaba en mi ánimo
para luego
mirarme ajeno,
feliz.

Te sentí,
avancé un paso
con manos llenas
y dibujé un sí.

Ahora tu acento
es mi eco humano
con raíz,
el del amor marcado
a fuego y hierro,
resabiado
por días y años,
por daños espías
lacerantes
como cuencas vacías.

Se destila la duda
del ansia en barbecho
mientras la oscuridad de mis ojos
te otea a lo lejos,
enredado en mi sueño,
como liliputienses
empeñados
en maniatar a un gigante
de carne y hueso.