Con este contraluz te miro sin verte, mujer,
proyecto de sombra alargada mirando hacia el sur.
Tus ojos inertes son una línea rasgada
salpicada de moretones de color azul,
en los que nadie lee tus renglones torcidos,
donde se olvidan los sueños, donde te pierdes tú.
Ciprés que hermosea el camposanto del alma que amas,
advierte que ese amor es el tétrico paspartú
que enmarca las telarañas pendientes de tus ramas.
Sécate en mí esas lágrimas y mira a su trasluz.
Guardians de paraules
Digues si la teva absència, fill meu,
està barallada amb la meva ànima,
perquè de la teva boca no surt
un ruixat de paraules,
les mateixes que la meva oïda reclama.
Jo et bressolo com abans,
nadó, infant, jove
escorcollant la vida
mentre et mantens reclòs
en una nit que no davalla.
Em capbusso sovint dins la banyera de casa
per entendre com pots aïllar-te
fins al punt de ser un Nautilus inabastable.
Per entendre’t, per estimar-te
encara més, fill de l’ànima.
I jo t’estimo tant!
I et busco amb les mans,
amb l’esguard i el zel d’un guardià,
el guardià del teu somni sonàmbul
que et vetlla escampant les paraules
que tu no em dius
i que em brollen de l’ànima.
Autisme
Hi ha moments d’angoixa,
de portes tancades
amb l’esvalot d’una revolada.
Flors que es marceixen a les mans,
una llàgrima que no vessa la sal,
perquè no gosa,
perquè no en sap.
No hi ha una sola engruna
del meu cervell que sobrevisqui
a aquesta posta de sol, amor meu.
Per això he tancat persianes,
porticons i cortines,
el finestral de la mirada
perquè només siguem tu i jo,
pardal innocent de la meva vida.
No sortirem: no cal.
No xerrarem: és fugaç.
Ens buscarem en la taquigrafia
dels gestos al teu abast,
en l’endevinalla hermètica
que et clou els llavis amb un llaç.
Tu i jo sols,
sense un món que és soroll,
inútil, fred,
que t’atabala
i se’t glaça a les mans.
Així trobarem el vellut translúcid
de les nostres mirades,
el silenci entenedor d’una abraçada
que apaivigui les pors
que ens atenallen:
la teva angúnia,
que és la meva;
la teva ànsia,
que és la de tots dos
Libación
Solo la tela de la mosquitera se interponía ante mi mirada. Una boca te succionaba, como en un ritual de libación. Sentí la turbulencia de tus pezones erectos pero no pude seguir profanando tu secreto a través de la puerta entreabierta y me marché. Los jadeos que arqueaban vuestras pelvis me acompañaron por el pasillo en silencio, amartillándome. Ahora la noche ha vencido mis sombras y solo me trae los gemidos del grillo. Duermes tranquila, lejana, tan ajena a mi deseo.
El kayak
Remaron con todas sus fuerzas para asistir a aquel bote solitario. Habían visto desde cierta distancia que el kayak daba unos bandazos extraños y temieron que zozobrara. Al acercarse, unos lamentos desgarrados penetraron en sus oídos. En el silencio que se impuso todos pensaron lo peor. Se sorprendieron al ver que el joven ocupante, con la postura del misionero, alcanzaba en ese momento el orgasmo y que, bajo su peso, la muñeca hinchable se desinflaba.
La hoja de parra
-Acércate más. ¿Quién te ha dicho que no hables con desconocidos? Soy tu amigo. ¿Quieres que te dé una piruleta? No la he chupado.
-Vámonos, que llegamos tarde –gritó una madre desde un banco del parque.
-Adiós –dijo la niña, girando sobre sus talones y echando a correr.
Entonces, una hoja de parra movida por el viento improvisó un taparrabos sobre sus genitales. Decidió abrocharse la gabardina y buscar por otro sitio.
Delicias
Aquel sabor era delicioso, diferente a cualquier cosa que hubiera probado antes. Tenía un aroma profundo que parecía brotar del fondo del mar y una contundencia en boca que pedía rastrear en las profundidades de su garganta.
Cuando él exhaló su estertor de placer, ella deglutió toda su sustancia con glotonería. Después levantó la cabeza y dijo: “Ahora me toca a mí, cariño”. Y, desnuda como estaba, se estiró sobre el lecho.
Tatuaje
En el brazo derecho: “Amor de madre.” En el omóplato izquierdo: “Libertad o muerte.” En la pantorrilla derecha: un águila con las alas extendidas. En la muñeca izquierda: “Claudia”; en la derecha: “Max”. En la espalda: una carabela gigante. En el pecho: una bandera al viento. En el cuello: orquídeas entrelazadas. En el vientre: una calavera.
-Me he convertido al Taoísmo Trascendente de los Circuncidados en Nombre del Cristo Apócrifo.
-¡Ah! –exclamó el especialista .
-Y prohíben la mácula en la piel. Con un tatuaje integral, color negro, mi piel será uniforme, inmaculada –adujo el hombre con grave satisfacción.
África
Fue un batir de alas relampagueante, como el amanecer en el desierto, un desfallecer entre dunas. Sus gritos acunaban el temblor de su cuerpo, de sus piernas abiertas. Se nubló su visión mientras calientes ríos descendían de su sexo mutilado. Su madre y las otras mujeres del poblado habían cumplido su misión. La habían purificado. Atrás quedó la inocencia de la niñez. La niña oscura de África empieza muy pronto a pagar su tributo de mujer.
Vigilia
En el mes de enero caminar por la calle es ir arrebujado con quilos de ropa, el gorro calado hasta casi tocar las pestañas y un paso apresurado que combata la tiranía del termómetro. Pese a mi limitada visión-inconvenientes de mi indumentaria-, le reconocí en cuanto le vi, así como por accidente. Ahora que hago la retrospectiva me doy cuenta de que antes de yo advertirlo siquiera, ya me había lanzado su dardo. Un dardo certero que penetró hasta el fondo de mis ojos. Luego solo sentí su paso fugaz. Un desliz que pesó en mis párpados cargados de niebla. Seguir leyendo Vigilia